En algunos lugares del norte del país se piensa que la sismicidad es poco frecuente o prácticamente nula; no obstante, hay evidencias de que han ocurrido sismos históricos de magnitud importante en esa región
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Generalmente se cree que la sismicidad en México se concentra en mayor medida en las costas del Pacífico y en el extremo norte del Golfo de Cortés, donde las placas tectónicas interactúan en nuestro territorio y, justamente, donde el peligro sísmico es mayor: aproximadamente el 80% de los sismos que se registran ocurren a lo largo de las costas de Guerrero, Oaxaca y Chiapas, siendo la región en donde se presentan los llamados sismos de subducción.
Sin embargo, también se presentan otro tipo de eventos que se localizan lejos de los contactos entre las placas, conocidos como sismos corticales. Estos son generados en fallas activas clasificadas y que se encuentran dentro de la base de datos de fallas y fracturas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Se trata de sismos, generalmente, con magnitudes pequeñas (aunque no siempre), son muy superficiales o poco profundos y su ocurrencia es poca.
En algunos lugares del norte del país se piensa que la sismicidad es poco frecuente o prácticamente nula; no obstante, hay evidencias de que han ocurrido sismos históricos de magnitud importante en esa región, antes del comienzo de la llamada Era instrumental en México; es decir, antes de que comenzará a funcionar el Servicio Sismológico Nacional, SSN (1910). De estos sismos, se tiene conocimiento de uno ocurrido en el estado de Sonora, conocido como el sismo de Bavispe, el cual, según crónicas de la época, fue percibido el 3 de mayo de 1887 desde la ciudad de Agua Prieta hasta el puerto de Mazatlán, Sinaloa; inclusive en Estados Unidos hace ya 139 años.
De acuerdo con estudios recientes, en función al grado de destrucción, percepción y posibles intensidades, se estimó que el sismo tuvo una magnitud aproximada de 7.6 y con una longitud de falla de ruptura de 102 km.
Por otro lado, con base en la recopilación de los testimonios de los habitantes en aquel tiempo, el sismo se percibió después del mediodía y en unos cuantos segundos convirtió en ruinas el pueblo de Bavispe, causando la muerte a 42 de sus habitantes y dejando alrededor de 29 heridos, así como daños graves en el sureste de Arizona y moderados en Nuevo México, en Estados Unidos.
Entre marzo y agosto de 2021, en la misma región de Bavispe se registró una secuencia sísmica (coloquialmente llamada enjambre sísmico) de más de 100 eventos, lo cual fue preocupante dada la historia sísmica que se tiene.
Esto nos recuerda que México es un país sísmicamente activo y, aunque la peligrosidad sísmica en el norte del país es baja, no significa que sea nula, por lo que es importante elaborar con anticipación un Plan familiar de Protección Civil con una Mochila de emergencia.
La vigilancia y monitoreo continuo son fundamentales para la reducción del riesgo sísmico. En este sentido, el SSN desempeña un papel clave en el registro y análisis de la sismicidad en México, ya que administra una red de estaciones sísmicas distribuidas a lo largo del territorio nacional.
¿Qué podemos hacer frente a los sismos?
Los sismos son un fenómeno cotidiano en nuestro país, una amenaza con la que viviremos siempre.
No se puede hacer nada para evitar que sigan ocurriendo; sin embargo, mucho podemos hacer como sociedad para evitar que sus consecuencias sean graves.
¿Cómo?
Conociendo el fenómeno y usar este conocimiento para reducir nuestra vulnerabilidad.
Se recomiendan dos medidas indispensables que contribuyen al aumento de nuestra protección y seguridad.
- Conocer el peligro y la vulnerabilidad
Revisar información de la ubicación en donde regularmente nos encontramos (trabajo, casa, escuela, etc.) y relacionarla con la peligrosidad sísmica; partiendo de esto, es importante conocer nuestra vivienda: de qué materiales está hecha, cuánto tiempo tiene, si presenta grietas o daños y si necesita revisión o reforzamiento. Cuando tengamos dudas sobre su seguridad, es recomendable solicitar orientación técnica.
2. Prepararnos como sociedad
En la medida en que sepamos lo vulnerables que somos ante este fenómeno geológico y en la medida en que conozcamos las consecuencias que puede tener en cualquier momento de nuestras vidas, podemos ser menos vulnerables. Reducir el riesgo es una responsabilidad compartida. Las personas, las familias, las comunidades y las autoridades podemos realizar distintas acciones para prepararnos y protegernos.
En caso de no contar con internet, se sugiere:
Conversar con personas mayores y autoridades comunitarias sobre fenómenos ocurridos anteriormente, como daños observados y lugares que hayan presentado problemas. Ese conocimiento local puede complementarse con la información técnica de protección civil.
Organizarse antes de una emergencia. Acordar en familia y comunidad qué hacer si ocurre un sismo: identificar lugares de menor riesgo, establecer puntos de reunión, reconocer caminos y salidas seguras y prever quién apoyará a niñas y niños, personas mayores, personas con discapacidad o a quien necesite asistencia.
Mantenerse atentos a fuentes confiables disponibles en la comunidad. Escuchar la radio y atender la información de las autoridades locales y de protección civil. Evitar difundir rumores sobre supuestas predicciones de sismos: actualmente no existe un método científico que permita saber con anticipación exactamente cuándo, dónde y con qué magnitud ocurrirá un sismo, como señala también el documento.
No necesitamos internet para comenzar a prevenir: conocer nuestra comunidad, organizarnos y mantenernos informados también nos ayuda a reducir el riesgo.











