En Pueblo, el expresidente relata tres décadas de trato con el dueño de TV Azteca: la petición de no atacarlo en 2000, la llamada de felicitación tras su triunfo y la primera reunión de su consejo empresarial, celebrada en las oficinas de la televisora.
Redaacción
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Fueron amigos. O algo parecido. Andrés Manuel López Obrador lo cuenta con nostalgia y con insultos.
“Desde que lo conocí era bronco, vengativo y reaccionario, pero me llamaba la atención que se trataba posiblemente del multimillonario que más leía en el país”, escribe sobre Ricardo Salinas Pliego en Pueblo. Y remata: “No sé qué le pasó, pero en un abrir y cerrar de ojos este próspero empresario se convirtió en un Riqui Riquín, pero en versión chavorruco”.
1996, 2000, 2006, 2018
El expresidente reconstruye la relación por etapas.
Se conocieron en 1996, cuando la oposición pedía espacios en Televisa y TV Azteca. En 2000, siendo candidato a jefe de Gobierno, López Obrador fue a verlo para pedirle que su televisora no atacara su candidatura “por consigna”. Salinas estaba molesto con el PRD por la cobertura del asesinato del conductor Paco Stanley, ocurrido en 1999, y por el papel del procurador capitalino Samuel del Villar.
Según el libro, Salinas apoyó entonces a Santiago Creel y su televisora emprendió “una campaña en contra mía”. Pero al día siguiente de la elección lo llamó por teléfono para felicitarlo: “como era obvio ellos no habían estado a favor mío, pero que como eran institucionales, aceptaban mi triunfo”.
En 2006, cuando “todos los medios estaban cerrados” para él salvo La Jornada y TV Azteca, la televisora le vendió media hora semanal a las seis de la mañana, conducida por Ricardo Rocha. Y en 2018, ya como presidente electo, celebró la primera reunión de su consejo empresarial en las oficinas de Azteca. Ahí, escribe, les advirtió que no podría hacerles “ningún favor especial”.
El quiebre
López Obrador atribuye la ruptura a “la ambición enfermiza por lo material” y al “vicio adictivo de las redes sociales”. Dice que Salinas “se embelesó con el internet, se metió en una burbuja y en el autoengaño de los bots” y creyó que eso lo convertiría en “la gran figura nacional, una especie de Milei”.
También lo acusa de ofender “a mujeres por su físico” y a otros “por su preferencia sexual”, y le recomienda “en buena lid” rectificar.
Sobre la deuda fiscal, escribe:
“Es cierto que se resistía a pagar los 32,132,897,658 pesos de impuestos que debía desde administraciones anteriores; pero, aunque le dolía mucho, no fue lo único”.
La cifra coincide con el acuerdo final. La Suprema Corte desechó el 13 de noviembre de 2025 los últimos recursos de Elektra y TV Azteca, y el SAT requirió el pago de 51,000 millones de pesos. Con las reducciones previstas en el Código Fiscal, Grupo Salinas acordó en enero de 2026 pagar 32,132 millones, en parcialidades y bajo protesta. Para mayo había cubierto 13,979 millones.
El libro repite además una versión ya conocida: que Salinas compró Imevisión en 1993 con un préstamo de 29 millones de dólares facilitado por Raúl Salinas de Gortari.








