Mucho se especuló sobre por qué Morena no difundió inicialmente los resultados de sus encuestas de selección de candidatos: que si hacía trampa, que si cuidaba la reputación de sus aspirantes o que si mantenía un hermetismo llano y defensivo. La válvula de presión reventó ayer y, más a regañadientes que de buen grado, el partido levantó el telón. La cocina —o al menos una parte de ella— quedó a la vista de todos. Radiografía del poder. Retrato no autorizado del partido dentro del partido. La escena resultó esperpéntica. Una luz iluminó la penumbra y de pronto el laberinto cobró sentido.
Basta analizar con detalle los números presentados por la dirigencia para encontrar la sencilla razón por la que Morena no quería dar a conocer los resultados: el partido está muy debilitado, atribulado en una lucha definitoria cuyo enemigo es nada menos que él mismo. El problema esencial es que las encuestas demuestran que Morena es mucho menos competitivo de lo que se asume, está siendo devorado por sus aliados y ha tomado la decisión política de perder en al menos cinco Estados.
En tres Estados el partido renunció por completo a competir: Aguascalientes, Querétaro y San Luis Potosí. Los dos primeros, al validar candidatos que no ganan ni la mitad de los votos de quienes los conocen; el tercero, como ofrenda al Partido Verde. En San Luis Potosí, Morena se ha convertido en un partido satélite del Verde, un perdedor que propone a su candidato sabiendo que lo lleva al matadero. Las entrevistas con el pobre Elí Cervantes remiten a un mártir. “Soy de Claudia Sheinbaum”, dijo en sus declaraciones, con la barbilla en alto.
En dos Estados más —Nuevo León y Zacatecas—, Morena decidió perder por autogol: a la carga, pero con sus peores cartas. En ambos se seleccionó a candidatos conocidos, pero sin simpatías. En Nuevo León, la encuesta muestra que Waldo Fernández tiene mayor potencial de ganar que Clara Luz Flores. El primero obtiene el voto del 43% de quienes lo conocen; la segunda, solo del 31%. Doce puntos de diferencia. Si Morena hubiera querido ganar, el candidato era evidente. Algo similar sucedió en Zacatecas: una ofrenda a Monreal. La candidata seleccionada obtiene el 43% de los votos de quienes la conocen; Ulises Mejía Haro, casi el 50%. No hay duda de que una buena campaña de este último lo llevaría a la gubernatura; lo único que puede detenerlo es él mismo… o el fraude.
Luego vienen los cuatro Estados del daño colateral. En Baja California, Baja California Sur, Chihuahua y Sonora, el proceso de selección de candidatos de Morena creó, sin quererlo ni planearlo, su propia oposición. Una tormenta perfecta. En estos Estados, Morena ya no tenía fácil la victoria y ahora, además, ha quedado claro que existe un contendiente casi tan fuerte como el candidato oficial, pero que quedó herido al no haberse llevado la candidatura. La oposición se frota las manos.
El caso más evidente es Sonora, donde la candidata de Morena, Lorenia Valles, se encuentra empatada con la primera perdedora, Célida López, en siete de los nueve reactivos considerados por las encuestas del partido. López es, además, más conocida que Valles. En el mejor de los casos, la sola falta de participación de López en la movilización el día de la jornada electoral puede hacer que el Estado quede en manos opositoras; en el peor, López misma podría volverse candidata opositora. Casos similares podrían darse con el exalcalde de Tijuana, Ismael Burgueño, la exalcaldesa de La Paz, Milena Quiroga, o la senadora por Chihuahua, Andrea Chávez.
A lo anterior hay que agregar tres Estados —Colima, Guerrero y Sinaloa— donde el respaldo a Morena sigue siendo fuerte, pero va a la baja. Morena es un ganador contundente, pero la ciudadanía ha perdido entusiasmo en votar por el partido. Los candidatos elegidos son los mejores, pero aun así bastante débiles. En Sinaloa, por ejemplo, la candidata seleccionada por Morena, Imelda Castro, es sin duda la mejor evaluada del grupo. Aun así, solo el 33% de quienes la conocen la consideran honesta y solo el 28% la identifica como cumplidora: números demoledores.
Finalmente, en los cinco Estados restantes, Morena parece tener buenos candidatos, aunque irónicamente provienen de sectores poco deseables. Los candidatos que ganan sus encuestas por amplio margen y que son relativamente atractivos para los votantes son aquellos apadrinados por gobernadores de baja popularidad —Campeche y Michoacán—, aliados cínicos como el Partido Verde —Nayarit y Quintana Roo—, o pequeños grupos dentro de Morena en Tlaxcala.
Para el buen observador, lo paradójico es que Morena decidió abrir sus encuestas para promover la unidad y terminó exhibiendo sus fracturas. El mapa que surge de las encuestas dista de mostrar un partido invencible; por el contrario, muestra a un Morena que bien podría estar derrotándose a sí mismo.




