Con motivo de la amenaza que hizo el senador de Morena Luis Fernando Salazar contra el periodista Enrique Acevedo –por el reportaje de N+ donde se revela el presunto acuerdo entre la legisladora de su bancada Julieta Ramírez con autoridades de EU–, Proceso presenta la entrevista con el relator especial de la ONU sobre Libertad de Expresión, publicada en su edición impresa de septiembre.
Gloria Leticia Díaz
Con motivo de la amenaza que hizo el senador de Morena Luis Fernando Salazar contra el periodista Enrique Acevedo –por el reportaje de N+ donde se revela el presunto acuerdo entre la legisladora de su bancada Julieta Ramírez con autoridades de EU–, Proceso presenta la entrevista con el relator especial de la ONU sobre Libertad de Expresión, publicada en su edición impresa de septiembre.
“Campo minado” es para Leopoldo Maldonado Gutiérrez, relator especial de Naciones Unidas sobre Libertad de Expresión, la definición más cercana de lo que es México para el ejercicio periodístico.
Nombrado en julio último por el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas como relator especial sobre la Promoción y Protección de los Derechos a la Opinión, Maldonado Gutiérrez analiza en entrevista con Proceso la situación por la que atraviesa la libertad de expresión en México, que se mantiene como el país, sin un conflicto armado declarado, más violento para el ejercicio periodístico.
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Con la experiencia de trabajar casi 20 años en la sociedad civil, 14 de ellos documentando y litigando casos de violencia contra periodistas de México, Centroamérica y el Caribe, como parte de Artículo 19, organización de la que fungió como director regional en los últimos seis años, Leopoldo Maldonado expresa su preocupación por la acumulación de agresiones a la libertad de expresión en el país, derecho que está bajo amenaza en distintas regiones del mundo en diferentes contextos.
Hace 14 años, cuando Maldonado se integró al equipo de Artículo 19, “la principal preocupación era la violencia letal contra la prensa”, foco de atención que no ha cambiado. Desde 2000 181 periodistas han sido asesinados por su labor, en tanto que desde 2003 se han registrado 32 desapariciones de comunicadores, casos que se encuentran sin resolver, 98% en el caso de homicidios y 100% en desapariciones.
A ello se agrega que actualmente las agresiones “son más violentas, los grupos criminales y sus aliados en los gobiernos locales son cada vez más cínicos, podría decirse, porque hay completa impunidad y mientras haya impunidad esto va a seguir sucediendo”, acota el experto.
A esa emergencia, comenta, se le agregaron otro tipo de agresiones durante las administraciones de Andrés Manuel López Obrador y de su sucesora, Claudia Sheinbaum Pardo.
“De 2018 para acá a la violencia letal hay que sumarle la estigmatización pública, el descrédito, y del 2024 para acá se suma a la violencia y al descrédito público de la prensa desde las tribunas oficiales, el acoso judicial, esto en una dinámica acumulativa.
“Yo veo que para la prensa en México se ha constituido un verdadero campo minado; difícilmente va a haber un control como el que había antes, una llamada de (la Secretaría de) Gobernación para censurar previamente ciertos contenidos; ahora sí puedes hablar, pero si te haces para acá en ese campo minado te explota una amenaza, si te haces para acá te explota una demanda, si te haces para allá, te denuestan en una conferencia de prensa de un gobernador o cualquier actor político, incluso ya la oposición está muy subida en esa lógica estigmatizante”, puntualiza el defensor.
La estrategia de AMLO
Leopoldo Maldonado advierte que la estrategia que se instaló con López Obrador, en la que se amplificaba la estigmatización con un ejército de bots en redes sociales, no ha sido modificado del todo con Sheinbaum Pardo.
“Se puede hablar, pero con consecuencias muy graves por hablar, lo que al final va generando un efecto inhibitorio no sólo en la persona que recibe esas violencias, sino en el resto del gremio”, destaca Maldonado.
En el sexenio pasado “primero el presidente señalaba a una persona, a una organización o a un medio de comunicación y minutos después se generaba una tendencia en redes sociales en contra de esa persona, de ese medio, de esa organización. Era una tendencia avasallante en donde se veía muy claramente que no era un comportamiento orgánico, pero sí algunas cuentas reales y orgánicas que replican el mensaje oficial, mucha propaganda. Esto que ahora se llama las milicias digitales se activaban en torno al mensaje presidencial; esa estrategia de comunicación política llegó para quedarse, y la hemos visto incluso en aquellos países que tienen democracias consolidadas: atacar al mensajero para desacreditar el mensaje. Lo vemos en Estados Unidos con Donald Trump”, apunta.
En las últimas semanas acciones gubernamentales encaminadas al control de contenidos…
Fragmento del reportaje publicado en la edición 39 de la revista Proceso correspondiente a septiembre, cuyo ejemplar digital puede adquirirse en este enlace.








