Había una vez un pueblo dividido en dos bandos. Unos defendían al Partido del Sol y otros al Partido de la Luna.
Al principio, cada grupo hablaba de sus ideas, de sus propuestas y de lo que creían que era mejor para el pueblo. Pero poco a poco dejaron de discutir ideas y comenzaron a discutir entre ellos.
—Los del Sol son unos ignorantes —decían unos.
—Y los de la Luna son unos traidores —respondían los otros.
Un día, dos vecinos que durante muchos años habían sido amigos se encontraron en la plaza. Uno llevaba una bandera del Sol y el otro una de la Luna.
Comenzaron hablando de política… y terminaron gritándose.
Entonces apareció un anciano y les preguntó:
—¿Por qué están peleando?
—Porque él piensa diferente a mí.
El anciano sonrió y señaló la bandera que ambos llevaban.
—¿Y ustedes creen que los políticos que defienden esas banderas están peleando entre ellos como ustedes?
Los dos se quedaron callados.
El anciano continuó:
—Mientras ustedes se insultan, ellos pueden sentarse en la misma mesa, negociar, hacer acuerdos y seguir con sus vidas. Ustedes, en cambio, pueden terminar perdiendo una amistad por defender a alguien que ni siquiera sabe que están peleando por él.
Los dos vecinos bajaron sus banderas.
Entonces comprendieron que habían convertido una diferencia política en una enemistad personal.
Y desde aquel día decidieron discutir ideas, pero no destruir amistades.
Moraleja: Cuando la política consigue que los ciudadanos se vean como enemigos, deja de ser una herramienta para servir al pueblo y se convierte en una causa de división. Yo puedo pensar diferente a ti… sin dejar de respetarte.








