En México se observa claramente que las personas dedicadas a la ciencia, la investigación y el saber profundo tienden a distanciarse de las posturas de derecha y ultraderecha. No es una regla absoluta, pero sí una tendencia que responde a la propia naturaleza del conocimiento, y que queda reflejada en la trayectoria de muchas de nuestras figuras más reconocidas.
La primer razón o motivo de dichos pensadores es el apego a la evidencia frente al dogma. Queda muy claro que en la ciencia y la academia sobre todo en la investigación estas se construyen sobre la duda, la comprobación y la disposición a cambiar de opinión ante nuevas pruebas dado a que su principal objetivo es encontrar o descubrir nuevas respuestas ante los problemas que nos desafía la realidad. Por el contrario, muchas posturas conservadoras o extremas incluyendo el fanatismo suelen basarse en creencias fijas o narrativas que no se ajustan a los hechos. En nuestro país, investigadores del INAH o la UNAM han documentado durante décadas la diversidad cultural y las desigualdades históricas; hallazgos que chocan directamente con discursos que pretenden imponer una sola visión de país o negar realidades como el racismo y la marginación indígena.
Otro elemento a considerar las razones del pensamiento crítico lo constituye, la formación académica que enseña a ver la realidad como algo complejo, no en blanco y negro. A veces me entristece como las personas incluyendo a familiares y amigos se mantienen en posturas sumamente rígidas dejando de lado muchos elementos de análisis que bien podría ayudar a tener un enfoque más realista e integral ya que los problemas no tienen soluciones simples ni se reducen a culpar a grupos específicos. Economistas e historiadores del Colegio de México o del Centro de investigación y docencia económica como Pablo González Casanova o Enrique Krauz, explican que la pobreza no se debe a la falta de esfuerzo individual, sino a estructuras profundas y fallas institucionales. Esa visión matizada es difícil de conciliar con los discursos simplistas que suelen usar las posturas extremas donde se afirma que el trabajador debe dar más esfuerzo para salir de la pobreza, otorgando con ello la responsabilidad al trabajador.
Otro punto clave es el valor de la igualdad y la inclusión, principios base del método científico: una verdad sirve para todos, sin distinción. Muchas corrientes de derecha defienden jerarquías o exclusión como base de la normalidad; en cambio, intelectuales como Carlos Monsiváis o Octavio Paz (QEPD) estuvieron siempre del lado de la diversidad, los derechos humanos y la democracia, rechazando cualquier forma de discriminación o autoritarismo.
También influye la apertura al cambio. La ciencia avanza transformando lo que sabemos; las ideologías de derecha suelen priorizar conservar lo antiguo. Por ejemplo cuando se debaten la educación laica, derechos de la comunidad LGBTQ+ o cuidado ambiental, figuras como la científica y actual presidenta de México Claudia Sheinbaum así como el filósofo de la ciencia Ely de Gortari (QEPD) impulsor del materialismo dialectico, ambos de mi querida alma mater la Universidad Nacional Autónoma de México, han defendido el progreso basado en datos, frente a posturas que se oponen al cambio por tradición sin sustento.
Por último, el compromiso con el bien común. La investigación busca beneficios para todos; las posturas extremas suelen favorecer intereses particulares. A lo largo de la historia, intelectuales y políticos con formación académica hasta investigadores actuales que defienden la transparencia han puesto el conocimiento al servicio de la sociedad, alejándose de propuestas que concentran poder o dejan atrás a los más vulnerables .
Es importante aclarar que existen personas cultas y científicas de derecha en México, y que no todo pensamiento distinto es erróneo. Pero hay una distancia natural entre el pensamiento riguroso, crítico y abierto que exige el saber, y las características que suelen definir a los extremos: rigidez, falta de evidencia, exclusión y rechazo a entender la complejidad de la realidad.





