La dirigencia encabezada por Jorge Romero ha evitado respaldar abiertamente a la gobernadora de Chihuahua en su decisión de detener a su exfiscal César Jáuregui
EL PAIS
“Maru se cayó del caballo”. La frase se repite entre miembros de la cúpula panista desde el pasado fin de semana, cuando el exfiscal César Jáuregui Moreno se convirtió en el primer mexicano procesado por el delito de traición a la patria en tiempos recientes. La detención, ejecutada primero por la Fiscalía Estatal y secundada por la Fiscalía General de la República, supuso un vuelco en la estrategi…
a política de la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos, y abrió un abanico de especulaciones sobre una supuesta entrega pactada con la presidenta Claudia Sheinbaum, según dirigentes del partido conservador consultadas por EL PAÍS. En Palacio Nacional y en la dirigencia del PAN se niega tal pacto, luego de meses de confrontación, pero el episodio ha dejado a la oposición sin uno de sus principales referentes en la batalla electoral contra Morena. Los mismos panistas que en el verano cerraron filas con ella bajo la bandera de “Todos Somos Maru”, hoy son cautelosos y evitan respaldarla abiertamente.
La detención del exfiscal toca varias fibras sensibles para el partido dirigido por Jorge Romero Herrera: por un lado, Jáuregui contaba con una base real de simpatizantes que respaldaban su aspiración para postularse a la presidencia municipal de Chihuahua capital. Sus tres décadas de militancia, además de su calidad de consejero nacional, lo hacían ver como un panista de abolengo al que nadie dejaría quemarse solo en la hoguera. Por otro lado, la caída de Jáuregui no marca el final del Caso Chihuahua, iniciado en abril con la muerte de dos agentes de la CIA luego de participar en un operativo antinarcóticos en la comunidad de El Pinal, en el municipio serrano de Morelos. Aunque la presidenta ha dicho que la FGR no tiene elementos para proceder contra la gobernadora y ha cargado las tintas contra el exfiscal, la dirigente de Morena, Ariadna Montiel, ha pedido mantener abiertas las investigaciones hasta dar con la probable responsabilidad de Maru Campos por la intervención de agentes extranjeros en el desmantelamiento del narcolaboratorio. Todo eso ha dejado maltrecha la imagen de la gobernadora, quien se había convertido en un referente opositor y una probable candidata presidencial del PAN para 2030.
Este miércoles, Jorge Romero ha vuelto a ser cauteloso en sus declaraciones, evitando un respaldo abierto a Maru Campos y una condena contundente al exfiscal. “Nadie está por encima de la ley, del color que sea. Estamos conscientes de que hubo dos carpetas de investigación, ambas por distintos delitos, ambas corriendo su propio curso, ambas tienen que seguir para opinar con más claridad. Pero también decimos que Morena de todo se agarra para politizar y golpear a la oposición con que somos traidores a la patria. Pero atribuirle al personaje traición a la patria es una ridiculez”, ha dicho, sin abundar sobre lo que otros panistas ven como una traición de Maru Campos a su exfiscal o una claudicación frente a la presidenta y Morena, que llevan meses usando el Caso Chihuahua en su narrativa de defensa de la soberanía nacional y rechazo a la injerencia extranjera.
Panistas consultados por EL PAÍS aseguran que el giro en la estrategia de Maru Campos inició el sábado 19 de septiembre, tras la reunión privada que sostuvo con la presidenta antes de su evento por el segundo Informe de Gobierno en el estado de Chihuahua. Lejos de hacer un pacto, la reunión estuvo plagada de reproches, según las fuentes panistas. A diferencia de otros gobernadores -incluso de oposición-, Campos no acompañó a la presidenta en el evento público de su informe, por el temor -de ambas partes- de que su presencia provocara abucheos de un público movilizado principalmente por la estructura de Morena en la entidad. El encuentro, ocurrido en un salón del aeropuerto, fue ríspido, y sirvió para que la presidenta dejara una advertencia sobre la mesa: además del asunto de los agentes de la CIA, la FGR ya investigaba otras irregularidades en las que estaría involucrado Jáuregui, un colaborador cercano a la gobernadora tras 20 años de militancia y trabajo político conjunto.
Jáuregui habría sido advertido de las indagatorias de la FGR, que se desarrollaban en paralelo a las de la Unidad Especializada de la Fiscalía Estatal, encabezada por Wendy Paola Chávez, una instancia que Campos creó en abril para investigar el caso de los agentes de la CIA. Sin embargo, el exfiscal no solo se mantuvo en la palestra, sino que intensificó su activismo político en busca de la alcaldía de Chihuahua; esto, a pesar de que Campos ya había dejado ver su preferencia por la candidatura de Santiago de la Peña, su actual secretario general de Gobierno. El 29 de septiembre, cuando Morena definió que su candidato en Chihuahua sería Cruz Pérez Cuéllar -un expanista afiliado a Morena en 2018-, Jáuregui habría amagado con respaldar a su excompañero de partido en caso de no ser postulado por el PAN en la capital.
Dos hechos más marcaron el destino del exfiscal. Primero, el movimiento que hizo Maru Campos dentro de su gabinete, nombrando como nuevo fiscal del Estado a su hasta entonces secretario de Seguridad Pública, Gilberto Loya Chávez, cuya mala relación con Jáuregui es ampliamente conocida en Chihuahua. Loya integró la carpeta de investigación con la que fue acusado de uso indebido de atribuciones y otros delitos por los que fue detenido y procesado a nivel local. Segundo, el video que difundió Jáuregui el jueves 15 de octubre en sus redes sociales, en el que desafió tanto a la fiscalía estatal como a la FGR, defendiendo sus decisiones que llevaron al desmantelamiento del narcolaboratorio de El Pinal. “Si hoy tuviera que volver a tomar la decisión, estoy absolutamente seguro de que lo volvería a hacer. Si hoy por esos hechos la Federación o el Estado me fincan alguna responsabilidad, estoy listo para asumirla con orgullo”, sostuvo en un video que cerraba con la frase “a darle, hasta donde tope”.










