Morena llegó al poder con un discurso de ruptura con el pasado. Sus principales banderas fueron “el pueblo bueno y sabio”, “no somos iguales” y “tonto es el que cree que el pueblo es tonto”. Con ellas construyó una narrativa de superioridad moral y política frente a los partidos tradicionales y logró convertirse en la principal fuerza política del país.
La FATIGA DEL PODER. Pero el ejercicio prolongado del poder modifica las reglas del juego. Ya lo vivieron el PRI, el PAN, y el PRD .
Un partido puede ganar elecciones desde la oposición cuestionando al gobierno; gobernar, en cambio, significa asumir la responsabilidad de los resultados, de las decisiones, de los errores y, sobre todo, de las expectativas que el propio gobierno genera.
Ésa es precisamente la nueva circunstancia de Morena.
En Sonora, el partido ya no puede asumir que la gubernatura de 2027 será una consecuencia automática de sus victorias anteriores. El escenario comienza a adquirir una mayor complejidad: competencia interna, aspiraciones anticipadas, desgaste gubernamental y una oposición que, aunque todavía fragmentada, puede encontrar espacios de convergencia.
La cuestión fundamental ya no es solamente quién posee mayor estructura electoral, sino quién será capaz de construir una nueva mayoría social.
Morena conserva activos importantes: estructura territorial, programas sociales, presencia institucional y una marca política todavía poderosa. Sin embargo, también enfrenta una vulnerabilidad característica de los partidos dominantes: cuando todos quieren ser candidatos, el mayor riesgo deja de estar afuera y comienza a estar adentro.
La sucesión puede convertirse entonces en una disputa entre grupos, intereses, lealtades y proyectos personales. Y cuando la lucha interna se intensifica, la estructura que parecía una fortaleza puede convertirse en una fuente de división.
Mientras tanto, sus adversarios tienen una oportunidad histórica.
Pero ésta no consiste simplemente en regresar al pasado ni en reivindicar al viejo régimen. Si la oposición pretende competir realmente por el poder, tendrá que demostrar que aprendió de sus propios errores y presentar algo distinto: un proyecto de gobierno eficaz, democrático, incluyente y capaz de construir acuerdos.
Aquí aparece un elemento particularmente importante para Sonora: la posibilidad de que actores y sectores políticos tradicionalmente distanciados encuentren puntos de coincidencia.
Los nombres de Manlio Fabio Beltrones, Eduardo Bours, Armando López Nogales, Guillermo Padrés, Claudia Pavlovich, Ernesto Gándara, Antonio Astiazarán, Guillermo Hopkins , Ricardo Bours, y Luis Donaldo Colosio Riojas, entre otros actores y corrientes, forman parte de un espacio político diverso que no necesariamente tendría que traducirse en una alianza formal, pero que podría encontrar coincidencias alrededor de una idea fundamental: la construcción de una alternativa al predominio morenista.
La política, sin embargo, no se construye únicamente con nombres. Se construye con intereses, organizaciones, liderazgos, ciudadanos y, sobre todo, con una narrativa capaz de convencer a una sociedad que ya no responde necesariamente a las viejas identidades partidistas.
Si Morena conserva una posición dominante, pero pierde capacidad para alcanzar mayorías contundentes, podría verse obligado a negociar, coaligarse y compartir espacios de decisión.
Eso modificaría sustancialmente la cultura política del estado. El escenario podría pasar de la lógica de “ganar todo” a la necesidad de “gobernar con otros”.
Ésa sería, quizá, una de las grandes paradojas de la Cuarta Transformación: el movimiento que durante años cuestionó las coaliciones, las negociaciones y muchas de las prácticas políticas del antiguo régimen podría terminar necesitando precisamente aquello que más criticó: negociación, acuerdos, coaliciones y construcción de consensos.
No necesariamente porque haya perdido el poder, sino porque el ejercicio del poder exige, tarde o temprano, construir mayorías suficientemente amplias para gobernar.
Y ése es un problema distinto al de ganar una elección.
SONORA 2027: LA DISPUTA POR LA HEGEMONÍA. Por eso, Sonora 2027 no debería analizarse únicamente como una elección entre Morena y el llamado PRIAN.
La disputa es mucho más profunda. Se trata de una lucha por la hegemonía política y social del estado.
¿Quién será capaz de convencer a las clases medias?
¿Quién podrá incorporar a los sectores productivos?
¿Quién hablará con los jóvenes?
¿Quién logrará atraer a los ciudadanos independientes y a quienes no militan en ningún partido?
¿Quién será capaz de construir una narrativa que vaya más allá de la confrontación entre “transformación” y “pasado”?
Y, sobre todo, ¿quién podrá convertir el descontento ciudadano —si éste continúa creciendo— en una mayoría electoral organizada?.
Ésa es la verdadera batalla. Porque el pueblo puede ser bueno, sabio y, sobre todo, libre. Y precisamente por ser libre, puede cambiar de opinión. Morena haría bien en no confundir popularidad con hegemonía permanente. Y la oposición cometería un grave error si confundiera el desgaste de Morena con una victoria propia.
El desgaste de un adversario no construye automáticamente una alternativa. Para ganar, la oposición tendrá que ofrecer razones.
EL ELECTOR PONE LOS LÍMITES. En 2027, nadie tiene el triunfo asegurado. Morena tiene estructura, gobierno y recursos políticos importantes. Sus adversarios tienen la oportunidad de reorganizarse, pero todavía necesitan superar sus propias fracturas, construir confianza y convencer a una ciudadanía que tampoco está dispuesta a entregar un cheque en blanco a nadie.








