El gigante farmacéutico ha construido una fortaleza de patentes, ha operado con opacidad y ha cabildeado incansablemente para proteger a su principal fuente de ingresos: Keytruda
Sydney P. Freedberg y Brenda Medina / El Sol de México
Apenas unos días antes de Navidad de 2025, los líderes de nueve farmacéuticas se agruparon en la Sala Roosevelt de la Casa Blanca, donde alguna vez colgó el Premio Nobel de la Paz de 1906 de Theodore Roosevelt. Los fotógrafos se arremolinaron para tomar imágenes mientras los ejecutivos, tres mujeres y seis hombres, permanecían incómodos, moviendo los pies y tamborileando con los dedos mientras esperaban al presidente Donald Trump. Todos los directivos farmacéuticos habían cerrado acuerdos para reducir los precios de algunos de sus medicamentos insignia.
Pasaron casi 15 minutos antes de que Trump entrara al salón, acompañado por el secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., y varios altos funcionarios. El Presidente miró a los ejecutivos.
“Vaya, qué grupo de personas”, dijo Trump. “Ganan mucho dinero”.
En conjunto, su compensación anual superaba los 100 millones de dólares. Pero solo uno —el abogado corporativo de gafas— estaba al frente de un coloso farmacéutico de 65 mil millones de dólares con un medicamento que salva vidas pero resulta inalcanzable para gran parte del mundo: Robert M. Davis, director general y presidente de Merck & Co., fabricante del superventas contra el cáncer pembrolizumab. Nombre comercial: Keytruda.
Trump prometió que los precios de los medicamentos se desplomarían “rápida y agresivamente” gracias a los nuevos acuerdos. Antes de que terminara la ceremonia, cada ejecutivo pasó al atril para decir unas palabras. Cuando le tocó el turno a Davis, declaró su respaldo “al 100 por ciento” a las acciones del presidente.
“Reflexiono sobre su objetivo de impulsar la asequibilidad y el acceso para los estadounidenses, pero igualmente de subir los precios fuera de Estados Unidos”, dijo Davis.
Prometió que Merck bajaría los precios de un medicamento para la diabetes y de una pastilla cardiovascular, pero no dijo nada sobre reducir el costo de Keytruda, que representó 31 mil 700 millones de dólares en ventas en 2025 y casi la mitad de los ingresos de Merck. En realidad, el gigante farmacéutico con sede en Nueva Jersey haría la vida más difícil para tantos pacientes con cáncer en todo el mundo.Keytruda se consolidó como el principal motor de ingresos de Merck en 2025, sin que se anunciara ninguna reducción en su costo pese a los compromisos públicos sobre accesibilidad
Una investigación del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación revela cómo una de las farmacéuticas más grandes del mundo desplegó una serie de tácticas tanto para inflar el volumen de prescripciones como para mantener alto el precio mediante cabildeo y buscando retrasar la llegada de versiones más baratas del medicamento a cientos de miles de pacientes con cáncer en los próximos años. Esto ocurre mientras gobiernos de todo el mundo destinan montos crecientes a Keytruda, con precios elevados que presionan los presupuestos públicos, incluso en países ricos. Los precios de lista van de alrededor de 80 mil dólares al año en Alemania a 208 mil en Estados Unidos, de 93 mil en Líbano a alrededor de 130 mil en Colombia, de 65 mil en Sudáfrica a 116 mil en Croacia.
El cáncer es una amenaza creciente para la salud pública, responsable de casi una de cada seis muertes en el mundo. Las proyecciones muestran un aumento de los casos de cáncer, sobre todo en países de menores ingresos donde Keytruda sigue siendo en gran medida inaccesible. Se prevé que la cifra de muertes aumente 75 por ciento hasta llegar a 18.6 millones en 2050, con el costo de algunas terapias nuevas ya por encima de un millón de dólares por paciente.
Vivir con un diagnóstico de cáncer o más allá de él implica costos profundos: físicos, emocionales y financieros. Algunos pacientes están tan desesperados por obtener Keytruda que recurren al mercado negro para conseguir el medicamento por menos dinero, aunque no saben si se trata del fármaco o de una versión falsificada. Otros pacientes que buscan Keytruda enfrentan obstáculos burocráticos desgarradores y terminan demandando a sus gobiernos para acceder al medicamento; no todos sobreviven lo suficiente para conocer el fallo del tribunal.
Los reportajes de los socios de ICIJ en seis continentes dibujan un panorama de desigualdad profunda y peligrosa:
En India, las familias que buscan Keytruda dependen de una red de protección desgastada: escasa cobertura de seguros, el programa de asistencia a pacientes de Merck y recursos de su propio bolsillo. En Brasil, el séptimo país más poblado del mundo, la mayoría de los pacientes con cáncer no puede pagar Keytruda y miles recurren a los tribunales para obtenerlo. En Sudáfrica, donde la gran mayoría de los ciudadanos no puede costear atención médica privada y el ingreso mensual típico de un hogar es menor a 500 dólares, una sola dosis de Keytruda cuesta aproximadamente 10 veces más: 4 mil 904 dólares.
En Reino Unido, la investigación muestra que Keytruda encabeza la lista de medicamentos por los que el financieramente presionado Servicio Nacional de Salud paga de más. Para algunos pacientes con cáncer de pulmón, el NHS ha estado pagando cinco veces más de lo que debería por Keytruda, según datos de costo-efectividad de la Universidad de York compartidos con The Bureau of Investigative Journalism, socio de ICIJ en Reino Unido. Y en Guatemala, un médico con acceso limitado tuvo que elegir a dos entre muchos de sus pacientes para recibir el fármaco. “¿Qué me queda hacer? ¿Jugar a ser Dios?”, dijo Julio Ramírez, jefe de la unidad de oncología del hospital público regional en Quetzaltenango, la segunda ciudad más grande de Guatemala. “Al primer paciente que llegue, a ese le voy a dar el tratamiento porque es todo lo que puedo hacer”.
The Cancer Calculus, una investigación de un año de ICIJ y 48 medios socios en 37 países, se basa en cientos de entrevistas con oncólogos, pacientes con cáncer y sus familias, expertos en patentes, reguladores, personas de la industria farmacéutica y otros, así como en datos exclusivos de precios y análisis de patentes, y miles de páginas de presentaciones corporativas, documentos de juntas de patentes, demandas y registros corporativos y regulatorios. Los socios de ICIJ también obtuvieron registros de salud pública, minutas de reuniones, datos de precios y reembolsos, y otros documentos a través de al menos 1,020 solicitudes de acceso a la información en 28 países.
La investigación explora cómo Merck, conocida como MSD fuera de Estados Unidos y Canadá, empleó tácticas agresivas pero legales para aumentar sus ingresos por Keytruda y convertir al medicamento en uno de los más vendidos de la historia, a costa de algunos pacientes.
Entre los hallazgos del proyecto, reportamos:
- Merck y otras entidades farmacéuticas y médicas explotaron el sistema de patentes para construir una fortaleza alrededor de Keytruda de al menos 1,212 solicitudes de patente en 53 países, regiones y territorios. Esta corriente de patentes de seguimiento podría ayudar a Merck a sofocar la competencia y mantener precios altos —y miles de millones de dólares en ingresos— durante 14 años después de que sus patentes originales expiren en 2028
- Algunos destacados investigadores en cáncer sostienen que Merck ha promovido una dosis de Keytruda más alta de la necesaria. Y esa dosis podría costarle al mundo un estimado de 5 mil millones de dólares solo para pacientes con cáncer de pulmón hacia 2040, según investigadores de la Organización Mundial de la Salud
- El gigante farmacéutico se ha aprovechado de atajos regulatorios de la industria, ha ayudado a orquestar una costosa campaña global de cabildeo y ha operado con una grave falta de transparencia en la fijación de precios. Ha distribuido decenas de millones de dólares en Estados Unidos en honorarios de consultoría, gastos de viaje y otros pagos relacionados con Keytruda a médicos y profesionales de la salud
Todas estas estrategias producen ingresos para Merck, con alrededor de 60 por ciento de sus ventas de Keytruda en Estados Unidos.
Un análisis de ICIJ muestra que Merck ha generado alrededor de 163 mil millones de dólares en ventas de Keytruda desde 2014, llegando a más de tres millones de personas. La empresa canalizó casi 75 mil millones de dólares en dividendos a los accionistas y 43 mil millones en recompras de acciones, al tiempo que redujo sus impuestos en Estados Unidos registrando utilidades en jurisdicciones de menor carga fiscal. En su informe anual de 2025, Merck reveló que pagó alrededor de mil 600 millones de dólares en impuesto sobre la renta en Estados Unidos, frente a 4 mil 500 millones en otros países, incluidos 2 mil 100 millones en Suiza.
Davis se negó a comentar, pero la vicepresidenta senior de Merck, Johanna Herrmann, defendió las prácticas de fijación de precios de la empresa al afirmar que el precio de Keytruda “refleja su valor para los pacientes y los sistemas de salud”.
“Tenemos una larga trayectoria de fijar responsablemente el precio de nuestros medicamentos para reflejar su valor para los pacientes, los pagadores y la sociedad”, dijo en una carta a ICIJ.

Herrmann reconoció en una carta separada que Merck enfrenta “crecientes presiones políticas y de negocio” por el acceso y los precios en mercados emergentes. Pero dijo que la compañía trabaja para asegurar que la atención médica sea “asequible, eficiente, equitativa y sostenible a escala global”.
En nuestro trabajo encontramos que la conducta de Merck era típica de la industria farmacéutica y que la empresa no era una excepción en términos de sus prácticas generales de negocio. Pero el extraordinario crecimiento de Keytruda y el interés que despierta podrían estar empujando aún más lo que resulta aceptable bajo los estándares de la industria.
Peter Maybarduk, director del grupo de acceso a medicamentos de Public Citizen, una organización sin fines de lucro de defensa del consumidor con sede en Washington, dijo que la industria farmacéutica ha creado un sistema de reglas globales para proteger a los fabricantes de medicamentos y garantizar que los gobiernos ricos los protejan. “Hay toda una arquitectura que sostiene a Keytruda y a cada medicamento patentado, donde el gobierno de Estados Unidos y Europa salen en defensa de la industria y de sus reglas”, dijo.
Ese sistema está marcado por grandes preguntas sobre cómo las prácticas de Merck y de las demás grandes farmacéuticas afectan el futuro de nuestro bienestar colectivo. La forma en que eso se desarrolla suele ser la historia de poner las ganancias por encima de los pacientes. Para quienes tienen y no tienen en el mundo, también puede ser la historia de quién vive y quién muere.
Comienzos milagrosos
Merck ocupa ahora el lugar número 65 en la Fortune 500. / Foto: ICIJ
Rob Davis, de 59 años, creció en Franklin, Indiana, un pueblo agrícola a 20 millas al sur de Indianápolis, bajo la sombra de Eli Lilly, una de las farmacéuticas más grandes del mundo. Trabajó 14 años en Lilly mientras estudiaba sus títulos en negocios y derecho.
Cuando su padre, Morris, auditor, luchaba contra el cáncer, Davis acudió a una entrevista de trabajo con Ken Frazier, entonces director general de Merck. Al final de la reunión, Frazier lo dirigió hacia una imagen cerca de la puerta. Quería mostrarle una diapositiva de PowerPoint pegada en la pared, dijo Davis en una entrevista de 2024 en la facultad de derecho de Northwestern University. Mostraba distintos tipos de tumores y su respuesta a Keytruda.
“Por esto necesitas venir a Merck”, le dijo Frazier. “Porque vamos a hacer una diferencia real”.
Davis se incorporó a Merck como director financiero en la primavera de 2014, pocos meses antes de que su padre muriera de cáncer de pulmón a los 82 años. “Me pregunto qué habría pasado si ese medicamento hubiera estado disponible 10 años antes, cuando mi padre estaba enfrentando su batalla”, dijo en la entrevista.
Mientras Davis se acomodaba en el nuevo cargo, Merck se preparaba para lanzar Keytruda para tratar melanoma, la forma más letal de cáncer de piel. Precio estimado de etiqueta en Estados Unidos: alrededor de 12 mil 500 dólares al mes, o 150 mil al año.
Cuando apareció, revolucionó el tratamiento del cáncer. Dentro de una clase de inmunoterapias llamadas inhibidores de puntos de control inmunitario, Keytruda cambió el enfoque de atacar directamente los tumores a potenciar al sistema inmune para combatirlos. Ahora aprobado en Estados Unidos para tratar 19 tipos de cáncer, incluidos de piel, pulmón, mama y colon, se ha convertido en una opción vital para millones, transformando formas antes terminales de cáncer avanzado en enfermedades manejables y aumentando las tasas de supervivencia para otros cánceres difíciles de tratar, a veces por meses, a veces por años.
“Todos estos años después no he dejado de venir aquí para dar gracias, por mi vida, por estar viva”, dijo Carolina García Corsini a una reportera de ICIJ mientras estaba en un santuario católico en Madrid. Ex periodista y madre de tres hijos de la capital española, García tenía 37 años y cuatro meses de embarazo cuando le diagnosticaron melanoma metastásico en febrero de 2011. Los tumores se habían extendido a su seno izquierdo. Después de obtener un codiciado lugar en el primer ensayo clínico de Keytruda, comenzó a viajar a París cada pocas semanas para recibir tratamiento. Catorce años después, en remisión, dijo: “Estoy convencida de que es un milagro”.
Merck ocupa ahora el lugar número 65 en la Fortune 500, y su negocio de Keytruda tiene mayores ingresos que McDonald’s o toda la National Football League.
Hoy, como director general y presidente de Merck y cabeza del poderoso grupo de cabildeo comercial PhRMA, Davis promueve pilares centrales de la agenda de la industria: que la protección de patentes y los precios altos ayudan a las farmacéuticas a recuperar los miles de millones gastados en desarrollar nuevos medicamentos y hacerlos llegar con seguridad a los pacientes a gran escala. El proceso suele tomar una década o más, y una patente estadounidense, que generalmente dura 20 años desde la fecha de solicitud, permite a las empresas disfrutar de dominio en el mercado, cobrar precios más altos, recuperar costos de investigación y desarrollo y obtener ganancias para financiar investigaciones futuras. De 2011 a 2023, dijo Davis en un testimonio ante el Congreso en 2024, Merck invirtió 46 mil millones de dólares en investigar, desarrollar y fabricar Keytruda. Citó más de 2 mil 200 ensayos clínicos —realizados por Merck y otros investigadores— para estudiar Keytruda, y la empresa planea invertir otros 18 mil millones de dólares en estudios clínicos de Keytruda hasta la década de 2030.
Pero un nuevo análisis de Public Eye, una organización suiza que exige rendición de cuentas corporativa, estima los costos de investigación y desarrollo de Keytruda en mil 900 millones de dólares: uno por ciento de los ingresos globales del medicamento desde su lanzamiento en 2014. Sumando el costo de ensayos clínicos fallidos, la estimación asciende a 4 mil 800 millones, o 3 por ciento de los ingresos del medicamento. Patrick Durisch, especialista farmacéutico de Public Eye, dijo que basó sus cifras en una revisión de los ensayos clínicos de Keytruda y sus costos promedio, que representan la mayor parte del gasto en investigación y desarrollo.
Las cifras de Davis son “absolutamente imposibles de verificar”, dijo Durisch a ICIJ. “Merck podría lanzar cualquier cifra que quisiera —tan alta como fuera posible— para justificar la exorbitante etiqueta de precio”.
“La proporción de los costos de investigación y desarrollo en relación con el precio de un frasco es muy pequeña y hace mucho que fueron recuperados”, agregó. “El precio es, por lo tanto, excesivamente alto, no para cubrir los costos de investigación y desarrollo ni para cubrir riesgos, sino para obtener máximas ganancias”.
Nathan Cherny, oncólogo y director de medicina del dolor por cáncer y cuidados paliativos del Shaare Zedek Medical Center en Israel, dijo que una “tormenta perfecta” condujo al alto costo de Keytruda. Comenzó en 2003 cuando el Congreso de Estados Unidos aprobó una cláusula de “no interferencia” como parte de la ley de Medicare, obligando al gobierno a aceptar los precios de lista de los fabricantes para nuevos medicamentos sin ninguna negociación de precios. Aunque la cláusula impedía al gobierno federal negociar precios, sus defensores la presentaron como un refuerzo —no una suspensión— de las fuerzas del mercado al trasladar el poder de negociación a planes privados en lugar del gobierno.
“Fue una suspensión de las fuerzas del mercado”, dijo Cherny a ICIJ. Y su impacto se sintió en todo el mundo.
Un “Viejo Oeste” del desarrollo farmacéutico
La campaña de promoción de Keytruda estaba en su segundo año cuando un hecho extraordinario produjo una bonanza de relaciones públicas: en 2015, los médicos de Jimmy Carter usaron con éxito Keytruda para tratar el cáncer de piel letal del expresidente de Estados Unidos, que se había extendido al hígado y al cerebro cuando tenía 91 años. Los pacientes clamaban por “el medicamento del presidente”. Y Carter vivió hasta los 100.
Para el plan de negocio de Keytruda, Merck recurrió a estrategias sacadas directamente del manual farmacéutico que echó raíces en Estados Unidos y se expandió internacionalmente: utilizó investigación financiada por los contribuyentes, estrategias confidenciales de precios y atajos regulatorios, lo que permitió a Merck entrar antes al mercado y vender Keytruda a precios altos, incluso antes de que existiera evidencia clínica completa. ICIJ encontró que Keytruda recibió al menos 33 aprobaciones rápidas en Estados Unidos —más que cualquier otro medicamento— bajo programas regulatorios especiales diseñados para acelerar el desarrollo de nuevos fármacos para condiciones graves o potencialmente mortales. Pero esas aprobaciones son objeto de controversia por lo pronto que los medicamentos llegan al mercado, sus altos costos y, a veces, la debilidad de la evidencia clínica. Merck, por ejemplo, retiró dos tratamientos con Keytruda que habían obtenido aprobación acelerada de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, porque no lograron producir beneficios suficientes.
Nuestra investigación también muestra cómo Merck se aprovechó de la designación de medicamento huérfano, una categoría que da incentivos a las compañías para desarrollar fármacos para enfermedades raras. Merck obtuvo nueve designaciones huérfanas separadas para un solo medicamento, Keytruda.
Otra práctica de Merck que se expande globalmente: financiar grupos de pacientes que abogan por cobertura de seguros, presionan a gobiernos y respaldan aprobaciones regulatorias más rápidas, además de inyectar dinero en pagos a médicos y otros profesionales de la salud. Solo en Estados Unidos, muestran los registros, Merck gastó casi 52 millones de dólares en honorarios relacionados con Keytruda para profesionales de la salud de 2018 a 2024, con cinco médicos recibiendo más de un millón de dólares cada uno.
Merck ha dicho que este tipo de pagos ayuda a informar a la comunidad médica sobre Keytruda, lo que a su vez mejora la atención a los pacientes.
Pero un estudio realizado en Estados Unidos para el National Bureau of Economic Research encontró que la prescripción de medicamentos oncológicos administrados por el médico, como Keytruda, aumentó cuatro por ciento en los 12 meses posteriores a que un profesional de la salud recibió fondos de una farmacéutica. Esos pagos —que cubren comidas, viajes, investigación, consultoría y honorarios por conferencias— condujeron a un mayor gasto de los médicos en medicamentos contra el cáncer, pero sin mejoras en la supervivencia de los pacientes, concluyó el estudio.
Los pagos a grupos de pacientes no fueron menos notables. En Estados Unidos, Merck entregó decenas de millones de dólares a grupos de defensa de pacientes. En Australia, el socio de ICIJ Australian Broadcasting Corporation descubrió financiamiento en más de 100 casos en los que la filial australiana de Merck pagó a grupos de pacientes un total de 1.5 millones de dólares entre 2014 y 2024 para apoyar actividades relacionadas con el cáncer. En Bélgica, el periódico De Tijd descubrió que una docena de grupos de pacientes y organizaciones de salud que recibieron alrededor de 1.8 millones de dólares de la filial belga de Merck entre 2022 y 2024 también cabildearon por posiciones alineadas con la empresa. En particular, presionaron por ampliar el acceso de pacientes a sus medicamentos oncológicos y por subsidios públicos adicionales.
Merck defendió esas prácticas. “Somos explícitos en que cualquier colaboración o financiamiento que involucre a organizaciones de pacientes es completamente independiente de las evaluaciones de tecnología sanitaria y no podría interpretarse como un incentivo para prescribir, recomendar o evaluar un medicamento”, dijo la empresa en un comunicado a ICIJ.
Para 2021, científicos de alto nivel dentro de la FDA expresaban preocupación por el crecimiento explosivo de la inmunoterapia, dominada por Keytruda. Richard Pazdur, entonces jefe de la unidad de la FDA que trabajaba para mejorar el desarrollo de fármacos contra el cáncer, y Julia A. Beaver, entonces jefa de oncología de la FDA, escribieron en diciembre de 2021 en The New England Journal of Medicine: “El crecimiento desenfrenado y veloz de los inhibidores de puntos de control ha llevado a un Viejo Oeste del desarrollo farmacéutico, con una estampida de patrocinadores comerciales, ensayos clínicos y planes de desarrollo redundantes”. Denunciaron un mercado cada vez más saturado y frenético que, a su juicio, condujo a demasiados ensayos clínicos, tratamientos redundantes, uso ineficiente de recursos y demasiadas pruebas diagnósticas para seleccionar pacientes.
La inmunoterapia, aunque ofrece resultados que cambian la vida y a veces milagrosos para un pequeño número de pacientes con cáncer, no ayudó a muchos otros, y algunos se quejaron de que los médicos minimizaron los riesgos.
Pauline Cameron, hoy de 76 años, dijo a Australian Broadcasting Corporation que el oncólogo de su esposo le vendió Keytruda como un milagro para su melanoma metastásico. Paul Cameron, veterano de la guerra de Vietnam y originario de Adelaide, entonces de 76 años, aceptó recibir Keytruda en 2022 después de que su oncóloga, Rachel Roberts-Thomson, le dijera que le quedaban unos nueve meses de vida. Según Pauline, Roberts-Thomson dijo que los efectos secundarios eran mínimos y que la quimioterapia era mucho peor. Lo que Roberts-Thomson no reveló, según Pauline: la oncóloga formaba parte de consejos asesores de al menos seis farmacéuticas, incluida Merck. En un estudio de 2024 sobre el uso de inmunoterapia en pacientes con melanoma, Roberts-Thomson reconoció que sus vínculos con la industria generaban “potenciales intereses en conflicto”.
Roberts-Thomson no respondió a varias solicitudes de comentarios de ICIJ y Australian Broadcasting Corporation.
A los pocos días de la primera infusión de Keytruda, Paul se sintió débil. Los párpados le caían y no podía sostener la cabeza. Murió de síndrome de superposición inducido por Keytruda, un efecto secundario raro relacionado con el sistema inmune.
“Para Paul, Keytruda fue como poner un tren en una vía sin frenos”, dijo Pauline. Agregó que desearía que Merck invirtiera más en entender por qué el medicamento puede causar un daño tan catastrófico con tanta rapidez, en vez de “empujarlo a más pacientes”. Cuando no pudo obtener respuestas ni de la empresa ni del médico, Pauline y su hija crearon un foro en Facebook donde pacientes y familias han compartido sus historias sobre Keytruda y se han apoyado mutuamente.
Herrmann, la vicepresidenta de Merck, no respondió preguntas específicas sobre Paul Cameron, pero rechazó con firmeza cualquier afirmación de que la empresa “hubiera incumplido los altos estándares de transparencia e integridad que rigen la forma en que brindamos atención a los pacientes”.
“Nada es más importante para Merck que la salud de los pacientes que usan nuestros medicamentos”, dijo.
Las ventas de Keytruda se dispararon a escala mundial. De 2020 a 2024, según datos exclusivos de ventas compartidos con ICIJ por IQVIA Institute for Human Data Science, hubo un aumento de 232 por ciento en Francia hasta 2 mil 800 millones de dólares; 265 por ciento en Brasil hasta 753.7 millones; 491 por ciento en México hasta 137.3 millones; y 584 por ciento en Turquía hasta casi 100 millones.
El nuevo panorama planteó nuevas preguntas para oncólogos y aseguradoras: ¿Qué tratamientos funcionan para qué pacientes? ¿Cuáles son las dosis correctas, la frecuencia del tratamiento y la duración? ¿Y cómo deberían evaluar el valor de todos los nuevos tratamientos?
Wolf-Dieter Ludwig, oncólogo que presidió durante 18 años la comisión de medicamentos de la Asociación Médica Alemana, citó a Keytruda como ejemplo de “donde se está gastando demasiado dinero en nuestro sistema de salud”. El medicamento ha marcado una diferencia significativa en algunos tipos de cáncer, dijo a los socios de ICIJ en Paper Trail Media, pero rara vez conduce a una cura y el alto precio no está justificado. Las farmacéuticas suelen usar el término “game changer”, dijo Ludwig, pero, por encima de todo, se trata de una cosa: buen marketing.
Precios extremos, opacidad extrema
El rápido crecimiento de los ingresos de Keytruda se debió finalmente más al aumento del número de pacientes tratados y de prescripciones surtidas que a un incremento en los precios, según un análisis realizado para ICIJ. El gasto farmacéutico, impulsado por medicamentos como Keytruda, alcanzó niveles récord en la década de 2020. Merck dice que fija precios distintos para sus productos según el mercado, y a veces dentro del mismo mercado, para asegurarse de que lleguen al mayor número posible de pacientes.
Pero a medida que se intensificaba la crisis global por el disparo de los precios de los medicamentos, Davis expresó preocupación por las dificultades financieras de los pacientes con cáncer. Y había habido muchas dificultades. Desde que Keytruda salió al mercado en 2014, ICIJ encontró 632 casos en los que pacientes de 51 países recurrieron a GoFundMe y otros sitios de recaudación para financiar tratamientos con Keytruda.
“Necesitamos concentrar los esfuerzos en reducir el costo de bolsillo”, dijo el director general de Merck a inversionistas en una conferencia de salud en 2021. “Ese es el punto focal”.
La investigación de ICIJ encontró que los precios de lista de Merck, o los precios iniciales sin descuento, varían enormemente entre países, desde alrededor de 850 dólares por un solo frasco de 100 mg en Indonesia hasta 6 mil 15 dólares por el mismo frasco en Estados Unidos.
Las disparidades extremas provienen de descuentos y reembolsos secretos aplicados a los precios de lista en distintos países, así como de las diferentes maneras en que los sistemas de salud deciden el costo de los medicamentos. En Estados Unidos, por ejemplo, no existe tope de precio para la mayoría de los medicamentos de prescripción, donde los fabricantes fijan los precios prácticamente por sí solos. En muchos otros países, los gobiernos negocian con las farmacéuticas para fijar un precio.
Una característica común de los sistemas de precios de medicamentos en todo el mundo: prosperan en el secreto. Al menos media docena de autoridades de distintas partes del mundo se negaron a revelar a ICIJ y sus socios detalles del gasto público en Keytruda o del número de pacientes que reciben el medicamento. Citaron una variedad de explicaciones, por ejemplo, que ellos o Merck habían considerado la información un “secreto comercial”.
A pesar de la opacidad extrema, ICIJ obtuvo y comparó precios de lista de Keytruda y precios máximos de venta del medicamento en 31 países. ICIJ encontró grandes diferencias en asequibilidad, con Keytruda comparativamente menos asequible en países más pobres. En Sudáfrica, por ejemplo, el precio de lista de Keytruda, sin impuestos ni cargos, es de unos 3 mil 800 dólares por una dosis de 200 mg, un tercio del precio de lista en Estados Unidos. Aun así, Keytruda es mucho menos asequible en Sudáfrica, donde una persona con ingreso mediano ni siquiera puede comprar una dosis en un año, mientras que en Estados Unidos un paciente con ingreso mediano puede pagar menos de cinco dosis.
Al mismo tiempo, según el análisis de ICIJ, los estadounidenses con ingreso mediano pueden pagar menos Keytruda que quienes perciben el ingreso mediano en algunos países ricos de Europa, como Francia y Bélgica. En países más pobres de Europa del Este como Bulgaria y Hungría, Keytruda tiende a ser menos asequible que en la Europa occidental más próspera, según el análisis comparativo de precios de ICIJ, basado en parte en datos del Instituto Nacional de Salud Pública de Austria, GÖG.
Y en México y otros países de América Latina, los precios de etiqueta de Keytruda tienden a ser más altos —ajustados por niveles económicos— que en países más ricos, muestra la investigación de ICIJ.
En Guatemala, Alberto Xum pensó, como muchos pacientes con cáncer en América Latina, que tendría que renunciar por completo al tratamiento. Un abasto de un año de frascos de Keytruda cuesta 180 mil dólares o más en el país centroamericano, y Xum, un artesano sin seguro de 65 años, vende recuerdos de piel en una región donde el ingreso mensual promedio del hogar ronda los 700 dólares. Diagnosticado con cáncer renal metastásico en 2022, Xum dijo a su oncólogo, Julio Ramírez, que estaba listo para abandonar el tratamiento después de que le recetaron pastillas que costaban mil 900 dólares cada tres meses. Solo pudo pagarlas una vez.
“Le dije al doctor que no podía pagarlo”, dijo. “Estaba poniendo mi vida en manos de Dios”.
Pero, para gran fortuna de Xum, Ramírez estaba por recibir autorización del ministerio de salud para uno de los primeros tratamientos con Keytruda en su hospital. Xum fue el elegido. Cada tres semanas durante los dos años siguientes, Xum tomó un autobús durante dos horas y media desde su pueblo rural, Samayac, hasta el hospital público de Quetzaltenango para recibir la infusión de 11 mil dólares, pagada por el gobierno.
“A veces me pregunto: ‘¿Quién soy yo para merecer toda esta suerte?’”, dijo Xum a ICIJ. Sus tumores se habían reducido, pero no estaba en remisión.
Ahora un nuevo estudio respalda los hallazgos de ICIJ y plantea nuevas preocupaciones sobre la asequibilidad y el acceso a Keytruda. El tratamiento de seis meses con Keytruda para cáncer de cabeza y cuello cuesta casi 80 veces el ingreso mensual promedio en India y 43 veces el promedio en Pakistán. El costo siguió siendo catastróficamente alto en países ricos también: casi seis veces el ingreso mensual promedio en Estados Unidos y nueve veces el promedio en Reino Unido, según el estudio, publicado en febrero en una revista especializada en oncología. En resumen, seis meses de Keytruda van de 7 mil 676 dólares en Bangladesh a 38 mil 254 en Australia, y los investigadores concluyeron: “Las inmunoterapias modernas siguen siendo económicamente inaccesibles en la mayoría de los contextos”.
ICIJ encontró que los costos del tratamiento con Keytruda para los pacientes son particularmente caóticos en Estados Unidos. Datos compilados por Serif Health, una firma de San Francisco que analiza información sobre reembolsos de salud, compartidos con ICIJ muestran que los costos para pacientes y aseguradoras varían de manera drástica. En todo Estados Unidos, los costos estimados van de 5 mil 858 a 43 mil 800 dólares para un tratamiento típico de Keytruda de 200 mg, dependiendo de dónde se administre el medicamento, de qué aseguradora comercial y proveedor estén involucrados y de cómo se facture.
Para Barbara Thornton, una auxiliar de salud en casa de 64 años de Cincinnati, Ohio, que recientemente superó un cáncer de páncreas, los tratamientos con Keytruda en el centro ambulatorio de un hospital cercano costaban muy por encima del precio de lista.
Cada tratamiento en el centro de infusión venía con una cuenta de alrededor de 42 mil dólares, dijo Thornton a los socios de ICIJ en USA Today. Una combinación del seguro de su esposo, ayuda financiera de su sistema hospitalario y Medicaid cubrió la mayor parte de su porción del costo.
“Tuve suerte. Tenía seguro”, dijo Thornton. “No estamos viviendo la gran vida —por decirlo así—, así que calificamos para ayuda financiera”.
Thornton recibió Keytruda por vía intravenosa durante 27 meses. Cuando terminó su tratamiento, tocó la campana en su centro el diciembre pasado, marcando el hito y su transición a sobreviviente de cáncer.
El Health Care Cost Institute, un grupo sin fines de lucro que analiza reclamaciones de seguros patrocinados por empleadores en Estados Unidos, también revisó para ICIJ datos de costos del tratamiento con Keytruda en Estados Unidos, cubriendo cinco años de 2018 a 2022. HCCI descubrió un hecho sorprendente: en 2022, los planes de seguro patrocinados por empleadores pagaron 3 mil 790 millones de dólares por cobertura de Keytruda para solo 30 mil 997 pacientes, o alrededor de 122 mil 400 dólares por paciente. El instituto también encontró que en ese mismo año el costo podía casi duplicarse cuando Keytruda se administraba en un departamento ambulatorio de hospital en lugar de en el consultorio de un médico.
“Ya sea la administración del medicamento, las pruebas de laboratorio o los estudios de imagen, la atención brindada suele ser idéntica, pero como vimos con Keytruda, la etiqueta de precio depende por completo del edificio en el que recibes tratamiento”, dijo John Hargraves, director gerente de estrategia y análisis de datos de HCCI. Agregó que gastar casi 3 mil 800 millones de dólares en menos de 31 mil pacientes subraya lo costosas que se han vuelto estas terapias y cuánto pueden impulsar el gasto general en seguros patrocinados por empleadores. “Aunque no es inusual que medicamentos especializados como Keytruda tengan costos muy altos por paciente, la escala del gasto que estamos viendo aquí es notable y plantea preguntas importantes sobre la asequibilidad para empleadores y pacientes por igual”, dijo Hargraves.
En un comunicado, la portavoz de Merck, Julie Cunningham, culpó de los altos precios en Estados Unidos a los administradores de beneficios farmacéuticos y a las aseguradoras, intermediarios que extraen reembolsos y comisiones, elevando los costos para los pacientes. “Enfocarse de manera estrecha en los medicamentos recetados no aborda a los contribuyentes mucho mayores del alza del gasto en atención médica en Estados Unidos”, dijo Cunningham. “Estados Unidos es el único país del mundo donde entidades que no fabrican medicamentos se quedan con la mitad de cada dólar gastado en medicamentos de marca”.
Herrmann, de Merck, dijo que 59 por ciento de los pacientes en Estados Unidos con seguro privado no pagó costos de bolsillo por Keytruda. Para aquellos con costos de bolsillo, alrededor de 80 por ciento pagó entre un centavo y 375 dólares por infusión, después de cubrir su deducible. “De manera rutinaria proporcionamos cupones y otros apoyos de copago para nuestros productos, incluido Keytruda, para reducir los costos de bolsillo”, dijo Herrmann, al agregar que el valor de esta asistencia sumó alrededor de 125 millones de dólares el año pasado. Pero incluso estando asegurados, los pacientes pueden enfrentar miles de dólares en costos iniciales, incluidos deducibles altos antes de que entre la cobertura.
Aunque la empresa no desglosa públicamente cuánto gasta en asistencia a pacientes específicamente para Keytruda, Herrmann dijo que Merck proporcionó mil 700 millones de dólares en medicamentos gratuitos en Estados Unidos —cubriendo todos los productos elegibles de Merck— a pacientes sin seguro o con seguro insuficiente en 2024.
Para Nasır Nesanır, presidente de la rama de salud pública de la Asociación Médica Turca, estas disparidades están enmarcadas por preguntas más amplias que van más allá de la atención médica.
“¿La innovación médica debe considerarse una ganancia común de la humanidad?”, preguntó Nesanır en una entrevista con DW Türkçe, socio de ICIJ en Turquía. “¿O debe seguir siendo un activo comercial bajo protección de patentes que profundiza la desigualdad global?”
Dicho de otro modo: ¿el sistema está diseñado primero para salvar vidas o para hacer dinero, y quién queda fuera por esa elección? Las respuestas no tratan solo de atención médica, sino de debates más amplios sobre si los descubrimientos que salvan vidas nos pertenecen a todos.
“Qué devastador es para ellos”
En Mumbai, la ciudad más rica de India, donde más de la mitad de la población vive en barrios marginales o en pobreza extrema, 101 pacientes y sus familias esperan en el pasillo fuera de la clínica oncológica del Hospital Nair para su cita con Amol Akhade, un oncólogo destacado. Él ve que India se está convirtiendo en la “capital mundial del cáncer” por el número disparado de casos impulsado por el consumo desenfrenado de tabaco y la mala alimentación. Y luego está este desafío: un mes de Keytruda puede equivaler a más de 12 meses de salario en el país, mostró una encuesta.
Akhade señala el abarrotado pasillo de consulta externa mientras un reportero de The Indian Express, socio de ICIJ, lo acompaña en esta mañana temprana de miércoles. “En la multitud de 100 pacientes que ves afuera de esta sala en este momento, casi 70 pacientes con tumores sólidos podrían haberse beneficiado de manera importante de Keytruda”, dice. “Sin embargo, en este momento ni siquiera podemos discutir esta opción de tratamiento con ellos porque sencillamente es inviable para ellos”.
“Son trabajadores eventuales que viven al día”, dijo Akhade a ICIJ. “Les preocupa de dónde saldrá su próxima comida”. Sin embargo, el gobierno de India proporciona quimioterapia gratis a estos pacientes. Otros reciben ayuda a través de los programas de asistencia a pacientes de Merck. En India, el programa se llama Kiran, un nombre derivado del sánscrito que significa “rayo de luz”, y permite a los pacientes comprar cinco frascos y recibir 12 gratis. Merck dice que Kiran ha dado acceso a Keytruda a más de 68 mil pacientes en 11 mercados de Asia-Pacífico y que está comprometida con ampliarlo.
“La empresa está haciendo su parte para que el medicamento sea asequible”, dijo Akhade. “No es que no estén haciendo nada. Pero sigue siendo muy difícil para la mayoría de los pacientes. Pueden hacer más. Definitivamente pueden hacer más”.
Un oncólogo de alto nivel en el Tata Memorial Hospital, a menos de tres millas del Nair Hospital, está de acuerdo. “Es desgarrador y desalentador para nosotros”, dijo Kumar Prabhash a ICIJ. “Y ahora pensemos desde el punto de vista del paciente qué devastador es para ellos”.
Prabhash, profesor que encabeza la unidad oncológica del hospital, y colegas en Mumbai y Delhi trabajan en formas costo-efectivas para ampliar el acceso. Aunque Merck recomienda 200 mg de Keytruda cada tres semanas, médicos de hospitales indios están probando inmunoterapias de dosis baja. En un ensayo clínico, pacientes con cáncer de mama recibieron tres dosis de Keytruda de 50 mg cada seis semanas junto con quimioterapia. En otros estudios, los pacientes recibieron dosis bajas o dosis basadas en peso de Keytruda: 2 mg por kilogramo de peso cada tres semanas o 1 mg por kilo cada seis semanas.
Hasta ahora, los resultados de los ensayos indican que dosis menores son tan efectivas como la dosis estándar más alta recomendada por Merck. Hospitales en Singapur, Malasia y Taiwán han llegado a una conclusión similar, y varios países —incluidos Países Bajos, Canadá e Israel— han comenzado a cambiar a dosis basadas en peso.
Los ahorros pueden ser enormes. Después de años estudiando costos y beneficios de medicamentos contra el cáncer, Daniel Goldstein, oncólogo británico con formación en Estados Unidos que ahora ejerce en Israel, hizo ese descubrimiento en 2017: la dosificación fija de Keytruda le cuesta al sistema de salud estadounidense 825 millones de dólares adicionales al año. “El sistema de salud sencillamente no puede pagar todos estos medicamentos”, dijo Goldstein, director del Center for Cancer Economics en el Davidoff Cancer Center del Rabin Medical Center, a ICIJ. “Y en todos y cada uno de los países del mundo hay presión”.
Investigadores de la Organización Mundial de la Salud estimaron en una proyección separada y modelada que el mundo podría ahorrar 5 mil millones de dólares en 15 años si los pacientes con cáncer de pulmón recibieran Keytruda según su peso en lugar de con montos de dosis fijos. Y el método de dosificación por peso representaría un ahorro aún mayor para todos los pacientes con cáncer elegibles.
Merck dijo que basa sus fórmulas de dosificación en evidencia clínica detallada en la sección de dosis recomendada aprobada por la FDA en la información de prescripción de Keytruda. Pero la cruzada de Goldstein cobró impulso y traspasó fronteras. Bishal Gyawali, oncólogo e investigador de políticas de medicamentos en Canadá, dijo a los socios de ICIJ en Toronto Star una razón clave por la que probablemente Merck da la misma dosis a todos: dinero. “Pueden vender más del medicamento”, dijo, y “ganarán más dinero. … No hay razón científica, médica ni biológica para hacerlo. Está motivado solo por fines comerciales”.
“Una posible mina terrestre”
E bloqueo de patentes ha permitido a Merck usar estrategias comunes en la industria para mantener altos precios. / Foto: ICIJ
Con la esperanza de proteger y cuidar a su gallina de los huevos de oro, Merck siguió enfocada en la forma número uno que conocía para mantener precios altos: el sistema global de patentes. Las patentes primarias de Keytruda estaban programadas para expirar en 2028, y los inversionistas estaban preocupados por cómo Merck generaría ingresos después de que Keytruda perdiera su monopolio protegido. Esa pérdida de exclusividad abriría la puerta a rivales con precios mucho más bajos, y Keytruda enfrentaría una caída catastrófica de ingresos: un precipicio de patentes de 35 mil millones de dólares.
Para evitarlo, Merck desplegó a su ejército de abogados. Tahir Amin, fundador de la Initiative for Medicines, Access and Knowledge, I-MAK, una organización sin fines de lucro que examina desigualdades en la manera en que se desarrollan los medicamentos, calificó la estrategia de Merck como un “esquema de abuso de patentes de múltiples frentes” para prolongar su monopolio y mantener precios altos.
Merck dice que I-MAK y “organizaciones similares” propagan el mito de que las farmacéuticas “juegan con el sistema de patentes” al presentar múltiples patentes superpuestas para retrasar indebidamente la entrada de medicamentos genéricos o biosimilares. La empresa también afirmó que los reportes de I-MAK contienen errores serios en el registro y descripción de las prácticas de patentes de Merck, acusación que I-MAK niega.
Cuando ICIJ cartografió el panorama de patentes de Keytruda, encontró 1,212 solicitudes de patente relacionadas con el medicamento. Se extienden por 53 países, regiones y territorios, incluidas 194 solicitudes en Estados Unidos, 123 en Japón, 87 en Australia, 80 en China y 74 tanto en Corea del Sur como en Canadá. Este muro de patentes ha permitido a Merck usar estrategias comunes en la industria para mantener alto el precio mediante patentes adicionales más allá de 2028. ICIJ encontró 211 patentes concedidas que ayudan a proteger el dominio de Keytruda al menos hasta 2042, lo que será 14 años después de que expiren las patentes originales de Estados Unidos. ICIJ también identificó al menos otras 337 patentes “pendientes” que, de concederse, podrían extender aún más el reinado del medicamento. El 84 por ciento de todas estas solicitudes de patente se presentó después de la aprobación de Keytruda en 2014.
“Cada solicitud de patente es una posible mina terrestre” que podría crear un desafío legal costoso y prolongado para los competidores de menor precio de Merck, dijo Amin a ICIJ. “El objetivo es saturar al competidor con tantas patentes como sea posible para disuadirlo, hacer que el costo de entrar al mercado sea lo más alto posible o esperar que cuantas más patentes tenga que litigar un competidor, eso termine en un acuerdo” que podría significar un lanzamiento retrasado.
Pero Merck dice que sus patentes posteriores a 2014 son descubrimientos genuinamente nuevos. “Seguimos evaluando Keytruda con la esperanza de expandir su uso a otras formas de cáncer e incrementar el acceso al tratamiento”, dijo Herrmann en su carta. “Esto incluye innovaciones en formulación, dosificación y nuevos usos, incluidas combinaciones con otros agentes. Como es de esperarse, cuando resulta apropiado, Merck protege su innovación mediante la presentación de solicitudes de patente”.
La carrera de Merck para reforzar su dominio incluye solicitudes de patentes con cambios menores en cantidades de dosis y esquemas de dosificación, así como patentes para combinaciones de Keytruda con otro medicamento. Por ejemplo, ICIJ identificó 29 solicitudes de patente presentadas conjuntamente en el mundo por Merck y la japonesa Eisai relacionadas con la terapia combinada de Keytruda con el medicamento contra el cáncer Lenvima. Pero, según Amin, este tipo de combinación no es nueva.
“¿Por qué Merck no está explorando nuevas y no trazadas vías de combinación terapéutica?”, preguntó Amin. “¿Qué sentido tiene dedicar tiempo y dinero a combinaciones terapéuticas que ya existen?”
Merck diseñó otra estrategia de patentes comúnmente usada por farmacéuticas. Presentó nuevas patentes para un “salto de producto”: cambiar a los consumidores a una versión similar y más nueva del mismo medicamento que reinicia el reloj de patentes para obtener más años de exclusividad. Merck espera mover hasta 40 por ciento de sus clientes a una inyección subcutánea de Keytruda en lugar de una infusión intravenosa antes de que rivales de menor costo ganen terreno. El salto de producto podría ayudar a Merck a generar miles de millones de dólares y retrasar la competencia hasta la década de 2030, según tres expertos de la industria.
Y Merck adoptó una nueva táctica de precios en América Latina en 2024, cuando una empresa argentina intentó sacudir el mercado con una versión local y más barata de Keytruda llamada PembroX. Merck no tenía una patente vigente en Argentina, donde hay turbulencia económica crónica y un entorno hostil para farmacéuticas extranjeras. La firma de Nueva Jersey operaba sola en el mercado, elevando precios de manera constante, dijo Gustavo Pelizzari, director general de la farmacéutica rival Elea, a los socios argentinos de ICIJ. PembroX salió a la venta en enero de 2025; un día antes del lanzamiento, Merck redujo de repente el precio de Keytruda en 50 por ciento, apenas marginalmente por encima del precio del competidor, dijo Pelizzari. Y el precio de Keytruda siguió bajando.
La competencia ha llevado a un acceso y una asequibilidad más amplios, dijo Pelizzari, con miles de pacientes más ahora en tratamiento. Eso lo llevó a reflexionar sobre el precio de Keytruda y su impacto financiero en Estados Unidos.
“Estoy convencido de que lo están vendiendo mucho más barato en Argentina que en Estados Unidos”, dijo Pelizzari. “Deben estar causándole un daño importante al gobierno estadounidense. Quiero decir, ellos, Merck”, dijo, “deberían ser obligados a vender al precio argentino. Por eso no hacen públicos los precios”.
Explosiones de precios
Davis experimentó una ola de odio en internet después de que expresó condolencias y tristeza por Brian Thompson, director general de UnitedHealthcare, quien fue asesinado a tiros afuera de un hotel en Midtown Manhattan en diciembre de 2024. Además del shock y la condena, el asesinato a primera hora de la mañana también desató celebraciones generalizadas y declaraciones de justicia por parte de pacientes de todo el mundo que habían experimentado reclamaciones de seguro rechazadas.
“¿Entristecido?”, escribió un paciente con cáncer en la cuenta de LinkedIn de Davis. “¿Tu dolor también se extiende a los pacientes y familias que han perdido sus vidas o sus medios de vida por liderazgos y políticas que priorizan las ganancias del seguro sobre la salud?”
Dado el inquietante respaldo al asesinato de Thompson en los días posteriores, cualquier director general de la industria de la salud podría sentirse justificado al experimentar ansiedad. Pero Davis enfrentaba presiones adicionales: aunque el vencimiento de la patente de Keytruda todavía estaba a cuatro años, los inversionistas ya se preparaban para el golpe. Con el nuevo presidente de Estados Unidos presumiendo precios más bajos de medicamentos durante la campaña, ¿qué significaría eso para Merck y para Keytruda?
“Así que hay muchas preocupaciones sobre Keytruda”, dijo Tim Anderson durante una conferencia telefónica de resultados en abril de 2025. Anderson era en ese momento analista bursátil de Bank of America y estaba preocupado por la caída de la acción de Merck. Agregó que ya había planteado estas preocupaciones el trimestre anterior. Ahora, Anderson preguntó a Davis: “Me pregunto dónde está usted en esa línea de pensamiento mientras la acción sigue bajando”.
Merck tenía confianza, respondió Davis, en el flujo de ingresos futuros. “Tenemos más de 20 nuevos productos que vemos venir en los próximos años”, dijo, “casi todos con potencial para convertirse en superventas”.
Merck pagó a PhRMA 16 millones de dólares en 2024 para cabildear en su nombre, y Davis, siguiendo los pasos de su predecesor, fue elegido en febrero para encabezar el grupo comercial. PhRMA pidió explícitamente a funcionarios estadounidenses apuntar contra la política farmacéutica europea y actuar contra países que intentan controlar los precios de Keytruda y otros medicamentos de marca. Entre las naciones señaladas: Australia, Canadá, Dinamarca, Francia, Alemania, Grecia, Italia, Japón, Corea del Sur, España, Suiza y Reino Unido.
En una conferencia en París en febrero, el viceprimer ministro y ministro de Salud de Bélgica, Frank Vandenbroucke, detalló la “presión” para elevar precios. “La administración Trump está preparada para usar coerción comercial para obligar a los gobiernos europeos a cambiar sus prácticas de fijación de precios”, dijo Vandenbroucke. Citó la afirmación de Trump en enero de que había presionado al presidente Emmanuel Macron para elevar los precios de medicamentos en Francia amenazando con aranceles de 100 por ciento al champán.
Después de meses de presión desde la Casa Blanca, Davis se unió a ejecutivos de 15 farmacéuticas para respaldar acuerdos con Trump para vender medicamentos más baratos en Estados Unidos. El presidente prometió bajar los precios a los niveles que se pagan en otros países ricos.
Ni la administración Trump ni los fabricantes revelarían detalles de los acuerdos. Merck no diría si Trump hizo una excepción para Keytruda, pero investigadores de política de salud y fuentes gubernamentales dijeron que no está claro que el precio de Keytruda vaya a bajar pronto en Estados Unidos. En cambio, los precios podrían subir en otros lugares, como ya ocurrió en Reino Unido o como podría ocurrir en Alemania, donde una fuente de la industria ve “explosiones de precios”. Y, dijo Peter Maybarduk, el defensor de consumidores, “en los países pobres, todo lo que los planes de Trump pueden lograr es más sufrimiento y muerte”.
Promesas y recetas
En febrero, Trump usó su discurso del Estado de la Unión para dar una arenga sobre la desaceleración de la economía estadounidense. “Nuestro país está ganando de nuevo”, dijo. “De hecho, estamos ganando tanto que realmente no sabemos qué hacer con ello”.
“Llevé los medicamentos recetados, una parte muy grande de la atención médica, del precio más alto de todo el mundo al más bajo”, dijo Trump. “El resultado son diferencias de precio de 300, 400, 500, 600 por ciento y más”, afirmaciones de las que la administración no ha aportado pruebas.
No hubo mención de Keytruda. De hecho, Trump dedicó apenas cinco minutos de 1 hora con 47 minutos —el discurso del Estado de la Unión más largo de la historia— a hablar de costos de atención médica. Celebró al equipo masculino de hockey de Estados Unidos durante un minuto más.
A casi 3 mil millas de distancia, en Guatemala, el contraste con las grandiosas promesas de Trump sobre atención médica asequible se sentía en otro planeta. Al amanecer de un viernes frío de febrero, Julio Ramírez, el oncólogo que trató a Alberto Xum, caminó por la pequeña sala de espera de la unidad de oncología de su hospital público saludando a todos rumbo a su oficina, donde atiende alrededor de 40 pacientes a la semana.
Ramírez mostró a un reportero de ICIJ listas escritas a mano de los medicamentos que necesita para sus pacientes. Sabía que no era probable que consiguiera todos por restricciones presupuestales.
“Mire, no me estoy quejando”, dijo. “Tengo la oportunidad de dar [Keytruda] al menos a dos o tres pacientes aquí en el hospital”, un aumento respecto de lo que antes podía ofrecer.
“Mi sueño sería poder dar a todos mis pacientes las recetas que necesitan sin tener que escoger al azar quién lo recibe y quién no”, dijo.
Era hora de que el médico comenzara a ver a los pacientes del día. Un hombre bajo, de mediana edad, con cubrebocas y gorro de lana, se acercó en silencio a la oficina, aferrado a sus resultados más recientes. Ramírez le estrechó la mano y luego se puso a trabajar en lo que podía —y no podía— hacer por él.
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