Alejandro López Caballero, ya montado en Movimiento Ciudadano y con nuevo uniforme naranja, apura la reorganización de sus grupos sociales de apoyo.
No es la gran cosa el MC, mucho menos en Hermosillo, pero el nombre de Alejandro sí es conocido entre los panistas, así que, sus potenciales electores saldrán de las filas del PAN.
¿Suficiente para ganar su eventual candidatura a la alcaldía?
Nadie lo cree… hasta hoy.
Después de aquel proceso electoral inmediato anterior en el que fue candidato a gobernador Ricardo Bour Castelo por el MC y su posterior renuncia… este partido quedó en la nada política sonorense… ¡no se diga en la ciudad capital! … sin contar la desbandada con la renuncia de Natalia Rivera a la dirigencia estatal.
Lo que sí, es el daño que le ocasiona López Caballero a las intenciones de unidad política del alcalde Antonio Astiazarán… habrá de dividir — quién sabe en qué grado — al panismo capitalino.
A pesar de esta irrebatible realidad, habrá que ver el saldo político que le quedará al afamado “Toño”.
Su apuesta es el afán de ciudadanizar su nombre y su propuesta, más allá de partidos políticos…
… cierto, en caso de que resulte Flor Ayala Robles Linares, la candidata a la alcaldía de Hermosillo por una alianza PRIANISTA, las expectativas mejoran.
Y mandar a una candidatura a diputado federal a Gildardo Real… para que medio se componga el monto de votos esperado.
Así, y solo así, el priísmo de Eduardo Bours podría entrar en una cerrada disputa de tres por la alcaldía naranjera: Flor Ayala (PRIAN), López Caballero (MC)… y,
EL ROJO… O LA WENDY… (UNA INTERNA ESPERADA)
Así estamos:
Fernando Rojo, impulsado por el oficialismo morenista… y Wendy Briceño, que se ha convertido en una pieza de impulso popular, en Hermosillo, en la esquina de Javier Lamarque Cano.
¿Qué se puede atravesar una negociación?… ni quien lo dude.
Pero hasta hoy, nadie ha hablado de eso… así que, ambos, uno con la ventaja de la Secretaría del Bienestar… y la otra, con la experiencia en el contacto político con la gente.
Resultaría harto interesante verlos en el debate de una campaña interna morenista, que mucho habrán de necesitar para enfrentar lo mismo a don Alejandro que a la Flor… toda vez, ninguno de estos dos se cuece al primer hervor.
Mientras que una esquina de la morenada, siente confianza en el poderío (en especial económico) que acarrearía la eventual candidatura del Rojo…
… en la otra esquina hay confianza en el mucho trabajo de Wendy en el terreno social y su – según cuentan – capacidad para el debate político.
¿Por qué traigo, con insistencia, este asunto de los debates?
Bueno, porque en algunas elecciones, es un instrumento que fortalece la figura de los que portan alguna candidatura.
Valga como ejemplo histórico aquel debate que el 12 de mayo de 1994 protagonizaron a nivel nacional (el primero televisado) entre los aspirantes presidenciales: Diego Fernández de Cevallos (PAN), Cuauhtémoc Cárdenas (PRD) y Ernesto Zedillo (PRI), cuando el primero de ellos prácticamente hizo polvo al priísta y al perredista.
Así, de venir de una campaña muy de abajo… Diego alcanzó una popularidad sin límites… solo que el país era gobernado entonces por Carlos Salinas… y entonces, el afamado panista guardo un extraño silencio de varias semanas…
… y ya cuando reapareció, Zedillo llevaba la delantera, y ganó aquella justa harto interesante.
¿Y creen?
Claro, todo mundo pensó en alguna conveniente negociación del panista, ya para entonces identificado como “La Ardilla”, por aquello de que (se la) vivía en Los Pinos.
Es cierto, en su tercera participación como candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador dio cátedra en el debate político…
Pues sí, me dirá usted, como que tales personeros y tales capacidades no se dan en maceta (digo, utilizando una expresión de la abuela)
¿Y por qué recuerdo este ejemplo nacional, cuando me refiero a Hermosillo?
Porque, créanme, en la capital sonorense, la oposición se juega la elección para la gubernatura del 2030… de ganar el PRIAN, se perfilará con gran fuerza…
… y de perder… quedaría minimizado.
Claro, es válido que a estas alturas usted se pregunte: ¿A eso obedece la presencia del padrecista López Caballero?
Cabe la duda… solamente la duda.
Hasta pronto







