En junio, las elecciones legislativas en la entidad reconfiguran el mapa político: el PRI fortalece su posición, mientras PAN, PVEM y MC pierden registro estatal; en el mismo mes, Morena inicia su registro de aspirantes y mide fuerzas para 2027
Juan Ricardo Pérez Escamilla
Junio fue el mes de la resaca electoral. El estudio ARMA reveló que las elecciones legislativas de Coahuilareordenaron el tablero opositor, dejaron sin registro estatal a tres partidos y detonaron una guerra de denuncias entre Morena y el PRI. Al mismo tiempo comenzó el registro de aspirantes rumbo a 2027, una primera medición de fuerzas dentro y fuera de la coalición oficialista.
El priismo se quedó con el tema dominante del mes: una victoria de dos a uno en el Congreso de Coahuila que Morena intentó desacreditar con acusaciones de compra de votos. Alejandro Moreno convirtió ese resultado en plataforma para relanzar su propuesta de una alianza opositora con PAN y MC. Hubo episodios negativos, como los señalamientos sobre injerencia extranjera y la violencia contra una diputada local, pero no alteraron la narrativa. La victoria electoral le devolvió al PRI algo que hacía tiempo no presumía: capacidad para marcar la agenda mediática.
El Partido Verde perdió el registro local en Coahuila, aunque el golpe pasó casi desapercibido frente a una cobertura centrada en el arranque de sus procesos internos y en iniciativas legislativas de bajo perfil. Karen Castrejón fortaleció su presencia con el registro para Guerrero y el partido mantuvo un tono predominantemente positivo. El Verde demostró que sabe crecer sin hacer ruido.
Coahuila también dejó heridas en Acción Nacional: perdió su registro estatal y reavivó el debate sobre la conducción de Jorge Romero. La denuncia contraLópez Obrador ante la Corte Penal Internacional le dio visibilidad al partido, pero también abrió un frente de críticas. A ello se sumó la impugnación interna de la reforma que permite la reelección de su dirigencia. Mucho reflector, pocos dividendos.
Fue el partido con mayor exposición, pero no con las mejores noticias. Los retrocesos en Veracruz, Durango y Coahuila llevaron a Ariadna Montiel a responder con denuncias contra el PRI por presunta compra de votos, mientras el partido enfrentó presiones de la CNTE, cuestionamientos sobre la cancelación de visas a sus gobernadores y el debate por el caso Félix Salgado Macedonio. También avanzó en sus registros internos y defendió su narrativa de soberanía, aunque el saldo fue claramente negativo. Gobernó la conversación, pero no el relato.
El Partido del Trabajo pasó un mes de bajo perfil. Su agenda giró alrededor del registro de aspirantes y de la coordinación con Morena y el PVEM rumbo a 2027, aunque el resultado de Coahuila y el episodio del diputado que interpretó un narcocorrido en el Congreso de Michoacán rompieron esa discreción. Su papel volvió a ser el de aliado confiable más que protagonista.
MC apostó por la vía jurídica y la confrontación política. Jorge Álvarez Máynez impugnó la reforma electoral de Michoacán y denunció una presunta elección de Estado en Coahuila, pero la pérdida del registro en esa entidad y los problemas que rodearon a algunos de sus cuadros terminaron pesando más. El partido conservó identidad propia, aunque junio confirmó que todavía le cuesta convertir sus litigios en victorias políticas.








