Alberto Aceves / LA JORNADA
El apellido de Joel Huiqui no es un error de registro. Representa una palabra yoreme que proviene de los indios mayos de Navojoa, en el sur de Sonora, la tierra de sus bisabuelos. En esa lengua originaria de los pueblos del noroeste, Huiqui se traduce como “águila” o, simplemente, “pájaro”. Es un nombre que carga el peso de una comunidad que se define históricamente como “el pueblo que respeta la tradición”. Un linaje de resistencia silenciosa que su abuelo trasladó a Sinaloa, asentándose en Ohuira, un ejido de apenas dos mil habitantes. Allí creció el técnico campeón de Cruz Azul, el más chico de ocho hermanos –siete varones y una sola mujer– y el primero en la historia de la Liga Mx en coronarse con sólo siete partidos dirigidos.
La infancia de Huiqui no tuvo lujos, pero la inteligencia, el liderazgo y un apellido milenario se convirtieron en su marca de identidad. “Ha estado en distintos momentos con nosotros, buenos y malos. Es un reflejo de lo que es hoy Cruz Azul: la constancia, el sacrificio, el seguir insistiendo para lograr un objetivo”, señala el defensor central Gonzalo Piovi, uno de los referentes del plantel que conquistó la final ante Pumas en el estadio Olímpico Universitario. Su padre era chofer y dueño de camiones de ruta, un experto en el oficio de lavar carrocerías, cambiar llantas y limpiar grasa de los motores, secretos que el ex futbolista descubrió desde pequeño.
“Joel es de casa. Nació en Cruz Azul, se hizo en este club y va a seguir al frente del primer equipo”, adelanta el presidente de La Máquina, Víctor Velázquez. “Cuando platiqué con él, se lo dije: ‘sales campeón y te quedas como técnico’. En la cooperativa tenemos varias empresas en las que debemos tomar decisiones. El equipo es muy importante para la institución y acordar que él se quede es algo que veníamos planeando con el propio Iván Alonso (director deportivo del club)”.
El anuncio del nuevo contrato del sinaloense se hará oficial en las próximas horas. Aunque el futbol actual es propenso a los reflectores estridentes, Huiqui mira con cierta modestia a los medios de comunicación. Frente al micrófono parece el mismo jugador que debutó en las canchas de primera división –alto, robusto, de piel cobriza y coleta de caballo–, como si el éxito no le hubiera alterado las pulsaciones. En un circuito que suele buscar la solución a sus problemas en manuales europeos o costosos proyectos extranjeros, él ofreció en La Noria una respuesta distinta, humana y eficaz.
“Cuando llegué con los jugadores, sentí la necesidad de dar el apoyo de un amigo. Mi tarea era acercarme a ellos”, agrega el también ex seleccionado nacional, convertido en el primer mexicano en ganar la Liga desde 2020, cuando se coronó Ignacio Ambriz (León). En el Clausura 2026, hubo un total de 15 entrenadores extranjeros y sólo tres locales (Ignacio Ambriz, Cristian Ramírez y Efraín Juárez, el único que permaneció en el cargo). “Mi sueño está cumplido. Me dijo el presidente que le gustaría que me quedara y yo estoy encantado de poder hacerlo. Sólo resta que se haga oficial”.
Su pasión por el futbol
Durante su juventud, Huiqui jugaba al beisbol. Era primera base, pero ningún otro deporte despertó tanto su pasión como el futbol. Como jugador profesional, ganó campeonatos de Liga y Copa con Pachuca y Monarcas Morelia, y recibió convocatorias a la selección nacional.
Sin embargo, a pesar de haber hecho las fuerzas básicas en Cruz Azul, nunca pudo entregar un título a la institución. Perdió cinco finales –tres de Liga y dos de Concacaf–, una cuenta pendiente que saldó desde el banquillo al alcanzar la décima estrella.
En la historia de La Máquina celeste, ninguno de los técnicos que fueron campeones (Ignacio Trelles, Raúl Cárdenas, Luis Fernando Tena y Juan Reynoso) nació de las entrañas del club.
“Siempre aportó su granito de arena. Es una gran persona, fue un gran jugador. Desde el día que llegó ha tenido todo nuestro apoyo”, resume el volante argentino Rodolfo Rotondi, figura de la final en el estadio Olímpico al marcar el gol del triunfo.
Durante su infancia en Los Mochis, Joel Huiqui tuvo lo que él llama “lo básico”: una casa con cocina de madera y techo de lámina, arroz, frijoles y el ruido de los motores.
Hoy, a pesar del elogio desmedido que desborda el entorno luego del campeonato conseguido el domingo, prefiere que el éxito recaiga en sus futbolistas.
“Son ellos lo más importante del club”, repite a sus 43 años, enfocado en establecer valores en el camino. La defensa por el equipo, el respeto a la tradición. Aquel legado familiar del pueblo mayo.
ENLACE: La Jornada – Joel Huiqui: un linaje de resistencia de los indios mayos de Sonora









