
La mejor política exterior es la política interior, solía repetir Andrés Manuel López Obrador para explicar el ejercicio de su gobierno; un gobierno enfocado en el desarrollo interno, la soberanía y la no intervención.
Y allá, en la lejanía de la sierra sonorense, muy cerca de la frontera con Estados Unidos, la presidenta Claudia Sheinbaum acude al mismo libreto. Está entre los cerros allá en medio de la nada, donde nacieron hombres y mujeres de carácter recio a fuerza de sobrevivir en condiciones adversas, lejos de todo y de todos y aún así, hacer brotar las milpas, criar el ganado, sacar de las piedras -literalmente- riqueza.
Regresó al mismo lugar, en el mismo templete donde en marzo del año pasado estuvo para comprometerse a concluir una obra que tiene una historia curiosa, por decir amablemente que es la historia, del desgano, del privilegio de unos y el olvido de otros.
La primera vez que los habitantes de esa región en los linderos de Chihuahua, Sonora y Estados Unidos solicitaron al gobierno estatal la construcción de una carretera que conectara a todas las poblaciones de esa zona fue en 1933.
Lo más que hizo el entonces gobernador Rodolfo Elías Calles Chacón fue aportar 500 pesos para iniciar un fondo comunitario que, a la larga, serviría para construir esa rúa. Lo único que sucedió a la larga fue que el fondo desapareció a principios de la década de los 90 del siglo pasado y de los 500 pesos no se volvió a saber nada.
Tuvo que pasar casi un siglo para que el proyecto se retomara, y gente hay que, entre veras y bromas, sostienen que así fue porque al gobierno del estado llegó en 2021 un nativo de Bavispe, Alfonso Durazo Montaño que reinició las gestiones con el presidente Andrés Manuel López Obrador para construir primero la carretera Bavispe-Agua Prieta, y luego la de Bavispe-Nuevo Casas Grandes, que conecta Sonora con Chihuahua.
La que inauguraron el pasado sábado.
No es, ciertamente una obra que iniciaron de cero. En realidad, el proyecto en el que se invirtieron mil 895 millones de pesos ya estaba ahí, pero en condiciones deplorables, con grandes tramos en los que era pura terracería y, quienes conocen la sierra sonorense saben que la terracería es como el piso del infierno.
Son 134 kilómetros los que se intervinieron, de los cuales 18 están en Sonora y 116 en Chihuahua. 67 kilómetros de construcción nueva y 67 kilómetros de conservación, 114 obras de drenaje, dos puentes (uno de 122 metros y el otro de 62; 24 mil metros cúbicos de concreto, más de un millón 300 mil metros cúbicos de cortes en los cerros, 30 mil metros cúbicos de asfalto, por citar algunos datos.
II
Allá donde se cruza la carretera Bavispe Agua Prieta con la que conduce al pueblo de La Mora, allí donde se levantó un memorial por las mujeres y niños de las familias Langford, LeBarón y Miller, asesinados por el narco en 2019, es donde comienzan a llegar desde el mediodía pobladores de la región que atestiguarían la entrega de la obra.
Pero no solo eso. Llegan con la garganta dispuesta para corear el nombre de la presidenta; con cartulinas y lonas impresas con leyendas varias, con megáfonos, con gorras y chalecos y camisetas guinda, del color del partido oficial porque la profesión de fe también es cromática. Entre la multitud sobresalen grandes lonas con el acrónimo de la Confederación de Trabajadores Mexicanos, la CTM que ya se olvidó del PRI pero no de su vocación por el apoyo incondicional, su lealtad a toda prueba (salvo en los casos no utilitarios) y sus ganas de aparecer sobre todo cuando soplan vientos preelectorales.
III
La presidenta llega a eso de las seis de la tarde, cuando el sol se está ocultando, el viento comienza a enfriar y una preciosa luna llena emerge entre los cerros del atardecer rojizo.
Claudia baja de la camioneta en la que llega acompañada del gobernador. Se deja querer, escucha las porras y los gritos, pasea la mirada por el paisaje rural y agreste, sonríe, levanta los brazos, los agita en el aire, vuelve a sonreír.
Le hace falta porque apenas un día antes estuvo en Baja California y las cámaras la captaron en su versión más fiera. Regañando a grito abierto a diputados y diputadas cachanillas que le pedían una foto con ellos y a los que conminó, agitando el flamígero dedo índice de su mano derecha, a volver al territorio, a regresar con la gente, a trabajar, pues, por el proyecto.
Fue un ‘regañadón’ que se volvió viral en redes sociales y medios tradicionales, y quizá por eso ni en el templete ni en ningún lado estuvieron los pre-pre-pre candidatos a la gubernatura de Sonora, Lorenia Valles Sampedro y Javier Lamarque, que suelen aparecer lo mismo en un funeral que en una piñata.
IV
A la presidenta no le fue muy bien en Baja California, Hubo infinidad de reclamos populares, pero también tuvo que pasar el trago amargo de dar el espaldarazo a la gobernadora María del Pilar Ávila, que está envuelta en una fuerte polémica después de que el gobierno norteamericano le retirara su visa y también a su marido Carlos Torres, de quien se acaba de divorciar y está siendo investigado por delitos de delincuencia organizada, narcotráfico, huachicol y lavado de dinero. Casi nada.
En Sonora fue diferente. Acá llegó a agarrar aire, a relajarse un poco, a divertirse con el tipo del megáfono que le estuvo contestando todas las preguntas que hacía, en esa rutina un poco magisterial que ha adoptado como práctica de conexión con el auditorio:
¿Cuál fue la primera transformación?
¡La independencia!, contestaba el tipo del megáfono.








