El de Sonora remata sus siete noches en la Sphere y prepara cuatro más para el próximo año, en un espectáculo donde brillan sus compatriotas. “Este concierto sirve de voz para empoderar al latino”, dice en esta entrevista con EL PAÍS
María Porcel
Siete noches con el cartel de No hay billetes. Casi 140.000 espectadores. Una ciudad angloparlante tomada por el acento mexicano. Y, sobre todo, la bandera de ser el primer mexicano, el primer latino y el primer cantante en español en tener una residencia en la célebre Sphere de Las Vegas (Nevada), uno de los recintos más codiciados de Estados Unidos desde su apertura en 2023. El sonorense, de 37 años, ha dejado durante 10 días bien alto el nombre de México y lo ha hecho en un país en el que ser latino, hoy en día, es difícil, y presumir de ello, más aún. “Nos dimos cuenta hace muchísimo tiempo el poder que tiene nuestra identidad, el poder que tienen las cosas que son únicas en nuestro lugar. Y yo he soy muy partidario de eso”, afirma León en una entrevista con este diario.
Pero no todo ha sido azúcar para el rey del regional mexicano. Un traspiés, un error de cálculo, le costó la primera de sus noches de la segunda parte de su residencia, así como el enfado y, peor aun, la decepción de miles de fans. Tras cantar las tres primeras noches, el cantante regresó a su Hermosillo natal. Debía estar de vuelta en Las Vegas para el concierto del jueves 10 (así como para los del 11, 12 y 13). Pero a su avión, que salía a mediodía, le fallaron los frenos. Pidió otro. Le falló la dirección. Intentó subir a una aeronave comercial, como contó su pareja en redes, pero no había espacio. El resultado fue que, pasadas las ocho y media de la tarde, una voz por megafonía canceló el espectáculo, alegando “razones de seguridad”, y moviendo la fecha hasta el 15 de septiembre… de 2027. La incredulidad se apoderó del recinto, con pataletas, abucheos y gritos de “¡Culero!” incluidos.
León se disculpó en sus redes sociales, primero con un texto y después, para disipar rumores y hacer ver que se encontraba bien, con un vídeo. Logró llegar a Las Vegas el viernes, colgó sus ensayos en Instagram, para tranquilidad de sus fans. Ahí decidió cancelar su encuentro con la prensa —medios de Argentina, México, Colombia, España… habían volado específicamente hasta el sudoeste estadounidense para verle— y salió al escenario, ya lleno de energía. El sábado, finalmente, decidió hablar con media docena de medios, y también mantener un encuentro en exclusiva con EL PAÍS. Y ahí quiso contar cómo se sentía.

“Entiendo el sacrificio que hace la gente. Yo también fui fan y entiendo lo que se gasta. La verdad es que nunca me ha tocado estar en esta situación”, reconocía, pausado, tocado con su sombrero negro de pluma dorada. “Mis disculpas, porque a fin de cuentas el error siempre va a ser de nosotros. Es cuestión de mejorar más cosas”, aseguraba, explicando que este tipo de “tragos amargos” pueden ocurrir en “cualquier carrera de cualquier artista”.
La verdad es que nunca me ha tocado estar en esta situación. Mis disculpas, porque a fin de cuentas el error siempre va a ser de nosotros.Carín León, sobre su cancelación en la Sphere de Las Vegas.
“Muchas disculpas y muy apenados, pero seguimos enfocados en lo que viene y en seguir demostrando por lo que estamos aquí. De hecho, el show de ayer fue una locura”, comentaba, en referencia al del viernes, en el que sacó al escenario a dos clásicos como Pepe Aguilar y Lupe Esparza, del grupo Bronco. “Fue poder seguirle. Siempre soy muy partidario del presente. Seguimos trabajando, gracias a Dios le damos todo a nuestro trabajo y vamos a seguir trabajando para que la gente siga orgullosa de nosotros”.
León y todo su equipo quieren ya poner punto final a la polémica y, como él dice, enfocarse en el futuro. También en el mensaje que estos conciertos transmiten: para ellos, en un momento en el que los latinos están siendo perseguidos y vilipendiados en Estados Unidos, es especialmente poderoso poder enviar ese mensaje de unidad que solo la cultura puede lograr. Llevan pensando años en esta serie de conciertos, pero nunca imaginaron encontrar una tensión política como la actual. Él, pegado a la actualidad, sabe bien que algunos de sus compatriotas tendrán incluso miedo de acudir a recintos multitudinarios como este por posibles detenciones por parte de ICE.

“Es un rollo muy delicado”, reconoce, “pero creo que nosotros los mexicanos siempre nos hemos apoyado mucho en el arte, en nuestra música, en nuestra cultura, nuestra gastronomía. Creo que es nuestra fuerza más fuerte, nuestro sentido de comunión, de comunidad, de familia”. De hecho, él convierte la música en algo más, en una comunión cultural que arrastra a miles de personas.
La entrevista se realiza en la algo mareante planta 90 del hotel Fontainebleau, que ha customizado para la ocasión. Por sus pasillos suena más música en español que nunca. Hay photocalls con sillones de piel, sombreros y botas de cowboy en el lobby del hotel; de hecho, las botas y los sombreros han tomado estos días los conciertos y el paisaje de Las Vegas. También ha recreado en el hotel una sucursal de su taquería, El Coyote del Norte, con colas de más de hora y media para hacerse un taco que cuesta 23 dólares. Además, ha colaborado con Cantina Contramar, la hermana pequeña de la Contramar de Ciudad de México, creada por la chef Gabriela Cámara, que abrió hace unos meses en Las Vegas, para un menú efímero.
“La verdad, siempre voy a apoyar a cualquier mexicano”, afirma, al hilo de las persecuciones y las ofensivas migratorias y políticas que están viviendo muchos de ellos. “Quitando de afuera el ego, si le va bien a un hermano, va a ir bien a mí, entonces siempre soy muy partidario de eso. Así que si este concierto sirve de voz para empoderar al latino en este momento, para empoderar al mexicano… Porque esa es la idea, no hay sueños imposibles; los mexicanos somos chingones y nos vamos a reponer de esta y de más de mil patadas, porque desgraciadamente nos han tocado muchos golpes, pero siempre volvemos más fuertes”.
Una residencia anhelada hace años
Esta residencia era tan soñada para ellos que, como explica, la tenía en el punto de mira desde incluso antes de que se inaugurara la Sphere en 2023. “Ni existía el venue”, explica sobre cómo empezó a gestarse su serie de conciertos. “Es una cosa de locos… Nos enteramos de que iba a ser posible, de que lo iban a construir. Desde dos años antes de que lo construyeran, dijimos: ‘¿Sabes qué? Tenemos que estar ahí sí o sí. Porque esto va a revolucionar el mundo, porque esto va a ser otra cosa’. Y empezamos a trabajarlo”.

Llevar el desierto de Sonora hasta el desierto de Nevada fue idea suya junto a su equipo, y siempre tuvieron claro que, disponiendo de un escenario como ese, tenían que aprovecharlo para mostrar su raíz. En el escenario ha tocado junto a artistas tan distintos como Cristian Castro, Kany García y el grupo Intocable. Le encanta mezclar, juntando su esencia con géneros del mundo. “En Hermosillo se escucha música regional, pero también se escucha mucho rock, hay flamenco, hay salsa”, dice. “Crecí entre puros músicos por la escuela, cada quien tenía sus proyectos muy variados, muy diferentes: tú que haces salsa, tú que haces jazz… Así armé mi banda, no era meramente regional”.
Las inmensas paredes curvas de una Sphere que mide 112 metros por dentro muestran su Hermosillo natal, sus farmacias, sus abarrotes, su catedral, con una inmensa bandera de México, su Cerro de la Campana, desde el que se ven los mejores atardeceres. “Es un sitio donde hacer las cosas diferentes y poder expresar lo que de verdad queremos”, afirmaba sobre el recinto por el que han pasado U2 o los Backstreet Boys. “Es la herramienta y el medio perfecto para cualquier artista para poder contar una gran historia”. Dentro de un año, volverá a contársela al mundo entero, porque esa brillante bola del desierto se llenará cuatro noches más en septiembre de 2027, para seguir hermanando los desiertos estadounidense y mexicano.







