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En el marco del Día Mundial en Contra de la Minería a Cielo Abierto, el Colectivo de GeoComunes recordó que ninguna “transición energética” puede ser justa y verdadera si se construye a costa de crear nuevas zonas de sacrificio, y alertó que de llevarse a cabo la extracción de litio en México tendría que realizarse mediante minas de tajo.
El Colectivo de geografía colaborativa expuso que, de acuerdo al Servicio Geológico Mexicano, la mayoría de los depósitos de litio en México son en arcillas. Un tipo de depósito sobre el cual actualmente no existe en el mundo ninguna explotación comercial. La tecnología para ello está en desarrollo, es controlada por empresas privadas y presenta muchas incertidumbres, tanto por sus costos económicos e impactos ambientales.
“Aunque la extracción de litio en México continúa en fase proyectiva, podemos vislumbrar las implicaciones que tendría al revisar los detalles técnicos del proyecto Sonora Lithium, en Bacanora, Sonora. El proyecto refería a una mina a tajo abierto de 129 hectáreas, que generaría 131 millones de toneladas de residuos tóxicos durante los 20 años estimados de producción, y 25 millones de toneladas de relaves húmedos que permanecerán para siempre sobre la tierra. Esta mina de litio pretendía utilizar 1.1 millones de metros cúbicos de agua por año en la fase 1, y 1.9 millones en la fase 2.” Apuntaron.
De igual manera, alertaron sobre los bancos de material Pétreo, la extracción descontrolada de arena, grava, basalto, tezontle y otros materiales pétreos, las cuales están en segundo lugar después del agua en los recursos más explotados y afectan irreversiblemente montañas y ríos.
“En México se identificaron 10,965 sitios de extracción: 59% son terrestres y 41% fluviales. El subregistro oficial en el caso terrestre es tremendo, mientras que en imágenes satelitales se observan más de 6 mil bancos, los registros estatales reportan sólo 1,701. Esto evidencia graves problemas de vigilancia, transparencia y daños acumulativos sin monitoreo. Las consecuencias ya son visibles: tramos de ríos muertos o profundamente alterados por décadas de extracción, como el Río San Rodrigo, en Coahuila, cuyo cauce pasó de 300 a 800 metros de ancho en un tramo de 30 kilómetros y hay tramos donde ya no corre el agua” alertaron.
Asimismo, denunciaron que la expansión de estos proyectos bajo cualquier argumento (transición energética, la guerra, las tecnologías digitales o el desarrollo económico), deja tras de sí despojo, devastación ambiental, daños a la salud, violencia y criminalización contra las personas que se oponen a estos proyectos.
En ese sentido compartieron el informe “Minería metálica en América Latina Conflictividad ecosocial y ofensiva corporativa en la era del caos global”, para comprender las dimensiones económicas y geopolíticas del nuevo auge minero, identificar a los actores, intereses y discursos que impulsan la expansión extractiva y, especialmente, para conocer las distintas comunidades que resisten día a día para salvaguardar sus territorios.











