Leticia A. Rivera Ju
Imaginemos un océano donde las ballenas ya no puedan escucharse; donde sus cantos queden sepultados bajo el estruendo de enormes embarcaciones. No es ciencia ficción: es uno de los riesgos que enfrenta el Golfo de California, un ecosistema excepcional. La pregunta incomoda: ¿estamos dispuestos a sacrificar su riqueza biológica para transportar gas natural?.
Un santuario convertido en ruta energética
El documental ¿Ballenas o gas?, dirigido por Hugh Pearson y narrado en español por Ximena Sariñana, expone la controversia sobre proyectos de gas natural licuado (GNL) que pretenden utilizar el Golfo como corredor marítimo. Entre ellos están Saguaro Energía, en Puerto Libertad, Sonora; AMIGO ((Operaciones Integradas de Gas entre Estados Unidos y México), GNL (Gas Natural Licuado), en Guaymas, y Vista Pacífico, en Topolobampo, Sinaloa.
Preocupa también el aumento del tráfico de buques metaneros en aguas donde ballenas azules, jorobadas y de aleta se alimentan, reproducen o migran. ¿Es progreso una inversión que no incorpora el valor ecológico de aquello que podría destruir?
Cuando el océano deja de escuchar
Las ballenas dependen del sonido para comunicarse, orientarse y mantener contacto. En las profundidades, donde la luz es limitada, las señales acústicas son una herramienta biológica fundamental.
Diversos estudios han documentado que el ruido de las embarcaciones puede interferir con la comunicación de mamíferos marinos, alterar su comportamiento y afectar el uso de sus hábitats (Erbe et al., 2019). Otro hallazgo relevante muestra que la contaminación acústica puede asociarse con respuestas fisiológicas medibles relacionadas con el estrés (Rolland et al., 2012).
Las ballenas no necesitan morir para sufrir daños: también pueden experimentar alteraciones conductuales y fisiológicas difíciles de advertir desde la superficie.
El costo que no aparece en las facturas
Un informe reciente advierte sobre posibles impactos de los proyectos de GNL, como colisiones con embarcaciones, contaminación acústica y emisiones de gases de efecto invernadero Mar y Educación Ambiental (MAREA, 2025).
La preocupación también es económica. La pesca, el turismo de naturaleza y numerosas comunidades costeras dependen de ecosistemas saludables. Toda evaluación debe considerar efectos acumulativos, rutas marítimas y consecuencias a largo plazo.
¿Desarrollo o pérdida irreversible?
La transición energética exige decisiones complejas. El gas natural puede cumplir ciertas funciones, pero sigue siendo un combustible fósil y no está libre de consecuencias ambientales.
La ciencia no debe justificar inversiones automáticamente ni condenarlas sin evidencia: debe identificar riesgos, evaluar alternativas y advertir cuándo los daños superan los beneficios.
Quizá el verdadero progreso no consista en construir más infraestructura, sino en reconocer qué lugares no deberíamos transformar.
Si algún día el canto de las ballenas desapareciera del Golfo de California, ¿qué explicación ofreceríamos a las generaciones que nunca pudieron escucharlo? ¿Y cómo esto alteraría todos nuestros ecosistemas?
¿Y tú, qué opinas?
*Investigadora independiente






