
A raíz de la renuncia de la presidenta del INE las redes se han inundado de comentarios que van desde los señalamientos personales hasta la corrupción a gran escala de lo que sucede en el instituto electoral; pero hay algo que me llamo poderosamente la atención cuando la presidenta Sheinbaum declara que Guadalupe Taddei no es de morena y que viene desde tiempos donde otros partidos gobernaban, por lo que deja entrever que los posibles actos de corrupción no corresponden a los miembros de su partido.
No hay nada nuevo bajo el sol de la actividad partidista en nuestro querido México, ya que las afirmaciones y señalamientos de corrupción son tan antiguas como el hecho de afirmar que todos los del PRI son corruptos, que no se escapa nadie, igualmente los de morena y por supuesto que los de acción nacional están inmerso en esas actividades de ilegalidad, todas estas afirmaciones son fáciles de repetir, pero no necesariamente se ajustan a la realidad.
La corrupción no nace de un logotipo, de un color ni de una ideología. No es algo que venga escrito en los estatutos de un partido. Es una conducta humana: la decisión de una persona de anteponer su beneficio propio al bien común, cuando tiene poder o acceso a recursos. Se puede dar en cualquier espacio: en una pequeña tienda, en una empresa privada, en una escuela, en una asociación civil y también dentro de los partidos y los gobiernos.
Los partidos políticos son espacios donde conviven personas muy distintas: algunas con vocación de servicio, otras que llegan buscando beneficios. El problema no es el partido por sí mismo, sino que el cargo público abre la posibilidad de manejar dinero y bienes de toda la ciudadanía; esa exposición aumenta el riesgo, pero no convierte automáticamente a cada integrante en alguien corrupto.
Cada persona tiene su propia moral, sus propios límites y sus decisiones. Hay personas honestas en todos los partidos y también hay personas que han elegido actuar mal dentro de todos ellos. No se puede juzgar a todo un grupo por las acciones de algunos.
Esto no significa que debamos dejar de vigilar. Al contrario: reconocer que no tiene siglas nos ayuda a no caer en la trampa de creer que basta con cambiar de partido para que todo se solucione. La solución pasa por reglas claras, controles independientes, transparencia y exigencia individual y colectiva, sin etiquetar a toda una organización o a todas sus personas.
La corrupción atraviesa todas las ideologías. Su origen está en la decisión de cada ser humano, no en las letras que aparecen en una boleta electoral. Es muy común escuchar frases como: “este gobierno es igual o peor que los anteriores”, “todos ellos son iguales”, o señalar a un partido entero como sinónimo de corrupción. Es una reacción comprensible, porque la frustración ciudadana viene de años de ver malas prácticas que parecen repetirse sin importar quién gobierne. Pero hay una diferencia importante que vale la pena aclarar.
La corrupción no habita en un partido político. No está en sus principios ideológicos ni en su nombre. Está en las decisiones de ciertas personas que, al tener acceso a recursos públicos, deciden anteponer su beneficio personal al bien de la ciudadanía. Y esto ocurre en cualquier organización política: hay personas que han actuado con corrupción en el PRI, en el PAN, en el PRD, en Morena y en todos los partidos que han tenido presencia pública.
Decir que “todos los de tal partido son corruptos” es una generalización injusta y poco precisa. Porque dentro de cada movimiento político hay también gente honesta, personas que sirven con vocación y que no han cometido ninguna irregularidad. Agruparlos a todos por igual es perder de vista dónde está realmente el problema: en el comportamiento de ciertos individuos, no en el conjunto de una organización.
Cuando decimos “el gobierno es corrupto”, corremos el riesgo de cometer una imprecisión. Lo correcto y justo sería señalar: “hay personas dentro del gobierno que han actuado con corrupción”. Porque el gobierno está formado por muchas personas con conductas distintas: algunas íntegras, otras cuestionables. No es un bloque uniforme.
La corrupción es, en esencia, una conducta humana. Se presenta cuando una persona tiene poder, acceso a recursos y decide no respetar la ley. No discrimina colores, ideologías ni cargos. Por eso cambiar de partido en el poder no resuelve el problema por sí solo; lo que realmente previene la corrupción son instituciones fuertes, transparencia, rendición de cuentas y, sobre todo, la capacidad de señalar con precisión: a las personas concretas, no a todos por igual.
No se trata de defender a un bando ni de absolver a nadie. Se trata de ser justos: juzguemos los actos y a las personas responsables, sin extender la sospecha sobre miles de personas que hacen bien su trabajo solo porque comparten una afiliación política.
Lamentablemente es muy poco lo que se ha hecho para combatir la corrupción en nuestro país, por eso se habla mucho de impunidad, porque no se castiga a los corruptos, en México existen muchas artimañas legales que hacen posible escabullirse del peso de la ley, una de ellas es presentar pruebas que comprueben los desvíos, los cuales al momento de ser procesados, se alteran o se maquillan para darle una salida legal al acto de corrupción, es por esa razón que la ciudadanía ha perdido la confianza en la aplicación de la ley, ya que esta se maneja de manera discrecional. En México hay muchos casos que sirven como ejemplo como evadir la justicia es un asunto de desvío de dinero y de trafico de influencias; todos conocemos a corruptos que viven en nuestra sociedad y andan libres por pagar fianza o enfermarse para obtener libertad domiciliaria; en México vale la pena ser corrupto porque si el funcionario se roba 200 millones de pesos, sabe que lo van a detener y pasará 2 a 3 años en la cárcel con todas las comodidades y privilegios, y este saldrá libre después de haber gastado 100 millones que repartio entre abogados y jueces, con lo que obtiene su libertad con cien millones, los cuales no los ganaría ni siendo un exitoso empresario en un lapso de dos años, dicho de otra manera quedarme con cien millones libres para mi después de dos años de cárcel es un buen negocio.






