En Sonora, la sucesión de 2027 ya muestra dos formas distintas de entender la política. Morena: fuerza interna, pero dispersa Los aspirantes de Morena a la Coordinación de la Defensa de la Soberanía y la Transformación —El PUNTERO Javier Lamarque Cano, Lorenia Valles Sampedro, Célida López Cárdenas, Froylan Gámez Gamboa, María Dolores del Río Sánchez y Omar Del Valle Colosio— despliegan intensa actividad territorial con asambleas informativas y reuniones para fortalecer al movimiento.
Nadie cuestiona el derecho de un partido a organizarse. Lo que merece análisis es el sentido estratégico. La mayoría de esas actividades ocurre entre militantes, simpatizantes y estructuras ya identificadas con Morena. El trabajo político se concentra hacia adentro. Es evidente la dispersión del trabajo y lo disímbolo de los proyectos individuales.
Toño Astiazarán: El RETADOR que construye hacia afuera . Mientras tanto, el alcalde de Hermosillo, Antonio Astiazarán Gutiérrez, desarrolla otra estrategia. Mediante la agrupación “Sonora con Todo” convoca cabalgatas, encuentros deportivos, festivales, jornadas comunitarias y actividades donde convergen organizaciones de la sociedad civil, cámaras empresariales, colegios de profesionistas, clubes de servicio, productores, jóvenes y liderazgos sociales de diversos orígenes. Su narrativa es simple y eficaz: “Yo sí voy”. “Yo sí le entro”. No busca únicamente fortalecer una estructura partidista. Busca construir una comunidad política más amplia.
Atención Morena: el partido no es la sociedad. Aquí aparece una confusión frecuente en los partidos que gobiernan: suponer que la fortaleza del partido equivale a la fortaleza de la sociedad. No es así. El partido es un instrumento de competencia electoral. La sociedad civil constituye el espacio donde viven, producen, deliberan y se organizan millones de ciudadanos que participan en cámaras empresariales, universidades, asociaciones de vecinos, clubes de servicio, colectivos ciudadanos, sindicatos, organizaciones religiosas, agrupaciones culturales y organismos de beneficencia que no dependen de ningún partido.
Por eso Norberto Bobbio distinguía entre el Estado y la Sociedad Civil. El primero dispone del poder institucional; la segunda produce legitimidad, participación y control democrático. Cuando un gobierno deja de escuchar a la sociedad organizada, comienza a perder capacidad de conducción, aunque conserve intacta su autoridad legal.
Amigos de Morena: la hegemonía no se decreta La aportación más importante de Antonio Gramsci fue demostrar que el poder no descansa exclusivamente en el Estado. Los gobiernos pueden controlar las instituciones y, sin embargo, perder la batalla cultural y política. A esa capacidad para obtener el consentimiento de la sociedad la llamó hegemonía.
La hegemonía no se sostiene únicamente con programas públicos de bienestar ni con mayorías legislativas. Se construye convenciendo. Escuchando. Dialogando. Incorporando nuevas demandas sociales. Cuando ese vínculo se debilita, el gobierno continúa administrando, pero deja de conducir a la Sociedad Civil .
Desde esta perspectiva, la pregunta no es quién realiza más eventos. La pregunta correcta es: ¿qué líder o partido está construyendo un proyecto político más amplio y eficaz? . Si la energía se concentra exclusivamente en la militancia, el partido puede fortalecerse, pero la sociedad permanece igual. Si el esfuerzo se dirige hacia organizaciones ciudadanas, sectores productivos, universidades, jóvenes, mujeres, profesionistas y comunidades, entonces comienza a construirse algo más amplio que un partido: una mayoría social.
Eso explica la diferencia entre ambas estrategias. Morena privilegia, por ahora, la cohesión interna. No son estrategias incompatibles. Pero sí responden a momentos distintos. A todas luces el éxito de Antonio Astiazarán es que apuesta por ampliar su presencia entre sectores que no necesariamente pertenecen a una organización partidista; PAN, PRI, PRD, MC.
La advertencia de Giovanni Sartori sostenía que la democracia pierde calidad cuando los partidos terminan hablando únicamente entre ellos. Ese riesgo existe siempre que la competencia interna absorbe toda la energía política. Las democracias saludables exigen partidos fuertes, sí; pero también una sociedad civil vigorosa, crítica y participativa. Quien olvida esa realidad corre el riesgo de ganar una candidatura y perder una elección.
La verdadera elección. Con frecuencia se afirma que la sucesión de 2027 se decidirá en las encuestas. Es parcialmente cierto. Las encuestas podrán influir en la definición de una candidatura. Pero no decidirán la elección constitucional. La elección la decidirán ciudadanos que, en su inmensa mayoría, no asisten a reuniones partidistas, no ocupan cargos en estructuras políticas y no participan en los debates internos de los partidos. Votan desde su experiencia cotidiana. Desde la confianza que les inspira un liderazgo. Desde la percepción de quién entiende mejor los problemas de Sonora.
Por eso, la gran disputa de los próximos meses no será solamente por una candidatura. Será por la construcción de una hegemonía democrática: la capacidad de articular un proyecto compartido por amplios sectores de la sociedad.
Quien crea que basta con gobernar para conservar el poder puede descubrir demasiado tarde que las instituciones se administran desde el gobierno, pero la legitimidad se construye todos los días en la sociedad.
En política, las candidaturas las otorgan los partidos. Las victorias las concede la ciudadanía. Y la ciudadanía siempre termina respaldando a quien logra conducir, no solamente gobernar.
Y esa , sin lugar a dudas, es la ventaja competitiva de Toño Astiazarán.







