El discurso político construido durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador alrededor de categorías como “conservadores”, “neoliberales”, “corruptos”, “moralmente derrotados “y “PRIAN”, acompañado de expresiones coloquiales como “fuchi, caca, guácala”, fue un instrumento eficaz de polarización y movilización política.
Sin embargo, el mismo CHACOTEO, se les ha revertido. Es que la capacidad para generar nuevos consensos sociales enfrenta límites cuando deja de responder a las preocupaciones concretas de una sociedad plural, particularmente en materia de economía, seguridad, empleo, servicios públicos, patrimonio y movilidad social.
El desafío actual de Morena no consiste únicamente en conservar una mayoría electoral, sino en determinar si ha logrado transformar el sentido común de la sociedad mexicana y convertir su proyecto político socialdemócrata en una hegemonía cultural duradera.
La hegemonía no se sostiene exclusivamente mediante el ejercicio del poder institucional. Requiere también construir consenso social, es decir, conseguir que determinados valores, ideas y formas de interpretar la realidad sean aceptados como normales o legítimos por amplios sectores de la sociedad. Por ello, ganar elecciones no equivale necesariamente a conquistar hegemonía cultural.
La contradicción estratégica. Morena llegó al poder con una narrativa de ruptura con el neoliberalismo y con el régimen político anterior. Sin embargo, México continúa funcionando dentro de una economía capitalista, caracterizada por propiedad privada, empresas, inversión, trabajo asalariado, consumo y aspiraciones de movilidad social.
La diferencia es fundamental. Una cosa es la aceptación de un gobierno o de sus programas; otra, mucho más profunda, es la incorporación de su visión del mundo como sentido común social.
El límite de la polarización. El PITORREO permanente del adversario puede fortalecer la identidad de las bases propias, pero no necesariamente produce una hegemonía capaz de incorporar a sectores sociales independientes, clases medias, empresarios, profesionales, jóvenes y ciudadanos sin identidad partidista.
Las variaciones a la baja en las encuestas de aprobación de la Presidenta o en la intención de voto en favor de Morena, pueden ser señales importantes de que algo anda mal.
Implicación para Sonora 2027. Esta perspectiva resulta particularmente útil para analizar Sonora 2027. La elección no será solamente una competencia entre partidos y candidatos. Será también una disputa por la representación del sentido común de los sonorenses.
La pregunta estratégica será: ¿Qué fuerza política será capaz de articular mejor economía, seguridad, bienestar, gobierno eficaz, identidad territorial y expectativas de futuro? En evidente que, en este rubro, tanto el PAN como el PRI, cuentan con una ventaja competitiva mayor que Morena y sus aliados.
Conclusión estratégica. El desafío de Morena hacia 2027 no será únicamente conservar estructuras, programas sociales y capacidad electoral, sino demostrar que puede mantener una hegemonía política y cultural más allá de la figura de Andres Manuel López Obrador y de la polarización con sus adversarios.
Para la oposición, el desafío será igualmente complejo: no basta con rechazar a Morena. Necesita construir una narrativa optimista, propia, socialmente asequible, capaz de representar las expectativas económicas, sociales y culturales de una sociedad plural.
En este sentido, Sonora 2027 puede ser leído como una disputa no solamente por el gobierno, sino por la hegemonía territorial y por la definición del auténtico sentido común de los sonorenses.







