Expertos de la organización sanitaria internacional advierten de que se dispara el riesgo de una nueva emergencia de salud pública mientras la inversión y las medidas para hacerle frente se estancan
Jessica Mouzo
El planeta está al borde de un abismo: el riesgo de una nueva pandemia, incluso más devastadora que las anteriores emergencias de salud pública, se ha disparado; pero la inversión y las medidas para hacer frente a una amenaza de estas dimensiones se han estancado o menguado. Según un grupo de expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que ha analizado el grado de anticipación y respuesta para brotes epidémicos tras la crisis del ébola de hace una década, “la preparación global no está a la altura del riesgo de pandemia”. La situación es “alarmante”, concluyen: el riesgo de pandemia empeora, la confianza de la ciudadanía se está erosionando y la desigualdad se está enquistando. “El mundo no es más seguro”, avisan. Sus advertencias llegan, precisamente, 24 horas después de que la OMS haya vuelto a declarar la emergencia global por un nuevo brote de ébola en la República Democrática del Congo y Uganda.
La Junta de Monitorización de la Preparación Global (GPMB, por sus siglas en inglés), el grupo de la OMS que firma el informe, se creó hace ocho años para “ayudar a garantizar que el mundo nunca más experimentara una crisis devastadora como la epidemia de ébola en África occidental”, cuentan. Esa emergencia sanitaria cristalizó las deficiencias en la preparación ante brotes epidémicos e impulsó reformas para afrontar potenciales pandemias. Pero la inversión y las medidas desplegadas en estos años han sido insuficientes. Desde la crisis del ébola de 2016, el planeta ha sufrido cinco grandes emergencias de salud pública, incluida la de la covid, la mayor pandemia de este siglo.
En estos años, han surgido iniciativas y mecanismos para responder a nuevos desafíos de salud, como el Fondo para Pandemias o el Acuerdo de la OMS sobre Pandemias, pero el mundo es “más volátil, incierto, complejo y ambiguo” que hace una década, asumen los expertos. Y hay “señales alarmantes” de que, a pesar de las inversiones recientes, “la resiliencia podría estar debilitándose en lugar de fortaleciéndose”.
Los científicos observan que los brotes de enfermedades infecciosas son cada vez más frecuentes y de mayor impacto (más casos y muertes), el impacto económico a corto y largo plazo de las emergencias sanitarias está creciendo y, además, la equidad en el acceso a medidas sanitarias para responder a las epidemias está menguando. “Está surgiendo una preocupante ‘fatiga de la equidad’, marcada no solo por una menor participación política y financiera, sino también por una disminución de las acciones para mantener el acceso equitativo como una prioridad global”, apuntan.
La conjura mundial para hacer frente a la pandemia de la covid, que disparó la financiación para buscar una vacuna en tiempo récord, por ejemplo, fue solo un espejismo de unidad a largo plazo. De hecho, según los expertos, la ayuda al desarrollo destinada a la salud ha vuelto a niveles del año 2009. “Las inversiones en preparación se han fortalecido desde la pandemia de la covid, pero el cambio en las prioridades geopolíticas amenaza con socavar este progreso”, subrayan los autores.
El mundo se encuentra en una encrucijada y la propia OMS, debilitada en los últimos años con la salida de países como Estados Unidos o Argentina, tampoco pasa por su mejor momento. Son “tiempos difíciles, peligrosos y de gran división”, ha admitido el propio Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general del organismo internacional, durante su discurso de apertura de la 79ª Asamblea Mundial de la Salud, que se celebra este lunes en Ginebra (Suíza). Los conflictos bélicos, las crisis económicas, el cambio climático y los recortes en las ayudas al desarrollo han pasado factura a las políticas de salud global y la dimensión de las consecuencias que tendrá todo esto está por ver.
A juicio de los expertos, las tendencias actuales dibujan “un futuro en el que las pandemias y otras emergencias de salud pública podrían volverse más frecuentes, más disruptivas y más difíciles de gestionar, en un mundo más vulnerable, más incierto y marcado por la creciente desconfianza y las crecientes desigualdades”. Los científicos creen que si no se produce un cambio radical en la capacidad de los profesionales de salud para afrontar los factores que impulsan las pandemias y no se toma un compromiso real con la equidad, “el mundo corre el riesgo de entrar en un ciclo de crisis sanitarias cada vez más aceleradas, donde cada nuevo impacto erosiona aún más la resiliencia y profundiza las fracturas existentes”.
Los autores recuerdan que se está descuidando el enfoque One Health (Una salud), que reconoce que la salud medioambiental, animal y humana están interconectadas. E insisten en que la confianza y la equidad, que son la base de la prevención y el control de enfermedades, se están erosionando. Por ello, abogan por una acción inmediata para “fomentar una confianza amplia y duradera”, defender una “equidad sostenible” e, incluso, enfrentar la desinformación.
¿Cómo hacer todo esto? Los autores proponen crear “un sistema de monitorización de riesgos pandémicos independiente”, que haya un acceso equitativo a medidas sanitarias contra crisis de salud que vayan surgiendo, que exista un “compromiso político sostenido e inquebrantable” con la preparación para pandemias y financiación sostenible para el llamado “día 0”, en referencia al primer día que aparezca una nueva emergencia sanitaria.
Una amenaza creciente
El brote de hantavirus desatado hace un par de semanas en un crucero que surcaba el Atlántico puso en alerta a todo el globo y despertó el fantasma de una nueva pandemia. El episodio infeccioso, que hoy está aparentemente contenido, sirvió de recordatorio de una amenaza que se cierne cada vez con más peso sobre la humanidad: las enfermedades infecciosas zoonóticas, que son las transmitidas de animales a personas, se han disparado en las últimas décadas, alentadas, en buena medida, por el cambio climático y la presión humana sobre los ecosistemas animales.
La comunidad científica estima que, como el hantavirus, hay 10.000 virus, la inmensa mayoría aún desconocidos y circulando silenciosos por mamíferos silvestres, que tienen capacidad de infectar a los humanos. No todos tendrán potencial pandémico, pero basta uno mínimamente eficiente, como ocurrió con el SARS-CoV-2, causante de la covid, para poner en jaque a todo el planeta.
“Si bien la carga habitual de enfermedades infecciosas está disminuyendo, la frecuencia y la gravedad de las emergencias sanitarias a gran escala están aumentando”, avisan los expertos de la OMS. Según su informe, en 2024, la organización sanitaria detectó casi el doble de emergencias sanitarias que en 2015.
La organización sanitaria internacional tiene a una decena de virus en el punto de mira, bien sea por su potencial pandémico o por la escasez de medidas para combatirlos: está el de la covid, el causante de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, el ébola, el virus de Marburgo, el que provoca la fiebre de Lassa, el coronavirus del síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV), el síndrome respiratorio agudo grave (SARS), el nipah, el henipavirus, el de la fiebre del Valle del Rift y el Zika. El último hueco de la lista lo guarda para “la enfermedad X”, en alusión a ese potencial escenario donde un patógeno todavía desconocido sea el causante de una epidemia internacional grave.
“Los virus necesitan un hospedador donde vivir. Y mutan, evolucionan. Puede pasar que alguno salte al humano y provoque una enfermedad o que no dé síntomas. También puede haber un salto de un agente que no conocemos. Eso puede ocurrir, pero hay que vivir con ello sin estar asustados. Lo crucial es mantener los sistemas de vigilancia y respuesta”, tranquiliza María Paz Sánchez Seco, investigadora del Ciberinfec en el Centro Nacional de Microbiología del Instituto de Salud Carlos III.










