Su obra ‘Vecinos Distantes’, de 1984, un análisis de la sociedad mexicana, ha mantenido su vigencia durante más de cuarenta años
Macarena Vidal
Alan Riding, histórico corresponsal del periódico The New York Times en América Latina, entre otros lugares del mundo, ha fallecido este sábado en París a los 82 años de un cáncer, según ha informado el diario.
Nacido en Brasil de padres británicos en 1943 —tenía doble nacionalidad británica y brasileña—, Riding estudió Derecho en el Reino Unido antes de optar por el periodismo. Dedicó la mayor parte de su carrera profesional a la cobertura de América Latina, desde México a América del Sur, primero como reportero de la agencia Reuters y después como colaborador para varios medios, antes de ser nombrado corresponsal en México para el Times.
En 1984 publicó su libro Distant Neighbors: A Portrait of the Mexicans (Vecinos Distantes: Un Retrato de los Mexicanos), un clásico en los estudios sobre el país norteamericano que analiza la sociedad del país, la historia de la relación con Estados Unidos, la economía y la política mexicana a lo largo de varias generaciones.
Muchas de sus observaciones han mantenido su actualidad. “El control de los estratos superiores del gobierno ha pasado de las manos de políticos expertos que estaban en contacto con las bases de la sociedad, a las de tecnócratas más conocedores del funcionamiento de la economía mundial que de los intríngulis políticos de México”, apunta Riding sobre las elites políticas mexicanas en su libro.
El volumen, traducido al castellano y de gran éxito en México, ha contado con varias reediciones. En 2025 se publicó la más reciente, actualizada y con un nuevo epílogo: nunca dejó de prestar atención al país que lanzó su carrera profesional.
En 2024, durante una intervención en la FIL Guadalajara, declaraba que México tenía dos grandes problemas que le han hecho difícil el camino hacia la construcción y la consolidación de su democracia: el narcotráfico y el avance hacia la militarización del país. “Mi preocupación es que, a más de 20 años de haber logrado la democracia electoral, hay peligro de una democracia militarizada de un solo partido”, indicaba durante su intervención en un panel.
De México pasó a Río de Janeiro. En 1985 colaboró con el fotógrafo Sebastiao Salgado en el libro Other Americas, un relato de los viajes del laureado artista de Brasil a México a través de sus imágenes.
Durante su etapa en América Latina, en los tormentosos años ochenta, Riding fue testigo de primera mano de las guerras civiles en El Salvador y Guatemala, la revolución sandinista en Nicaragua, la Colombia dominada por los carteles de la droga y las acciones de la guerrilla maoísta Sendero Luminoso en Perú.
De América Latina pasó a Europa y tras una etapa en Roma acabó asentado en París como corresponsal en Francia, un puesto que ocupó entre 1989 y 1995. En esa etapa cubrió una Europa en transformación tras la caída del Muro de Berlín, la desintegración de la Unión Soviética, la expansión de la Unión Europea y el final de la Guerra Fría. Continuaría residiendo en París después, como corresponsal cultural del periódico neoyorquino para el Viejo Continente.
En ese papel, Riding recorrió no solo Europa, sino muchos otros lugares del mundo. Viajó a Bagdad para evaluar el saqueo del Museo Nacional de Irak tras la invasión estadounidense de 2003, y a Senegal para ofrecer talleres de escritura para niños en áreas rurales.
Dejó el Times en 2007, aunque no zanjó su relación con el medio y mantuvo colaboraciones esporádicas con él. Tres años más tarde publicó And The Show Went On: Cultural Life in Nazi-Occupied Paris (“Y el espectáculo continuó: Vida Cultural en el París ocupado por los nazis”), sobre la cultura francesa durante la Segunda Guerra Mundial.
“Como lo estuvo en América Latina, en ese libro estuvo atraído por la cuestión de cómo responden los escritores, artistas e intelectuales a la dictadura. Las respuestas que encontró alimentaron las ambigüedades, a menudo dolorosas, de la Segunda Guerra Mundial bajo la ocupación alemana, cuando la preferencia nacional francesa de presentar su territorio como un bastión de la resistencia antinazi chocó de modo incómodo con pruebas de colaboración”, apunta el obituario que publica el Times.
A Riding le sobreviven su esposa, Marlise Simons, también periodista del New York Times, y el hijo de ambos, Alexander.






