LA JORNADA
Ensenada, BC. El estatus de la población de totoaba (totoaba Macdonaldi) del alto Golfo de California podría cambiar de “peligro crítico” a “vulnerable” porque “está en mejores condiciones de lo que nos imaginábamos”, informó el investigador, Conal David True, de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), quien lleva 35 años estudiándola.
Responsable de la Unidad de Manejo Ambiental (UMA) de reproducción y crianza de la especie, sus investigaciones indican que hay suficiente variedad genética “para garantizar la continuidad del repoblamiento” que ha realizado la UABC , de tal manera que se puede cambiar el estatus.
La pesca de esta especie endémica del Alto Golfo se prohibió para proteger a la vaquita, el mamífero marino más pequeño del mundo que se encuentra al borde de la extinción debido a su captura incidental en la pesca furtiva de totoaba, codiciada por su vejiga natatoria en el mercado asiático. Y aunque parece un tema solo ambiental, la decisión tuvo un impacto económico en la comunidad de San Felipe, que nació y vivió de la pesca.
La UMA de la UABC —la primera que se registró a nivel nacional en 1994— le vendió las primeras crías de totoaba no solo a la empresa Earth Ocean Farms, asentada en La Paz, Baja California Sur, sino a todas las que actualmente se dedican al cultivo de la especie.
La cría surgió como un proyecto académico, de conservación —cada año la UABC suelta miles de ellas en el Alto Golfo, en 2025 eran ya 224 mil— y “terminamos construyendo una fábrica de peces, una maquila de peces. La maquila no tendría sentido si no podemos ejercer esa parte de producción comercial. ¿En dónde vamos ahorita en este momento?, en que la totoaba de acuacultura ya se puede vender”.
“Vuelve a estar en el menú de los restaurantes; hoy día de acuacultura, en el futuro potencialmente otra vez de la pesca”. La UABC tiene tres salas de reproducción que funcionan mediante la recreación artificial de las épocas del año, con el fin de promover el cultivo de totoaba para las empresas que quieran engordarlas y venderlas y para la liberación en el Golfo de California.
Conal David True explicó que según la trazabilidad genética realizada por el también investigador de la UABC, Luis Enríquez, hay una variedad importante de familias genéticas.
Hizo una analogía con apellidos: “si lo vemos de manera muy simple, no todos son Gómez Hernández; hay Gómez Hernández, hay Gómez Pérez, hay Gómez Fernández y luego hay Fernández González y la verdad es que hay un sinnúmero de familias, tantas familias que realmente no se justifica pensar en que la especie esté críticamente amenazada”.
La UABC está hoy día en posibilidades de distinguir cuando un ejemplar forman parte de los liberados en el alto Golfo de California y cuándo es parte de la población silvestre, lo han probado cuando les mandan al laboratorio algún cargamento decomisado. ¿Cómo lo saben?
“Porque el Dr. Enriquez desarrolló un método de marcaje a través de trazabilidad genética. La realidad es que lo que hizo es una prueba de paternidad, entonces de los animales que tenemos en laboratorio, las unidades de manejo que somos nosotros, el Instituto de Acuacultura de Sonora y la empresa que está en La Paz —Earth Ocean Farms—, todos los reproductores que están en cautiverio están en una base de datos, sabemos quiénes son”.
“Esperamos que en un futuro, no sabemos exactamente cuándo, se logre recuperar una captura regulada. ¿En base a qué?, a que la población ya no está críticamente amenazada, es una especie vulnerable que potencialmente sería posible utilizarla y que pudiéramos promover su uso siempre y cuando continuemos haciendo la evaluación del recurso y repoblando, para que lo que saquen del mar lo repongamos”.
El “padre” de la totoaba afirmó que un ejemplar puede llegar a medir 2.20 metros y que para obtener un “buche de a kilo”—él que prefiere el mercado ilegal— es necesario un animal de 25 a 37 años de edad y que alcance un peso de hasta 180 kilos.
Este mercado tiene un origen trasnacional; la demanda por el producto bajacaliforniano surgió cuando la bahaba —una especie de curvina asiática considerada una “prima” de la totoaba— casi se agotó de sus mares por la sobreexplotación. Al descubrirse el sustituto mexicano se compró en miles de dólares —en 2017 reportaban hasta 8 mil 500 dólares por buche—.
Describió, como dato curioso, que las curvinas, familia a la que pertenecen tanto la totoaba como la bahaba, se les conoce coloquialmente como “roncadores” o “tambores”, debido al sonido característico que producen principalmente los machos con su vejiga natatoria y “un par de músculos”.
En 1952, recordó, el biólogo, Julio Berdegué, —padre del actual secretario de Agricultura y Desarrollo Rural— describió por primera vez la totoaba como una especie de importancia pesquera.
“Se habla de que en 1960 se estaba capturando alrededor de unas 2 mil toneladas al año, y luego drásticamente disminuye la captura a 50 toneladas” —es decir bajó a 2.5 por ciento de lo que originalmente se capturaba— y en 1972, México decide proteger a la especie: impuso vedas por talla, por época de captura y por cantidades, y al final decidieron veda por completo. Se ingresó en 1974 a un tratado internacional, se subieron muchas especies que están hoy día protegidas, como en lista roja”.
ENLACE: La Jornada – Mejoran condiciones de totoaba; dejaría estatus de “peligro crítico” a “vulnerable”










