Sólo por intereses, $2 billones
Preparaos, mexicanos pagadores, que para ustedes no hay noticias alentadoras: si suponían que en 2070 terminarían de pagar el voluminoso cuan ilegal “rescate” bancario de 1995 (cortesía de Ernesto Zedillo, o lo que es lo mismo, el “salvamento” con recursos públicos de los propietarios de las instituciones reprivatizadas por Carlos Salinas de Gortari y quebradas en tan sólo dos años), pues están equivocados, porque la “alcancía rescatista”, impuesta y heredada por el prian 31 años atrás simple y sencillamente es un barril sin fondo.
En esos 31 años, mexicanos cumplidores, han pagado alrededor de 2 billones de pesos sólo por intereses del “rescate”, y aun así a estas alturas todavía deben un billón 165 mil 351 millones de pesos (al cierre de julio pasado, de acuerdo con la información de la Secretaría de Hacienda), mientras, muy quitados de la pena, los banqueros “salvados” por Zedillo se lavaron las manos, dejaron un tiradero y alegremente vendieron las instituciones (sin pagar un peso de impuestos), las extranjerizaron, siguieron su camino, continuaron sus abundantes negocios con el gobierno en turno y acumularon aún más riqueza. Negocio redondo, aunque es obvio que no para los habitantes de esta República expoliada.
Ayer lo dijo la presidenta Claudia Sheinbaum: “El gobierno de Zedillo decide rescatar a los bancos y a las grandes empresas, con mucha corrupción. ¿Con qué los rescataron? Con el recurso público, con el dinero de la gente. Es el llamado Fobaproa, hoy IPAB, que seguimos pagando desde entonces, una deuda impagable porque nunca se va a acabar de pagar. Muchos de ustedes recordarán, porque aquí en Zacatecas hubo movimientos en aquella época, de gente que había comprado un tractor y de pronto la deuda se le fue a cinco, seis, 10 veces, porque habían crecido las tasas de interés y no podían pagar el tractor, y se quedaron endeudados y querían quitarles lo que habían dejado empeñado para comprar el tractor, su casa, por ejemplo. ¿Se rescató a toda esa gente? ¡No! Se rescató a los de arriba, pero nunca se apoyó a los de abajo”.
Allá por enero de 1995, ya con las instituciones exprimidas y reventadas por los nuevos propietarios de la banca (cortesía de Salinas de Gortari), el entonces director del Banco de México, Miguel Mancera Aguayo, dijo que “sólo en caso de necesitarse” el gobierno aportaría “50 millones de dólares” (algo así como 8 mil 500 millones de pesos al tipo de cambio de esa fecha) para reflotarlos, aunque esa cantidad fue una de tantas mentiras del zedillato. Poco más adelante, el propio Zedillo reconocía que “se han comprometido recursos fiscales estimados en más de 180 mil millones de pesos, que se irán erogando a lo largo de varios años”.
Pero la “alcancía rescatista” no tenía llenadera. Así, en diciembre de 1998, el mero día de la Guadalupana, el Congreso aprobó la creación del Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB), el nuevo disfraz del Fobaproa. Y con el apoyo del PAN, entonces regenteado por Felipe Calderón, la “encomienda” de Zedillo salió a flote.
En esa fecha, el saldo del “rescate” había crecido a cerca de 552 mil millones de pesos, mismos que los prianistas endilgaron al pueblo de México. Y como se anota líneas arriba, después de pagar alrededor de 2 billones de pesos sólo por intereses, el saldo de la nueva máscara del Fobaproa es de un billón 165 mil 351 millones de pesos.
Y colorín colorado, el expolio no ha terminado, “porque nunca se va a acabar de pagar el Fobaproa”.
Las rebanadas del pastel
Adorador de Margaret Thatcher y del genocida Pinochet, negador contumaz de la soberanía argentina de las Islas Malvinas, en plena crisis económica y social, y ante el desmoronamiento de su “gobierno” y la inexorable pérdida de su relección, Javier Milei aplica la “técnica” Leopoldo Galtieri-dictadura militar de 1982: en la retórica, de la noche a la mañana da un giro de 180 grados cuando a lo largo de sus casi tres años de “gobierno” mandó el tema al carajo y privilegió los intereses británicos. Defendía que “los malvinenses decidan con quién se quedan, porque el voto más importante es el que se hace con los pies y anhelamos que ellos decidan algún día votarnos con los pies a nosotros, que prefieran ser argentinos sin siquiera usar la disuasión o el convencimiento para lograrlo; hubo una guerra y nos tocó perder”. Ahora afirma que aquellos no son más que “una población implantada en un territorio usurpado que no tiene un derecho legítimo a la autodeterminación”. Así, el “nuevo” discurso de este cavernícola no es más que humo con desesperado objetivo electoral.
X: @cafevega




