Raudel Ávila
El fin de semana se activaron, de manera encubierta, los arranques de campaña para la gubernatura de Sonora. Es llamativo porque tanto los precandidatos oficialistas como el de la oposición ya no toman en serio los calendarios electorales formales. La política tiene sus propios tiempos que no responden a las fechas legales. Además, todos sabemos que el Tribunal Electoral y el INE se han convertido en juguetes al servicio de Morena. Por una parte, Javier Lamarque, el polémico alcalde de Cajeme, solicitó licencia con el fin de participar plenamente en el proceso interno de Morena. Se trata de conseguir la candidatura a gobernador del estado, o como ellos le dicen para infringir la ley electoral, la Coordinación Estatal de la Defensa de la Cuarta Transformación. Su competidora interna, la senadora Lorenia Valles, promovió desde el sur del estado algo llamado “Diálogos por el Segundo Piso de la Cuarta Transformación.” El rumor en Sonora es que la favorita del gobernador es la senadora, mientras que al exalcalde lo favorecen las simpatías de la presidenta de la República. Habrá que esperar a la encuesta interna de Morena para saber quién gana la nominación. No se ría.
Más interesante resultó el arranque de campaña del presidente municipal de Hermosillo, Antonio Astiazarán, mejor conocido como “el Toño”. Con la frase “yo sí le entro, yo sí voy”, Astiazarán, quien en otro tiempo fungió como diputado federal y como presidente municipal de Guaymas, manifestó sus intenciones de ser el candidato opositor a la gubernatura. Digo el candidato porque en su mismo evento masivo procuró enviar el mensaje de una alianza indispensable entre partidos que incluye al PRI, al PAN, al Partido Sonorense (una agrupación local) y hasta MC. Pese a las posiciones oficiales de las dirigencias nacionales, Astiazarán exhorta a la unidad opositora local, convocando gente de todos los partidos e incluso a los desencantados con Morena, para construir un esfuerzo electoral combinado de cara a la contienda por la gubernatura. Es muy evidente que Astiazarán se esforzó por invocar una inteligente retórica de reconciliación, capaz de dejar atrás la polarización prevaleciente en el país y en su estado. Falta ver si con eso será suficiente. La campaña estará marcada por los señalamientos de Los Angeles Times sobre presuntas investigaciones estadounidenses contra el gobernador Durazo y el supuesto retiro de su visa. Es evidente que quien resulte candidato de Morena desestimará lo publicado por el rotativo norteamericano, pero ¿cómo conciliará Astiazarán su discurso conciliador con semejantes señalamientos? ¿Simplemente ignorará el asunto? Por lo pronto mostró músculo al convocar gente del PRI, del PAN, y hasta algunas figuras municipales de MC.
El evento de Astiazarán tuvo éxito entre las clases medias de la capital del estado de Sonora, pero está por verse si tiene el mismo eco en las poblaciones más lejanas y otros segmentos demográficos. La estructura territorial del PRI y del PAN resultó insatisfactoria e insuficiente en los procesos electorales de 2024 y 2021 para vigilar casillas. No es posible garantizar que ahora funcionaría por sí sola. ¿Estarán integrando ya sus simpatizantes una estructura territorial propia y alterna?
La apuesta de invitar a MC es atractiva, pero su dirigencia nacional sigue obstinada en competir sola. No se sabe si la pérdida de registro en Coahuila los hará cambiar de opinión. El factor decisivo será la determinación (o hasta el momento ausencia de ella) del senador Luis Donaldo Colosio, para competir por la gubernatura del estado. Basta con que la oposición presente más de un candidato a gobernador para que el voto se divida y Morena obtenga la victoria, pero el interés primordial de Movimiento Ciudadano es incrementar su proporción del voto y no perder el registro en otro estado.
Los sonorenses son vecinos de Sinaloa, y no quieren que su estado termine igual, es decir, en el colapso institucional y la anarquía por la guerra entre pandillas de narcotraficantes. No obstante, en los últimos años la tendencia caminó en esa dirección. El narco es cada vez más poderoso como factor electoral en todo el noroeste. De ahí la conveniencia de una oposición unida para neutralizarlo. Lo que estamos observando en Sonora será un laboratorio de las coaliciones electorales que se avecinan y, más importante, de la capacidad del estado mexicano para enfrentar la delincuencia organizada. Conviene mantenerlo en el radar.







