
Cuando se oficializó la asunción de Manuel Ignacio Acosta, mejor conocido como “El Maloro” a la dirigencia estatal del Partido Verde Ecologista de México en Sonora, no fueron pocos los que estallaron en burlas hacia Morena por el trago amargo que tendrían que pasar al sentarse a la mesa con alguien que ideológicamente se encuentra en las antípodas programáticas de la izquierda.
Y tenían (tienen) razones para ello. En este mismo espacio consignamos en su momento la posición del ingeniero Javier Ruiz, que en un artículo publicado en sus redes sociales llegó a definir al Maloro como un exponente del sionismo evangélico trumpista, que vendría siendo algo así como el mismísimo demonio al que habría que cerrarle las puertas del castillo de la pureza de la izquierda mexicana.
¿Qué representa el citado ingeniero Ruiz en Morena? No lo sé de cierto, pero lo supongo, forma parte de un sector de Morena que se forjó en la izquierda universitaria y ha ocupado algunos cargos de medio pelo en la burocracia de gobiernos como el municipal que encabezó José Guadalupe Curiel en Navojoa allá por la década de los 90, y creo -no estoy seguro- también en la administración del panista Guillermo Padrés, en el que varios personajes del perredismo se mantuvieron firmes en sus convicciones izquierdistas y puntuales en el cobro de la nómina gubernamental.
A estas alturas, eso es irrelevante, aunque sirve para ilustrar el escozor de algunos morenistas ante la llegada del Maloro Acosta a la coalición que encabeza Morena. La propia dirigente estatal de ese partido, Judith Armenta declaró recientemente, a propósito del caso, que si bien la alianza con el Verde es una decisión de las dirigencias nacionales de esos partidos, en lo local todavía no hay una decisión. Lo hizo con tan mal ‘timing’, que ese mismo día apareció en redes sociales una fotografía en la que posan, muy juntitos y sonrientes el Maloro Acosta y el secretario de Gobierno, Adolfo Salazar Razo, que quizá no sea trumpista ni sionista, pero en eso del evangelismo ha presumido su afinada voz entonando alabanzas al Señor, con más sentimiento que el que mostraría el mismísimo Maloro en alguna festividad pagana con mariachi o banda.
Pero bueno, también eso es irrelevante.
El punto son las burlas que hacia los morenistas se plasmaron en las redes cuando se anunció la incorporación del Maloro a la alianza y que, hay que decirlo, no provinieron de dirigentes o personajes importantes del priismo o del panismo, sino de eso que Umberto Eco llamó “la legión de idiotas”, que pontifican de cualquier tema en redes sociales, sin entenderle bien a tales temas.
En esos días, desde este espacio se planteó una pregunta inquiriendo sobre los efectos que, en el terreno más pragmático tendría la incorporación del exalcalde a la coalición morenista, asumiendo que la legión de idiotas podía solazarse con los sapos que tendrían que tragar algunos morenistas, pero a la luz del pragmatismo político más descarnado, ese que le permitió a Morena quitarle los votos suficientes al PRI y al PAN para construir la mayoría hegemónica en el país, el Maloro terminaría quitándole votos al PRI, no a Morena.
La confirmación no tardó en llegar. En el proceso para elegir al precandidato(a) de Morena y aliados a la gubernatura, el diputado Omar del Valle Colosio, del PVEM tuvo un encuentro en Hermosillo al que asistieron más de 500 personas.
¿Y saben cuál fue el contingente más nutrido en ese evento?
Si la malorista lectora, el verdeecologista lector creen que allí estaban los líderes y las lideresas priistas que todavía quedan en la estructura que se articuló durante la administración del Maloro como alcalde del PRI, acertaron.
Entre la gente pensante del PRI y del PAN no hay fiesta por esto. En la legión de idiotas (Umberto Eco dixit) sí. Porque estos últimos opinan, con suficiencia encomiable, que la mayor victoria moral es la de ver a los morenistas pactando con personajes de otros partidos, de los partidos en los que militan o con los que simpatizan. Los que en el PRI y el PAN tienen una mejor lectura de los hechos no festinan y, antes bien, observan con seriedad lo que sucede (porque además lo saben por experiencias propias) la cooptación de liderazgos y bases electorales del adversario, suma para su causa.
Ofrezco tres ejemplos:
Omar del Valle dijo que son tan importantes los que sembraron, como los que hicieron crecer la semilla.
Célida López preguntó (confirmando lo que en este espacio se ha planteado desde hace años) dónde estaban los votantes de Morena antes de 2018, y ella misma se respondió: votando por el PRI o por el PAN.
Lorenia Valles fue más allá. Nacida a la vida política en la izquierda, llegó el momento en que se desencantó de las guerras tribales que en algún momento acabaron a sillazos en un mitin del PRD en la Ciudad de México y optó por la incorporación a un proyecto más amplio e incluyente.
Aquí es donde cabe la legión de idiotas aplaudiendo que personajes de oposición se sumen a las nuevas mayorías porque con eso debilitan ideológicamente al grupo gobernante, pero no ven, ni por asomo, que con ello, en realidad lo que hace el gobierno es debilitar a la oposición a partir de la cooptación de liderazgos y bases electorales.
Y lo deberían de saber, porque si en algo hizo escuela el PRI durante 80 años fue en eso; el PAN lo quiso copiar, pero no le alcanzó más que para doce años.
Morena está haciendo lo mismo, no está inventando nada.
¿Cuánto le va a durar? No sé, pero todos deberían de saber la moraleja de que ninguna alegría es permanente, y ninguna pena dura para siempre.
Y para concluir, me quedo con una imagen que ojalá vean todos, incluso la legión de los idiotas. No la publico porque es demasiada violencia político-visual, pero en ella aparece la priista Anabel Acosta, abrazada y muy sonriente con la panista Célida López, ambas de historias personales muy distintas, pero hoy juntas en ese proyecto de unidad y lucha de contrarios (para aludir al marxismo tan vituperado y tan actual).
En resumen, la legión de idiotas es encantadora para Morena. Son sus mejores aliados, porque en su realidad aparte vaticinan la caída del régimen, y en sus vidas cotidianas, piensan que lo van a tumbar con un tuit.
¡Suerte!
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