La conferencia de prensa conjunta de Lorenia Valles Sampedro, Froylan Gámez Gamboa, Célida López Cárdenas, Javier Lamarque Cano, Omar del Valle Colosio y María Dolores del Río tuvo un objetivo evidente: proyectar una imagen de unidad durante el proceso para definir la Coordinación Estatal de la Cuarta Transformación en Sonora.
Los seis aspirantes reconocieron que el proceso interno será largo y que, aunque la convocatoria establece que la definición podría darse hasta diciembre, existe la posibilidad de que se adelante a agosto o septiembre.
No obstante, el aspecto más llamativo fue que prácticamente no hubo referencias a la propuesta de gobierno que Morena ofrecerá a los sonorenses en 2027. La conversación pública se concentró en el procedimiento para elegir al candidato, no en el proyecto político que buscará convencer al electorado.
El escenario electoral tampoco es tan favorable como hace algunos años. Morena continúa siendo la principal fuerza política del país, pero enfrenta condiciones distintas a las de 2018 o 2024. El desgaste natural del ejercicio del poder, la inseguridad, las presiones económicas y una sociedad cada vez más exigente configuran un entorno de mayor competencia.
A ello se suma la magnitud de la elección de 2027. Estarán en disputa 17 gubernaturas, los 300 distritos electorales federales, además de cientos de presidencias municipales, diputaciones locales y regidurías. En un proceso de esa dimensión es natural que aumenten las aspiraciones personales y la competencia interna por las candidaturas.
Ese fenómeno también comienza a observarse dentro de Morena. Cada vez son más los liderazgos regionales que buscan espacios de representación, convencidos de que el partido mantiene una posición dominante. Sin embargo, cuando las expectativas individuales crecen más rápido que la capacidad de conducción política, aparecen tensiones que pueden afectar la cohesión interna.
La decisión tiene ventajas democráticas, pero también implica costos políticos. Una competencia prolongada puede generar desgaste entre los propios aspirantes y producir una sobreexposición mediática que termine reduciendo el interés ciudadano.
En comunicación política existe un principio conocido: la atención pública es un recurso limitado. Cuando una figura permanece demasiado tiempo en campaña, el impacto de su presencia disminuye y la narrativa pierde fuerza.
Existe además otro elemento estratégico que merece atención. Mientras Morena dedica buena parte de su tiempo y energía a resolver su proceso interno, sus adversarios pueden concentrarse en fortalecer estructuras territoriales, construir alianzas sociales y posicionar una narrativa distinta sobre el futuro de Sonora.
La oposición parece haber comprendido esa oportunidad. Mientras Morena organiza su competencia interna, diversos actores políticos trabajan en la construcción de una alternativa electoral hegemónica . Figuras como el exitoso Alcalde de Hermosillo , Antonio Astiazarán, el senador Manlio Fabio Beltrones, los ex gobernadores , Armando López Nogales, Eduardo Bours, Guillermo Padrés, Claudia Pavlovich, así como los ameritados políticos , Ernesto “El Borrego” Gándara, Bulmaro Pacheco, Víctor Hugo Celaya y Flor Ayala representan distintos capitales políticos que podrían influir, en mayor o menor medida, en la conformación de un bloque opositor competitivo.
La elección de 2027 no dependerá únicamente del candidato que postule Morena, sino de la capacidad de cada fuerza política para construir una narrativa creíble, conectar con las demandas ciudadanas y generar confianza en amplios sectores sociales.
En ese sentido, la conferencia de prensa cumplió su propósito inmediato de mostrar cohesión entre los seis aspirantes. Sin embargo, también dejó una interrogante de fondo: ¿cuándo comenzará Morena a discutir públicamente el proyecto de gobierno que ofrecerá a Sonora? .








