Pertenecimos a una generación forjada en el contraste, pero que entendió a tiempo que la responsabilidad política exigía anteponer un bien superior: acotar el presidencialismo exacerbado, fortalecer los equilibrios de poder y dar cauce civilizado a la pluralidad de la Nación, mediante el diálogo y negociación permanente con quienes, pensando diferente sabemos que la razón no es patrimonio de uno solo.
La imagen que les comparto, corresponde a una de las más recientes conversaciones entre amigos —de esas que solo la madurez política y el afecto sincero permiten— donde coincidimos en que la memoria democrática no es un trofeo del pasado, sino una custodia permanente frente a las constantes tentaciones regresivas.
Cuauhtémoc supo honrar con dignidad y estatura propia los postulados de su padre, el General Lázaro Cárdenas: la defensa de la soberanía, la justicia social y la inquebrantable vocación por un México de causas, nunca de facciones.
Mi solidaridad y mis más sinceras condolencias a su familia, a su hijo Lázaro Cárdenas Batel, a sus hermanos y a sus nietos, a todos los cardenistas y a quienes auténticamente militaron a su lado.
Que en paz descanse.
Manlio Fabio Beltrones Rivera









