La política tiene sus propios meteorólogos: cuando se acumulan nubarrones, baja la presión y soplan vientos cruzados, no hace falta esperar al trueno para saber que se aproxima la tormenta.
Eso parece estar ocurriendo con MORENA. Los despropósitos en el manejo del caso de Rubén Rocha Moya y el ruido político generado en torno a Sinaloa desplazaron de la agenda el proceso de selección de candidaturas de MORENA en los estados que tendrán elecciones en 2027.
El efecto político, según las recientes cifras demoscópicas, es ya demoledor pues, se ha reflejado en una severa reducción de 15 puntos porcentuales, en la aprobación presidencial y de la intención de voto morenista. Más allá de la exactitud de cada medición, el dato verdaderamente relevante es otro: el partido oficial dejó de controlar con la misma eficacia la conversación pública.
SONORA: EL JUEGO SE ABRE Y ello le PERJUDICA A MORENA. En Sonora aparece una paradoja interesante. La irrupción de Luis Donaldo Colosio Riojas puede leerse como la del telonero que abre el espectáculo sucesorio de Alfonso Durazo; o, en otra metáfora más gráfica, como la liebre mecánica del galgodromo: corre delante de los canes, concentra la atención y obliga a todos los demás a seguirlo, y por más que lo intenten, jamás logran alcanzarla.
Colosio Riojas puede ser un distractor, competidor o catalizador. Lo cierto es que su presencia modifica el tablero y permite a Movimiento Ciudadano recuperar visibilidad.
Mientras tanto, la oposición parece encontrar un punto de concentración en Toño Astiazarán. Si MORENA continúa desgastándose entre conflictos internos, cuestionamientos públicos y una disputa sucesoria prematura, el alcalde de Hermosillo puede terminar beneficiándose de una circunstancia que ningún candidato desprecia: la ausencia de un adversario oficial claramente dominante.
EL COSTO DE LA DISPUTA INTERNA. Los aspirantes de MORENA a la Coordinación de la Cuarta Transformación en Sonora —Javier Lamarque, Lorenia Valles, Célida López, Froylan Gámez, María Dolores del Río y Omar del Valle— enfrentan ahora un problema que no provocaron necesariamente ellos: el cambio de la agenda política.
El debate ya no gira exclusivamente alrededor de quién encabeza las encuestas internas. La discusión se desplazó hacia la capacidad de MORENA para conservar autoridad moral, cohesión y credibilidad rumbo a 2027.
Es ahí donde aparece el verdadero costo del llamado cataclismo Rocha Moya: los aspirantes quedaron eclipsados por una crisis política mucho mayor que sus propias campañas.
CUANDO EL PARTIDO OFICIAL DEJA DE PARECER INVENCIBLE.
MORENA llegó a esta etapa con ventajas evidentes: Presidencia de la República, estructura territorial, recursos, gobiernos estatales y una maquinaria electoral consolidada.
Pero tenerlo todo no garantiza conservarlo todo. La historia política mexicana demuestra que los partidos hegemónicos comienzan a perder fuerza cuando dejan de parecer inevitables. La oposición puede ser minoritaria y, sin embargo, crecer rápidamente si el partido gobernante comienza a perder cohesión, narrativa ética y capacidad de respuesta.
Por eso resulta significativa la ausencia política de Andrés Manuel López Obrador. Después de haber sido durante años el principal articulador simbólico y político de su movimiento, su retiro deja un vacío que MORENA todavía tiene que demostrar que puede llenar sin depender de una sola figura.
El problema, entonces, no es solamente electoral. Es la sucesión, la pérdida del liderazgo moral, la frágil cohesión interna y la incapacidad para renovar su legitimidad.
LA PREGUNTA DE FONDO. MORENA no está derrotado. Sería prematuro afirmarlo. Pero tampoco puede darse por descontado que conservará intacta la hegemonía construida desde 2018.
La elección de 2027 comienza a jugarse mucho antes de que se instalen formalmente las campañas. Se juega desde ahora, en los medios, en las redes, en las percepciones ciudadanas y, sobre todo, en la capacidad de cada fuerza política para construir una narrativa de futuro.
La tormenta perfecta no significa necesariamente el naufragio. Significa que el mar dejó de estar en calma.
Y cuando un partido gobernante descubre que ya no controla el viento, la oposición descubre que quizá, por primera vez, puede navegar a favor de la corriente. Lástima, Margarito: tanto trabajo para llegar al poder y ahora tendrán que demostrar que saben conservarlo.







