LOS NOTICIERISTAS
Guasave, Sinaloa. – Hace casi once años, la vida de Ceci Patricia Flores cambió para siempre. El 30 de octubre de 2015, su hijo Alejandro Guadalupe Islas Flores, de apenas 21 años, desapareció cuando se dirigía a Los Mochis. Desde entonces, la búsqueda de su hijo se convirtió en la misión de su vida.
Con el paso de los años, el dolor personal dio origen a una de las voces más visibles del movimiento de madres buscadoras en México. Hoy, al frente del colectivo Madres Buscadoras de Sonora y Sinaloa, Flores ha participado en la localización de más de cinco mil personas, tanto con vida como sin vida, llevando esperanza a cientos de familias que comparten la misma incertidumbre.
¿Cómo ha sido su vida?
Su historia está marcada por pérdidas, amenazas y resistencia. Llegó a tener a tres de sus hijos desaparecidos al mismo tiempo. Uno de ellos regresó con vida en 2019 y otro fue localizado después de siete años de búsqueda. Sin embargo, Alejandro continúa desaparecido.
Yo sabía que era la única esperanza que tenían mis hijos para volver a casa, recuerda.
¿Qué representa para ella la búsqueda de personas?
Para ella, la existencia de colectivos de búsqueda representa el fracaso de las instituciones encargadas de investigar las desapariciones.
No debería haber madres buscadoras; deberían ser las autoridades quienes hicieran este trabajo, sostiene.
Hoy, instalada en Sinaloa, continúa encabezando jornadas de búsqueda con la esperanza de encontrar una respuesta. Su lucha ya no solo es por Alejandro, sino por las miles de familias que, como ella, esperan volver a abrazar a un hijo o, al menos, tener un lugar donde llorarlo.
Mientras ese día llega, Ceci Patricia Flores sigue caminando entre brechas y terrenos abandonados con una convicción inquebrantable: no dejar de buscar hasta encontrarlos.










