MILTON ROJO
La llegada de Luis Donaldo Colosio Riojas a la carrera por Sonora cambió el tablero antes de que siquiera arranque formalmente el juego. El senador de Movimiento Ciudadano, hijo de Luis Donaldo Colosio Murrieta y nacido en Magdalena de Kino, dejó de ser una posibilidad remota para convertirse en uno de los nombres que más incomodan a la clase política sonorense. Lo cierto es que, quien terminó metiendo a Colosio al ring fue Alfonso Durazo.
El gobernador y presidente del Consejo Nacional de Morena salió a cuestionar públicamente la experiencia y los resultados de Colosio como alcalde de Monterrey. Pero, en política, atacar a un adversario también puede significar reconocerlo. Y Colosio ya consiguió algo que MC necesitaba: convertirse en tema de conversación en una elección que parecía diseñada para una disputa entre Morena y una eventual alianza PRI-PAN.
La jugada puede tener otra lectura. Si Morena no logra construir una candidatura suficientemente competitiva o si Durazo pierde capacidad para influir en la selección del candidato morenista, el gobernador podría enfrentar un escenario incómodo. Pero al mismo tiempo existe otra pieza sobre el tablero: Antonio Astiazarán, alcalde de Hermosillo, quien se perfila desde el PAN y busca una alianza con el PRI.
Astiazarán no es un improvisado en la política sonorense. Su trayectoria comenzó en el PRI, fue diputado federal, alcalde de Guaymas en 2006-2009 y posteriormente transitó hacia el PAN en 2018.
Por eso lo interesante no es solamente quién puede ganar Sonora, sino quién puede influir sobre quién. Una candidatura de Colosio fuerte podría dividir el voto opositor a Morena. Pero también podría quitarle votos al propio Morena y abrirle espacio a una candidatura aliancista. Y ahí aparece la tentación de jugar a dos bandas: perder el control de la candidatura propia, pero conservar capacidad de interlocución con alguno de los otros jugadores.
Eso, por supuesto, sería una hipótesis política, no un hecho comprobado.
La jugada de fondo parece estar en Movimiento Ciudadano. Colosio es una carta nacional: tiene apellido, reconocimiento, experiencia legislativa y una narrativa distinta a la de los partidos tradicionales. MC ya confirmó que pretende competir solo en Sonora, mientras PRI y PAN exploran una alianza. Y es que Colosio es una marca política nacional, pero en Sonora es dinástico.
Y hay una segunda carambola.
Colosio también está relacionado políticamente con Nuevo León, donde Samuel García —su antiguo compañero de partido y aliado político— enfrenta el relevo de 2027 y ha colocado a su esposa, Mariana Rodríguez, como una figura central de ese escenario. Así, Colosio en Sonora y el grupo naranja en Nuevo León pueden estar jugando partidas distintas, pero sobre el mismo tablero nacional.
Dante Delgado entendió desde hace tiempo que MC no necesitaba ganar todos los estados: necesitaba tener las cartas suficientes para convertirse en el partido que modifica el resultado.
Y Colosio puede ser precisamente eso. En Sonora, la pregunta ya no es solamente si Morena conservará el gobierno.
La verdadera pregunta es si Alfonso Durazo podrá controlar la sucesión, si Morena encontrará un candidato competitivo, si Astiazarán logrará unir al PRI y al PAN y, sobre todo, si Colosio será candidato para ganar… o candidato para hacer que alguien más pierda.
Porque en política, como en el billar, a veces la carambola más importante no es meter la bola propia. Es mover todas las demás.
Y así como en el billar una bola que pasa a un milímetro puede parecer un kilómetro, en política ocurre lo mismo con los votos: una pequeña desviación puede cambiar toda la jugada. Porque las cuentas electorales se hacen con votos que todavía no existen. Y cuando llegue la hora de contar, los sonorenses pueden mover la bola, cambiar la carambola y hacer ganar a otro.
Y la pregunta es, ¿quién va a hacer ganar a quién?





