Los nombres imprescindibles en medio siglo en campos como la política, la ciencia, el arte y los derechos humanos
La historia no avanza sola. Detrás de cada hito hay figuras que moldean el devenir de las sociedades. Para bien en muchas ocasiones; también para mal. En cualquier caso, el mundo sería diferente si estos hombres y mujeres no hubieran nacido. Con motivo del aniversario de EL PAÍS, nos propusimos elaborar una lista con las 50 personalidades que más han influido en este tiempo. El resultado debía ser fruto de un intenso debate editorial, una lista con perfiles diversos que representaran ámbitos que fueran desde la política a la ciencia, la cultura, el deporte, la tecnología o el emprendimiento, que tuviera en cuenta que somos un diario español y latinoamericano, y que no cayera en la trampa de pensar que lo último es siempre lo más relevante. Debíamos mirar estos 50 años desde cierta altura. Es nuestra propuesta, la que EL PAÍS hace tras consultar con especialistas de la Redacción y pasar por varias cribas hasta rematarla en un comité creado ad hoc. Entre otros apasionados debates, se discutió sobre si debíamos buscar la paridad, pero forzar la historia nos pareció mala idea. Sobre la persona más influyente en estos 50 años, en cambio, hubo mucho consenso desde el principio: Gorbachov.
Gorbachov fue arrollado por las reformas que él mismo impulsó. En 1996, el soñador del socialismo de rostro humano se presentó como candidato a la presidencia de Rusia y solo obtuvo el 0,5% de los votos. Su figura inspiraba a sus compatriotas indiferencia o rechazo por ser mayoritariamente asociada con el fin de la URSS, entendido este como pérdida y no como liberación.
1. Mijaíl Gorbachov
Asumió el gobierno de una Unión Soviética estancada económicamente que arrastraba décadas de represión política y social. Su voluntad era la de mejorar el sistema y democratizar el imperio. Pero fue arrollado por las reformas que él mismo puso en marcha.
Por Pilar Bonet, periodista y analista. Durante 34 años fue corresponsal de EL PAÍS en la URSS, Rusia y espacio pos-soviético.
Treinta y cinco años después de que la Unión Soviética desapareciera, Mijaíl Gorbachov, el último dirigente de aquel país, sigue siendo percibido de modo diverso, según se le juzgue a partir de las dificultades y privaciones económicas que acompañaron a la perestroika o se le valore en función de las libertades y esperanzas que generaron sus ideas humanistas del mundo global.
Nacido en el norte del Cáucaso, de padre ruso y madre ucrania, Gorbachov (1931-2022) quiso reformar y democratizar la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, el Estado que fue la alternativa al sistema capitalista durante la Guerra Fría. No lo consiguió, pues, carente de precedentes y de instrumentos, perdió el control del proceso cuando las repúblicas que integraban la segunda potencia nuclear del planeta apostaron por sus propios proyectos nacionales y se desentendieron del proyecto supranacional soviético.
Gorbachov se sentía ciudadano de la URSS, pero no era un fanático del Estado. Intentó, como supo, mantener su unidad, en ocasiones con torpeza y víctimas, pero, en diciembre de 1991, cuando los dirigentes de Rusia, Bielorrusia y Ucrania prescindieron del “centro” de poder en el Kremlin, que él representaba, el que fuera primero y último presidente de la URSS no creyó justificado un baño de sangre y no opuso resistencia a la desintegración.
En el balance de los casi seis años en los que fue el máximo dirigente de la URSS quedaron los acuerdos de desarme con EE UU, la caída del denominado “telón de acero” entre el Este y Occidente, la reunificación de los dos Estados alemanes, la renuncia a imponer la política de Moscú a los países aliados y la retirada de las tropas soviéticas que habían invadido Afganistán en 1979.
Gorbachov revolucionó la filosofía política imperante cuando él llegó al poder, en marzo de 1985, en calidad de secretario general del Partido Comunista, que era la fuerza política vertebradora del Estado. En lugar de la doctrina Bréznev sobre la soberanía limitada, los países del Pacto de Varsovia se hicieron dueños de su destino; la lucha de clases fue relegada en nombre de los intereses de la humanidad y la casa común europea eclipsó los bloques militares. Con Gorbachov, la desnuclearización se convirtió en meta y los peligros de las armas de destrucción masiva formaron la base de una política responsable con la humanidad.
En la URSS que Gorbachov pasó a liderar la economía se había estancado, el país acumulaba retraso tecnológico con relación a Occidente y tenía dificultades para mantener la paridad estratégica con EE UU y asegurar un abastecimiento adecuado de la población con bienes de consumo.
En la identidad de Gorbachov se fundían múltiples facetas. Tenía orígenes campesinos y procedía del sur de Rusia; sus dos abuelos habían sido represaliados en los años treinta. Su infancia transcurrió en compañía de una abuela que le cantaba canciones ucranias durante la siembra. Su padre luchó en la Segunda Guerra Mundial y fue condecorado por ello. Cumpliendo los planes agrícolas al volante de un tractor, hizo carrera en las Juventudes Comunistas (Komsomol) y en el Partido Comunista y logró ingresar así en la Facultad de Derecho de la prestigiosa Universidad Estatal de Moscú, donde conoció a Raísa, su futura esposa. Al acabar los estudios, Gorbachov fue enviado a la región de Stávropol y en 1978 fue trasladado a Moscú para continuar su trayectoria como apparatchik en la dirección central del Partido y del Estado. En la capital, se perfiló como uno de los favoritos para el relevo generacional al frente del país, hasta que llegó su oportunidad.
La asignatura pendiente de Gorbachov y sus allegados era concluir la política de “deshielo”, iniciada por Nikita Jruschov a la muerte de Stalin en 1953 y abortada con la entrada de los tanques del Pacto de Varsovia en Checoslovaquia en 1968. La glasnost o transparencia informativa fue el instrumento elegido para continuar la tarea. Se publicaron libros censurados, se difundieron películas prohibidas y los medios de comunicación relataron con crudeza los crímenes del estalinismo. Personajes silenciados hasta entonces, muertos y vivos, ocuparon su puesto en la historia y en la realidad del país.
Sin embargo, los soviéticos no solo hacían cola para comprar los periódicos, sino también para adquirir, a menudo con talones de racionamiento, los alimentos básicos, pues las reformas económicas iniciales de Gorbachov habían desestabilizado el sistema de planes estatales, sin desarrollar suficientemente las alternativas.
A partir de 1987 se impulsaron las pequeñas iniciativas privadas y las cooperativas, y en 1989, Gorbachov pudo por fin reformar el sistema político con la creación de un gigantesco Parlamento de más de 2.000 diputados, elegidos con pluralidad de candidatos. Era partidario de los pequeños pasos, y su ritmo cauteloso provocó enfrentamientos en el equipo que le secundaba; una parte de sus correligionarios, encabezada por Borís Yeltsin, exigieron más velocidad y alcance en las reformas.
Las libertades propiciadas por Gorbachov destaparon problemas nacionales no resueltos, como el dominio ruso en las repúblicas no rusas, las reivindicaciones territoriales de los pueblos deportados por Stalin o provocadas por los trazados arbitrarios de fronteras internas dentro de la URSS. Yeltsin utilizó a Rusia, la mayor de las 15 repúblicas federadas en la Unión Soviética, como plataforma de sus ambiciones y las repúblicas soviéticas, una tras otra, fueron declarando su soberanía primero y su independencia después.
En agosto de 1991 un grupo de altos dirigentes de la URSS intentó un golpe de Estado que aceleró su fin.
Gorbachov fue arrollado por las reformas que él mismo impulsó. En 1996, el soñador del socialismo de rostro humano se presentó como candidato a la presidencia de Rusia y solo obtuvo el 0,5% de los votos. Su figura inspiraba a sus compatriotas indiferencia o rechazo por ser mayoritariamente asociada con el fin de la URSS, entendido este como pérdida y no como liberación.
2. Tim Berners-Lee
El ingeniero inventó la World Wide Web y ya nada volvió a ser lo mismo. Renunció a enriquecerse con ello.
Por Patricia Fernández de Lis, corresponsal de Ciencia y Tecnología de EL PAÍS. Lleva escribiendo de estas temáticas desde 1998.
Ocurrió el 12 de marzo de 1989. Un ingeniero británico que trabajaba en el CERN, el centro suizo que alberga el mayor laboratorio de física del mundo, escribió una propuesta para su jefe. Este se la devolvió con una nota manuscrita: “Vaga pero emocionante”. Treinta y siete años después, aquella idea “vaga” es la infraestructura sobre la que se sostiene casi todo lo que hacemos a día de hoy. Tim Berners-Lee inventó la World Wide Web y, a diferencia de muchos de los que han cambiado el mundo desde que EL PAÍS existe, lo hizo sin pedir nada a cambio.
Berners-Lee (Londres, 70 años) estableció la primera comunicación entre lo que llamó un “cliente” y un “servidor” en diciembre de 1990, sobre el protocolo http, y en agosto de 1991 puso en marcha el primer sitio web de la historia. La propuesta inicial tenía un nombre provisional, Mesh, “malla”, antes de apostar por algo más ambicioso: World Wide Web, la telaraña mundial. Nunca tomó medidas para obtener derechos de propiedad intelectual o comercial sobre su invento. Simplemente lo regaló. Era el espíritu del momento, y el de su invención: “La idea original de la web era que fuera un espacio colaborativo donde pudieras comunicarte compartiendo información”, dijo en el 25 aniversario.
Cuando EL PAÍS nació, en 1976, no existía el correo electrónico, ni los teléfonos móviles, ni las redes sociales. Hoy, la creación de Berners-Lee es usada regularmente por 5.500 millones de personas. La web que concibió en un laboratorio de física de partículas se convirtió en el sistema nervioso del planeta: en ella se hace la compra, se busca trabajo, se aprende, se leen noticias, se vota, se conoce pareja, se organizan revoluciones y se llora a los muertos.
También se pierde el tiempo, se insulta, se acosa y se amenaza. El uso de redes sociales durante tres horas o más al día está vinculado a tasas más altas de ansiedad y depresión, y los menores adictos tienen entre dos y tres veces más probabilidades de experimentar ideación suicida. Hace unas semanas, en California, Meta y Google fueron condenadas a pagar seis millones de dólares a una joven de 20 años por haber diseñado sus plataformas para mantenerla enganchada desde niña. Esta sentencia se considera un aviso claro de que las redes han llegado a su era tabaquera: empiezan a considerarse un peligro para la salud.
Berners-Lee lleva años diciendo que esto no era lo que tenía en mente. Ha criticado a Google e Instagram por sus algoritmos adictivos y la explotación de datos, y ha advertido de que “la web está siendo secuestrada para pasar de una economía de la intención a una economía de la atención”. El usuario, dice, se ha reducido a producto publicitario porque en los años noventa la web fue asaltada por “charlatanes”.
Sir desde 2024, Berners-Lee recibió en 2007 la muy exclusiva Orden del Mérito, que solo 24 personas vivas pueden ostentar a la vez. Se casó en 2014, es tímido y rehúye las entrevistas. Su último libro se titula This Is For Everyone —esto es para todos—, toda una declaración de principios. “Podemos arreglar internet. No es demasiado tarde”, ha escrito.
3. Nelson Mandela

Nadie ejemplifica la lucha por un mundo justo y libre de la opresión racial como este político y activista, que estuvo 27 años encarcelado por el régimen del apartheid y llegó a presidir Sudáfrica.
Por Beauregard Tromp, escritor y periodista sudafricano. Es coordinador de la Conferencia Africana de Periodismo de Investigación. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.
En la Fundación Nelson Mandela de Johanesburgo, los archiveros e investigadores siguen dedicados a la tarea aparentemente interminable de gestionar el legado de Madiba. Entre las decenas de cuadernos repletos de las notas escritas en la característica y cuidadosa letra de Nelson Mandela (1918-2013), las pinturas, las esculturas y los diversos recuerdos de figuras del deporte —desde leyendas del boxeo hasta estrellas de la NBA—, hay una fotografía amarillenta, impresa en papel de periódico y de tamaño DIN A3. En ella aparece Mandela absorto en una conversación con su compañero Walter Sisulu, en la prisión de Robben Island en la que cumplían cadena perpetua. La fotografía, que en su día formó parte de la campaña contra el apartheid, está desgarrada y tiene agujeros. Al principio estuvo colgada en la pared del despacho universitario de Ruth First, una mujer contemporánea de Mandela y leal participante en la lucha contra el régimen racista sudafricano. En agosto de 1982, una carta bomba acabó con su vida. La fotografía fue testigo silencioso de su asesinato.
La foto de Mandela era una rareza, puesto que el Gobierno del apartheid había prohibido a mediados de los años sesenta que se expusiera su imagen. Las autoridades sabían que, en él, el movimiento de liberación del Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés) había encontrado una figura que encarnaba muchas más cosas que el hombre al que querían tener confinado en su celda de 2,4 por 2,1 metros. Mandela era también la mujer negra sentada en un banco “solo para blancos”. El adolescente que se enfrentaba a unos policías equipados con porras y armas desenfundadas. El propietario expulsado por la fuerza de su hogar. Era todos nosotros.
En la memoria colectiva se presenta como un hombre virtuoso, un gigante que dedicó su vida a la lucha por un mundo justo, que estuviera libre de la opresión racial y de cualquier otro tipo. Pero nadie es una sola cosa, y él, tampoco.
El mundo conoce al Madiba que salió de la cárcel sin guardar rencor a sus opresores. Pero sus colaboradores cercanos también recuerdan a un hombre que podía ser implacable y que, a veces, se equivocaba.
Nelson Mandela sufrió muchos fracasos, y algunos le pesaron más que otros. Pocos le causaron tanto dolor como la separación de su esposa, Nomzamo Winnie Mandela. Durante la prisión y el confinamiento forzoso, ella contribuyó de manera crucial a mantener vivo el recuerdo de su marido encarcelado y se convirtió en un faro de resistencia contra el régimen brutal. Estuvo presente cuando salió de la cárcel en 1990, con el puño en alto en señal de desafío mientras las masas se agolpaban para ver al hombre que la acompañaba, un Mandela que era más mito que realidad. Seis años más tarde, la pareja se separó. En las declaraciones privadas y públicas hechas por Madiba después del divorcio, muestra constantemente el profundo cariño y la preocupación por su exmujer. Cuando, en un momento dado, Winnie se vio envuelta en problemas legales, él pidió a un aliado que le proporcionara ayuda, pero el amigo se negó. Mandela nunca volvió a hablar con aquella persona, a pesar de los numerosos intentos de conocidos comunes.
Uno de los aspectos a analizar para examinar el legado de Nelson Mandela es el partido que dirigió y al que dedicó su vida, el ANC. Durante los 32 años que ha ocupado el poder, este ha pasado gradualmente de la disfunción a la mala gestión y la corrupción y ha tenido cada vez más dificultades para cumplir sus promesas electorales de “una vida mejor para todos”. Esta frustración se manifestó en especial en el movimiento #FeesMustFall, una enérgica corriente de protesta encabezada por las universidades contra el aumento de las tasas y por la descolonización de las instituciones de enseñanza superior. Los activistas denunciaron la mitificación de Mandela, de su generación y de las sucesivas, por llevar a cabo una revolución que no logró construir un futuro tangible para las generaciones posteriores. Las ideas marxistas revolucionarias y los planes de nacionalización que habían impregnado los años de lucha habían quedado sustituidos por políticas neoliberales pragmáticas de privatización y capitalismo desenfrenado.
Madiba era un hombre de principios y, al mismo tiempo, un hombre pragmático. En diversas ocasiones se le criticó por los fuertes lazos que el ANC y él mantenían con figuras como el cubano Fidel Castro, el libio Muamar el Gadafi o el ayatolá Jomeini en Irán; todos ellos habían apoyado el movimiento antiapartheid en momentos en los que países como el Reino Unido y Estados Unidos respaldaban al régimen racista sudafricano. Su pragmatismo se hizo todavía más evidente cuando llegó a la presidencia y entabló una estrecha relación con el mandatario estadounidense Bill Clinton.
Ya jubilado, siguió muy pendiente de los acontecimientos y se encontró en la extraordinaria posición de poder participar en los debates sobre su legado, un proyecto que le preocupaba cada vez más. Según cuentan quienes colaboraron con él, Madiba se alegraba de que la verdad sin adornos saliera a la luz. En medio de esta tarea, pudo recuperar una afirmación que había hecho 40 años antes en una carta dirigida a Winnie: “Una cuestión que me preocupaba profundamente en la cárcel era la imagen falsa que, sin querer, proyectaba al exterior y que hacía que me considerasen un santo. Nunca lo fui, ni siquiera con arreglo a la definición más terrenal de santo, como un pecador que sigue intentándolo”.
4. Katalin Karikó y Drew Weissman

Los dos científicos establecieron los fundamentos que hicieron posible desarrollar vacunas contra la covid poco después del inicio de la pandemia. Salvaron vidas con una investigación que la industria había ignorado.
Por Javier Sampedro, científico y periodista.
Desde que se declaró la pandemia de la covid en los primeros meses de 2020 hasta que las vacunas estuvieron disponibles apenas pasó un año. Esas cosas suelen llevar 10 veces más tiempo, y eso en el caso de que salgan bien. El mundo acogió las vacunas con los brazos abiertos, atribuyó el éxito a los grandes adelantos de la industria biotecnológica y se olvidó del asunto con mal disimulado alivio. La historia real, sin embargo, es mucho más compleja que todo eso. Y también mucho más interesante.
Las vacunas de la covid, que resolvieron una de las peores pandemias de la historia, se empezaron a gestar 20 años antes, cuando aún no hacían ninguna falta, y fueron producto del genio de dos científicos que tuvieron que aguantar el ninguneo, la falta de fondos y la marginación profesional a la que les sometieron tanto la industria farmacéutica como los grandes financiadores de la investigación pública, por no hablar de la mayoría de sus propios colegas, que siempre fueron escépticos sobre este enfoque. Se llaman Katalin Karikó (Szolnok, Hungría, 71 años) y Drew Weissman (Lexington, Estados Unidos, 66 años), y pocos políticos podrán jactarse de haber salvado tantos millones de vidas como ellos.
El trabajo original de Karikó y Weissman en que se basan las vacunas de 2020 fue rechazado 15 años antes por las dos revistas científicas de mayor impacto, Nature y Science, en un recordatorio lacerante de que la élite científica puede meter la pata hasta las ingles como cualquier otro hijo de vecino. Por fortuna, toda esta concatenación de errores se vio resuelta tras declararse la pandemia de la covid, y los dos científicos visionarios recibieron el Premio Nobel de Medicina en 2023. Rara vez la Academia sueca es tan rápida en su reconocimiento del talento.
La ciencia detrás del descubrimiento es sofisticada. Una vacuna tradicional es alguna forma de un agente infeccioso (un virus, por ejemplo) que sea capaz de alertar al sistema inmune humano, pero sin causar la enfermedad. Así, cuando el virus de verdad infecta a la persona, su sistema inmune ya está entrenado para responder. Todo virus consiste en un pequeño paquete de genes envuelto en una cubierta (cápsida) protectora. Casi todas las vacunas son virus inactivados por un tratamiento que deja su cápsida lo bastante intacta como para que el sistema inmune la reconozca y genere anticuerpos.
Las vacunas de Karikó y Weissman se basan en principios muy distintos. Olvidemos ahora a los virus y centrémonos en la forma normal en que funcionan nuestros genes. Un gen humano está hecho de ADN, la célebre doble hélice, y su secuencia de letras químicas, las cuentas del collar que constituye una proteína. Pero esa traducción de una secuencia a la otra no ocurre directamente, sino mediante un intermediario llamado ARN mensajero (ARNm). La idea ganadora consiste en hacer ARNm cuya secuencia signifique una proteína de la cápsida de cualquier virus, el de la covid en este caso. Ese ARNm se inyecta en la persona, penetra en sus células y allí dirige la fabricación de una proteína de la cápsida o espícula del virus en este caso. El sistema inmune detecta la proteína extraña y queda entrenado para responder contra ella.
La de Karikó y Weissman es la historia de un éxito abrumador, pero la velocidad récord con que se desarrollaron las vacunas es profundamente engañosa. Lo que hubo detrás fueron dos cerebros de inmenso talento, décadas de perseverancia y la convicción de que una ciencia sólida acabaría por abrirse camino pese a un entorno desmoralizante, inercial y movido por un escepticismo miope y castrante. Esta es la forma en que avanzan la ciencia de verdad y todo el conocimiento humano.
5. Deng Xiaoping
El líder comunista fue el artífice de la China actual. Puso las bases para que el país se convirtiera en la mayor fábrica del mundo. Sus grandes errores fueron la represión en Tiananmén y la política del hijo único.
Por Georgina Higueras, escritora y periodista. Fue corresponsal de EL PAÍS en Asia entre 1987 y 2013 y enviada especial a numerosos países de la zona.
Como un Quijote, Deng Xiaoping defendió con un alto coste personal y familiar su pragmatismo ideológico y la necesidad de que China se abriera y se modernizara. Fue purgado tres veces y un hijo quedó parapléjico tras ser torturado por los Guardias Rojos de Mao. Corría diciembre de 1978, cuando finalmente logró imponer en el Comité Central del Partido Comunista Chino (PCCh) la teoría de las cuatro modernizaciones (agricultura, industria, ciencia y tecnología y defensa), con la que condujo al país hasta erigirse en la gran potencia que es hoy en día.
Deng Xiaoping sabía que para poner la economía en marcha tenía que liberarse del ala más retrógrada del PCCh. Usó el juicio contra la Banda de los Cuatro para hacer caer al heredero de Mao Zedong y consolidarse como líder supremo. Contrario al culto al poder ejercido por Mao, él prefirió gobernar desde las bambalinas.
No lo tuvo fácil. Para los reformistas, se avanzaba demasiado lento. Para los conservadores (la ultraizquierda), su política mercantilista era anatema. Entre estos últimos se encontraba la gerontocracia militar presente en la dirección del PCCh. De ahí que, una vez que consiguió dotar al país de una nueva Constitución (1982), el único cargo que se otorgó fue el de presidente de la Comisión Militar Central, para desde ahí jubilar y retirar a sus cuarteles a muchos miembros del Ejército Popular de Liberación opuestos a la transformación del país.
Su firme apuesta por el liberal Hu Yaobang como secretario general del PCCh fue lo que mayor desgaste le ocasionó. Hu Yaobang, encargado de reformar el partido, se convirtió en el enemigo a batir de la ultraizquierda, que logró defenestrarle políticamente después de su apoyo a las manifestaciones estudiantiles de 1987. Dos años más tarde, cuando murió de un fallo cardiaco, los estudiantes acudieron a Tiananmén a reivindicar su liderazgo. Ahí dio comienzo al capítulo más negro de la era de Deng Xiaoping, que acabó en un baño de sangre y la toma del poder por los conservadores. Fumador empedernido y gran jugador de bridge, fue el artífice de “un país, dos sistemas”, con el que recuperó la colonia británica de Hong Kong frustrando la soberbia de Margaret Thatcher.
En lo que no tuvo visión de futuro fue en su política del hijo único, con la que sacrificó principios fundamentales de la sociedad china. Fue su gran error, pero China le debe haber recuperado el centro del mundo.
6. Margaret Thatcher
La mandataria británica abanderó la doctrina neoliberal hasta convertirla en hegemónica.
Por Walter Oppenheimer, corresponsal de EL PAÍS en el Reino Unido entre 2001 y 2014.
Margaret Thatcher (1925-2013) fue la primera mujer que lideró a los conservadores británicos (1975) y la primera en formar Gobierno (1979), pero nada de eso importa al lado de su legado político. Carismática y tozuda, llevó hasta el límite su creencia de que es el individuo quien mueve el mundo. “No existe esa cosa llamada sociedad”, llegó a decir. Rompió el consenso político imperante desde la II Guerra Mundial, cuando el miedo al comunismo llevó a Europa a abrazar el keynesianismo y garantizar con dinero público el bienestar de la sociedad manteniendo la demanda y reduciendo el desempleo: dio un giro de 180 grados y empezó a aplicar la doctrina monetarista. Toda la actividad económica en manos del mercado. Sus primeros años de Gobierno estuvieron marcados por el cierre de las minas de carbón deficitarias y su encarnizado enfrentamiento con los mineros. También las primeras nacionalizaciones: con ellas, el paro y el descontento.
En su auxilio vino el dictador argentino Leopoldo Galtieri, al ordenar la invasión de las islas Malvinas en 1982. Thatcher desdeñó cualquier arreglo diplomático y se agarró a la vieja máxima de que no hay nada como una buena guerra para salvar a un político en peligro. Y envió a las Malvinas una Armada que recordó a los británicos los viejos tiempos del Imperio.
Derrotados los sindicatos, arrasada la economía pública, Thatcher se alió con Ronald Reagan para impulsar la libre circulación de capitales, transformando la economía industrial en una de servicios que enriqueció a Londres en detrimento del campo y las ciudades del norte. La derecha la ve como la salvación. La izquierda, como la semilla del diablo que ha llevado a las actuales desigualdades, al empobrecimiento de la clase media y a la acumulación de riqueza y poder en manos de un puñado. El Reino Unido se fue convirtiendo en un viejo gruñón que atribuyó a Europa sus desgracias y se abrazó al Brexit.
7. Donald Trump
La estrella televisiva convertida en presidente de EE UU hizo saltar por los aires el tablero geopolítico.
Por Miguel Jiménez, director adjunto de EL PAÍS. Fue corresponsal jefe en EE UU entre 2022 y 2025.
El magnate inmobiliario y estrella de la telerrealidad elegido presidente de EE UU es hoy seguramente la persona más famosa, influyente y poderosa del mundo. Sus abusos de poder y su culto a la personalidad lo convierten en un tirano moderno que gobierna al albur de sus caprichos, con desprecio a las convenciones, la Constitución y el derecho.
Carismático, demagogo y mentiroso, llegó a la Casa Blanca por primera vez como un antisistema que supo engatusar en 2016 a los perdedores de la globalización en unas elecciones que ganó con menos voto popular que su rival, Hillary Clinton. Bajó los impuestos a las empresas y las rentas más altas, impuso aranceles que dañaron la economía y erosionó las relaciones con los aliados, antes de que las protestas sociales y la pandemia le desbordasen por completo. Fue una presidencia fallida. Eso sí, con el nombramiento de tres magistrados, dio un vuelco ideológico de largo alcance al Tribunal Supremo.
Fue barrido en las urnas por Joe Biden en 2020. Se negó a aceptar su derrota. Sus partidarios asaltaron el Capitolio en uno de los episodios más negros de la democracia estadounidense. Fue imputado por sus maniobras para alterar el resultado electoral y por llevarse documentos confidenciales a su mansión de Mar-a-Lago, pero la lentitud de los fiscales y las maniobras de sus abogados le libraron de ser juzgado. Sí fue declarado culpable por 34 delitos de falsificación, pero el juez le dejó sin pena tras su regreso a la presidencia.
Trump se presentó como un mártir y capitalizó hasta la foto de su ficha judicial. El deterioro físico de Biden, y el descontento ante las crisis inflacionista y migratoria permitieron su victoria. Tras su regreso triunfal, el primer delincuente convicto presidente de EE UU practica una política revanchista en el interior y de confrontación en el exterior, con amenazas incluso genocidas y poca moralidad.
Despidos masivos, campañas de deportaciones brutales y persecución de rivales dominan su agenda interna. Declaró una nociva e ilegal guerra comercial al mundo, aunque tuvo que dar un paso atrás ante el daño que infligía a su propia economía. En el exterior, ha hecho saltar por los aires el tablero geopolítico con su retórica imperialista (Canadá, Groenlandia, Panamá…), el menor apoyo a Ucrania, la carta blanca a Netanyahu en Gaza, la captura de Maduro en Venezuela y el bombardeo masivo de Irán. Trump ha erosionado las relaciones con sus aliados, puesto en solfa a Occidente, y reforzado a China, su gran rival, cuando su segundo mandato ni siquiera ha alcanzado el ecuador.
8. Steve Jobs
El fundador de Apple transformó la informática, la telefonía, el consumo de música y el cine de animación. Tan clarividente como insufrible, canalizó el deseo de miles de millones. Su influencia cultural fue enorme.
Por Delia Rodríguez, periodista especializada en Tecnología.
Mientras en Madrid se imprimía el primer ejemplar de EL PAÍS, al otro lado del Atlántico dos jóvenes melenudos, Steve Wozniak y Steve Jobs (1955-2011), soldaban contra reloj placas base en un garaje para entregar a tiempo el primer pedido de la empresa que habían fundado un mes antes y que ahora también cumple 50 años: Apple. Uno era el ingeniero genial, el otro el hippy visionario. Este mito fundacional ha sido mil veces contado; estaban en el lugar adecuado en el momento preciso, la California de la revolución informática de los años setenta.
Jobs fue expulsado de su propia empresa por el mismo directivo al que convenció de abandonar Pepsi preguntándole si prefería pasarse la vida vendiendo agua con azúcar o cambiando el mundo. Tras unos años de ausencia durante los cuales fundó otra empresa de computación y se hizo con Pixar —que vendería después a Disney—, volvió a Apple en 1997 para reflotarla. Lo hizo tan bien que en 2011, año de su temprana muerte, llegó a superar a la petrolera Exxon como empresa más valiosa del mundo. Tras la revolución industrial llegaba la era de la información y Jobs era su figura más carismática.
Según su biógrafo Walter Isaacson, contribuyó a transformar siete industrias: la informática personal (con el Mac), el cine de animación (Pixar), la música (iPod y iTunes), la telefonía (iPhone), las tabletas (iPad), el comercio minorista (Apple Store) y la publicación digital (iBooks). Solo con el iPhone, que puso un ordenador en el bolsillo de miles de millones de personas, acelerando la adopción y ubicuidad de internet, ya hubiera pasado a la historia.
Es considerado uno de los empresarios más eficaces de todos los tiempos, un genio clarividente, un perfeccionista incansable, un esteta, un vendedor que creaba un “campo de distorsión de la realidad” a su alrededor. También un jefe tirano que obvió las condiciones laborales en China y un ser insufrible que, aunque fue adoptado, no quiso reconocer a su hija Lisa. Aún hoy se discute en qué consistió su magia. No era un gran técnico como Wozniak ni un diseñador como Jony Ive, y buena parte de sus innovaciones consistieron en apropiarse de lo que ya existía, haciéndolo deseable a gran escala. Murió a los 56 años de un cáncer que pudo haber sido curable, pero su soberbia new age le hizo perder el tiempo con terapias inútiles: también avanzó el nuevo mundo en sus debilidades. Hoy Jobs tendría 71 años y es inevitable preguntarse qué papel jugaría en el oscuro tecnocapitalismo contemporáneo. ¿Hubiera vuelto a canalizar nuestros deseos?
9. Amancio Ortega
El fundador de Inditex ha revolucionado el negocio de la moda con Zara y erigido un imperio inmobiliario global.
Por Ricardo de Querol, director de Cinco Días.
El hombre más rico de España es el responsable de la que tal vez sea la mayor revolución en la forma en que se produce, se distribuye y, sobre todo, se consume moda desde la invención del prêt à porter a mediados del siglo pasado. El éxito de Zara —la marca emblemática de Inditex, junto a Pull & Bear, Lefties o Bershka— se basa en una cadena engrasada que renueva las estanterías cada pocos días según lo que funciona y lo que no. Zara es muy competitiva en precio y sabe responder a toda prisa al cambiante gusto de los clientes, que han convertido visitar sus tiendas en otra rutina más de ocio.
Nadie en España puede rivalizar con Amancio Ortega por el título de hombre hecho a sí mismo. El empresario (nacido en la provincia de León en 1936, pero ante todo coruñés), el menor de los cuatro hijos de un ferroviario y un ama de casa, es la décima persona más rica del mundo, con un patrimonio de 148.000 millones de dólares (128.000 millones de euros) en la lista Forbes. Empezó desde abajo hasta edificar Inditex, la empresa más valiosa del Ibex 35 (160.000 millones de euros), que le riega de dividendos dos veces al año. Con ese dinero levantó otro coloso, Pontegadea, que posee inmuebles emblemáticos en Nueva York, Londres o París.
Apenas se le ve en público. Solo están disponibles un puñado de fotos de él. Nunca ha dado entrevistas, ni ruedas de prensa. Le duele que haya ruido sobre sus iniciativas filantrópicas, como la donación de equipos a la sanidad pública. Los que le tratan dicen que es un tipo austero, alejado de los lujos y extravagancias que abundan entre los tecnoligarcas con los que comparte la lista de los milmillonarios. Se buscó la vida desde adolescente, primero como chico de los recados de la camisería coruñesa Gala y luego como comercial de la empresa de confección La Maja. Se inició así en la industria textil que llegaría a dominar. Junto a Rosalía Mera —entonces su novia, luego su esposa, con la que tuvo dos hijos y fallecida en 2013— cosía prendas por las noches. El éxito de sus batas acolchadas de guata los llevó a fundar Goa Confecciones, un pequeño taller, y en 1975 abrieron la primera tienda Zara en A Coruña. Inditex se constituyó en 1985 y vino deprisa la expansión mundial. En 2001 se casó con Flora Pérez Marcote, con quien había tenido a Marta, hoy presidenta de la compañía. Él dejó en 2011 ese puesto, sin soltar su 60% de las acciones. Ese imperio ha seguido a toda máquina, apoyado en la minuciosidad con la que desde su sede en Arteixo (A Coruña) se analiza minuto a minuto qué se está vendiendo en Bangkok.
10. Gabriel García Márquez
El escritor influyó tanto en la literatura de varias generaciones como en numerosas causas políticas.
Por Juan Gabriel Vásquez, escritor.
Sí, es verdad, fue uno de los novelistas más influyentes del último medio siglo. Pero ¿qué significa eso? ¿Qué tipo de influencia fue la suya, cómo se manifestó, y dónde es visible? Comencemos por lo importante: los libros. Yo puedo lanzar, por lo pronto, una opinión hiperbólica o escandalosa: con la excepción del Quijote, Cien años de soledad es la novela de lengua española más influyente de los últimos cuatro siglos. Novelistas de todas las tradiciones han declarado, como si pasaran por la aduana de la literatura, la influencia de la saga de Macondo: desde Patrick Chamoiseau en el Caribe francés hasta Peter Carey en Australia, desde Mo Yan en China hasta Toni Morrison en Estados Unidos. Otros han hablado de esa influencia de maneras más ambiguas o soslayadas o aun reticentes: el indio Salman Rushdie, el japonés Haruki Murakami, el nigeriano Ben Okri. La presencia de García Márquez (1927-2014) es más o menos evidente en las páginas de novelistas tan dispares como Isabel Allende, Angela Carter, Michael Chabon y Laura Esquivel. Y la lista podría continuar.
Y los libros le permitieron otro tipo de influencia: la que podemos llamar política. Su relación con la Revolución Cubana —y su amistad con Fidel Castro— sigue siendo tema de controversia en América Latina; resmas enteras se han cubierto con reflexiones sobre sus vínculos con el poder, y yo sospecho que en esos diagnósticos hay a menudo mucho de prejuicio, desconocimiento, envidia latinoamericana (en esto somos líderes) o descalificación por razones ideológicas (bueno, en esto también). Quienes lo conocieron hablan de las formas de su generosidad, pues la influencia era también eso: la posibilidad de levantar el teléfono y hablar con quien fuera —Mitterrand, Clinton, el Papa— con tal de ayudar a alguien. Así es: si hay que hablar de influencia, puso la que tuvo al servicio de los que no tenían ninguna, o la usó para defender, desde la sombra, alguna de las causas que le movieron la brújula.
García Márquez nació en Aracataca, un pueblo pequeño colombiano, pero vivió en el mundo entero; nació en 1927, pero falseó esa fecha para hacerla coincidir con la masacre de las bananeras, uno de los hechos más notorios de la historia colombiana. Me gusta ver esta desinformación como una metáfora de su relación con su época: siempre quiso identificarse con la historia, vivir en ella, moldearla y dejarse moldear. En eso, desde luego, también consiste la influencia.

11. Bill Gates
1955. Empresario tecnológico. Con 19 años, junto con su amigo Paul Allen, de 22, convirtió el garaje en el gran mito del emprendedor estadounidense. En uno dieron los primeros pasos para inventar Microsoft en 1975 y el sistema operativo Windows poco después. Revolucionaron la informática. Hoy es uno de los mayores filántropos. Su fortuna se estima en 104.000 millones de dólares. Por Amanda Mars

12. Vladimir Putin
1952. Político. Líder de facto de Rusia desde 2000, cambió en 2020 la Constitución para poder gobernar hasta 2036. Ha iniciado guerras en Chechenia y Georgia, ha participado en la de Siria, se anexionó Crimea e invadió Ucrania. Su visión del orden mundial por medio de la fuerza ha inspirado a una generación de líderes autoritarios y ha llegado hasta la Casa Blanca. Por Margaryta Yakovenko

13. Juan Carlos I
1938. Rey emérito. Juan Carlos de Borbón nunca quiso que su heredero tuviera una estructura propia en La Zarzuela. Todo debía pasar irremisiblemente por él. Hoy, el que fue motor de la democracia, el rey que frenó el 23-F, bordeando ya los 90 años, ha creado una corte paralela entre Sanxenxo y Abu Dabi. Su hijo es la víctima del fuego amigo. Por Jesús Rodríguez

14. Rafa Nadal
1986. Tenista. ¿Qué es el deporte, si no superación? De eso sabe un rato el mallorquín, el mayor deportista español de todos los tiempos. Sinónimo de épica y éxito, también de sufrimiento, España lo vio crecer, triunfar, caer y regenerarse una y otra vez. Amo y señor de Roland Garros, que ganó hasta 14 veces, junto con Djokovic y Federer definió una era dorada en el tenis mundial. Por Alejandro Ciriza

15. Juan Pablo II
1920-2005. Papa. El polaco Karol Wojtyla se convirtió en un líder mundial por su carisma, su papel en la caída del comunismo y por sobrevivir a un atentado. Se enfrentó a la Mafia, pero no combatió la pederastia en la Iglesia y protegió al gran abusador Marcial Maciel, líder de los Legionarios de Cristo. Juan Pablo II fue un papa luminoso con demasiadas sombras. Por Pablo Ordaz

16. Madonna
1958. Música. El sueño americano con perspectiva feminista nació en una familia desestructurada del Medio Oeste y transitó desde la escena underground neoyorquina hasta convertirse en la diva del pop más importante de todos los tiempos. Redefinió los estándares de la industria, hasta ponerse a la altura de la Virgen María. Sigue retando a las mentes conservadoras. Por Raquel Peláez

17. Felipe González
1942. Político. EL PAÍS informaba el 9 de diciembre de 1976 del “triunfo de la línea de Felipe González” en el XXVII Congreso del PSOE en Madrid sin que aún hubiera sido legalizado. El socialista empezó la modernización de su organización y de su país. Y lo consiguió en su largo mandato, entre 1982 y 1996. España se transformó con la entrada en la Comunidad Económica Europea en 1986. La democracia se consolidó. El sempiterno “problema militar” quedó conjurado. Las autonomías arraigaron. El Estado de bienestar tomó cuerpo. Y la Monarquía se asentó. Sin embargo, el desencanto anidó entre quienes esperaban políticas más a la izquierda y cristalizó con la huelga general del 14 de diciembre de 1988. Nunca ha habido otra igual. Hubo terrorismo de Estado y corrupción en el seno del PSOE. Para la prensa internacional, González fue un “patriota” y “reformista”. Quizá él mismo definió mejor que nadie su filosofía con una cita que le escuchó a Deng Xiaoping en 1985, en su primer viaje oficial a China: “No importa si el gato es blanco o negro; lo que importa es que cace ratones”. Por Anabel Díez

18. J. K. Rowling
1965. Escritora. Traducidas a más de 60 lenguas y con cerca de 500 millones de ejemplares vendidos, las aventuras de un niño aprendiz de mago llamado Harry Potter son un fenómeno cultural que ha marcado época. Su creadora logró construir un mundo, que amplió en películas, obras teatrales y una serie. Cual flautista de Hamelín, arrastró a varias generaciones tras de sí. Por Andrea Aguilar

19. Osama Bin Laden
1957-2011. Terrorista. Responsable de los atentados del 11-S, el saudí inauguró una época de terror global con Al Qaeda. El siglo XXI no se puede entender sin su odio; pero tampoco sin las guerras de Afganistán e Irak que desató George W. Bush tras los ataques. Su muerte en Pakistán, a manos de los Navy Seals, se convirtió en un símbolo del poder vengador de Washington. Por Guillermo Altares

20. Mario Draghi
1947. Político y economista. En lo peor de la Gran Crisis, Mario Draghi, entonces presidente del Banco Central Europeo, se sacó de la chistera este conjuro: “Haremos lo que haga falta y, créanme, será suficiente”. Y los especuladores salieron huyendo como conejos. Draghi, que luego fue primer ministro de Italia, salvó el euro y definió las posteriores políticas económicas europeas. Por Claudi Pérez

21. Greta Thunberg
2003. Activista. A los 15 años Greta Thunberg se convirtió en un símbolo global por faltar al colegio para manifestarse frente al Parlamento sueco contra la inacción de los adultos ante el cambio climático. Su mayor contribución a la humanidad es sacarle los colores, por eso su figura incomoda a muchos. Ahora, con 23, tiene más razones para protestar, como el genocidio palestino. Por Clemente Álvarez

22. Mark Zuckerberg
1984. Empresario tecnológico. Inició con Facebook la era de las redes sociales, que sigue dominando 22 años después, y conectó a millones de personas. Pero también es el responsable de sus miserias: desde el uso fraudulento de datos de usuarios para mandarles publicidad electoral personalizada hasta su diseño adictivo y perjudicial para los jóvenes, ahora en los tribunales. Por Manuel Pascual

23. Felipe VI y Letizia Ortiz
1968 y 1972. Reyes. Felipe de Borbón y Letizia Ortiz, el descendiente de san Luis y la nieta del profesional del taxi, han formado un equipo insuperable. Desde su matrimonio en 2004 han demostrado que se puede reinar de otra forma. Han apostado por la utilidad y la cercanía. Sus hijas son su patrimonio. El anterior monarca, la piedra en su zapato. Por Jesús Rodríguez

24. Serena Williams
1981. Tenista. Es la mejor tenista de la era Open que se inició en 1968. Con eso hay que empezar siempre: con el trascendental impacto que Serena Williams ha tenido en el deporte moderno, con la voracidad de su tenis, con la irrupción de su personalidad. Nacida en Saginaw, Míchigan (EE UU), en 1981, apareció en el circuito profesional a finales de los noventa con una potencia física y una mentalidad competitiva que desbordaron los códigos del tenis tradicional. Junto con su hermana Venus, redefinió el juego y la representación racial y cultural en un deporte históricamente elitista. Williams construyó una carrera marcada por la resistencia: lesiones, críticas y maternidad ampliaron su leyenda. Su victoria en Australia en 2017, estando embarazada, resume su dimensión casi mitológica. Fuera de la pista, levantó una identidad empresarial y activista, se implicó en causas vinculadas a la igualdad de género y racial. Su retirada, en 2022, no ha disminuido su influencia. No solo cambió el tenis: alteró la forma en que el deporte entiende la excelencia, el cuerpo y el poder. Por Manuel Jabois

25. Ruhollah Jomeini
1902-1989. Ayatolá. En 1979, cuando el sah cayó en Irán, los demócratas persas creían que podrían controlar a Jomeini, y la izquierda mundial lo consideraba un líder del pueblo. Durante la entrevista con este clérigo furibundo tuve que cubrirme y mantener mi cabeza más baja que la suya. Poco después empezaron las ejecuciones masivas en los estadios de Irán y un infierno que aún dura. Por Rosa Montero

26. Steven Spielberg
1946. Cineasta. Steven Spielberg diferencia en su filmografía entre films (películas de autor) y movies (películas para el gran público). El cineasta, probablemente el director contemporáneo más relevante, ha logrado en numerosas ocasiones fusionar ambas facciones, sin perder su mejor cualidad, la del narrador que disfruta descubriendo y popularizando historias. Por Gregorio Belinchón

27. Mario Vargas Llosa
1936-2025. Escritor. No solo creó una prosa deslumbrante y empujó los límites de la literatura hacia territorios inexplorados, sino que fue uno de los grandes artífices de que la novela en español volviera por la puerta grande al canon universal, donde la colocó Cervantes. Fue tan capaz de crear un universo propio como de narrar hechos ajenos de forma extraordinaria. Por todo ello fue único. Por Berna González-Harbour

28. Angela Merkel
1954. Política. Ningún líder europeo ha sido tan determinante en el inicio del siglo XXI como Angela Merkel, canciller alemana entre 2005 y 2021. Gestionó la crisis del euro, abrió el país a los inmigrantes y gobernó en años de relativa prosperidad, pero fue criticada por evitar las reformas y por su excesiva complacencia con la Rusia de Vladímir Putin. Por Marc Bassets

29. Fidel Castro
1926-2016. Político. Encarnó la Revolución Cubana, se la apropió con un liderazgo autoritario y la convirtió en mito preservado por la izquierda mundial. Se alineó con la Unión Soviética y, tras su disolución, Cuba entró en crisis. Aún hoy, 10 años después de su muerte, suscita odio y veneración dentro y fuera de la isla como líder superviviente de mil naufragios y último héroe antiimperialista. Por Silvia Blanco

30. Lionel Messi
1987. Futbolista. El argentino ha conquistado el mundo con una pelota, sin esfuerzo aparente, de manera suave y elegante, movido por la ilusión de un niño y la ambición de adulto, y marcado por el virtuosismo de una jugada única, imposible o ya sabida: la rutina convertida en arte por el genio del 10. Nadie ha ganado más Balones de Oro que el rosarino, que este verano jugará su sexto Mundial. Por Ramon Besa

31. Lady Di
1961-1997. Princesa. Fue objetivo de los fotógrafos desde su compromiso a los 19 años con Carlos de Inglaterra hasta su muerte, con 36, perseguida por paparazis en París. Encandiló por su carisma y glamur e hizo tambalear la monarquía británica. Solo logró privacidad al morir: su tumba está en una isla dentro de un lago en los jardines de Althorp House, la finca de su familia. Por Elisabet Sans

32. Francis Collins
1950. Genetista. Este médico y biólogo dirigió el Proyecto Genoma Humano, que secuenció por primera vez toda nuestra cadena de ADN, el mayor proyecto de investigación en biomedicina de la historia. Además, fue uno de los más relevantes directores de los Institutos Nacionales de Salud de EE UU, el mayor financiador de investigación biomédica del mundo. Por Nuño Domínguez

33. Barak Obama
1961. Político. Con el triunfo de Barack Obama, el primer presidente negro de la historia de Estados Unidos, otro mundo fue brevemente posible. La prosa de su presidencia fue, como siempre, peor que la poesía de su campaña. Washington, y el mundo, aún no ha superado esa promesa, que le valió el Nobel de la Paz y duró lo que tardó en llegar Donald Trump. Por Iker Seisdedos

34. Pedro Almodóvar
1949. Cineasta. De la gamberrada que fue Pepi, Luci, Bom… a la contención melancólica de Amarga Navidad, pasando por su reinvención de la comedia de enredo y el melodrama, ha construido una obra fiel a sus obsesiones. Ningún cineasta español ha retratado el país con semejante mezcla de insolencia, ternura, artificio y lucidez. Aún hoy, una anomalía radical y luminosa. Por Álex Vicente

35. Judith Butler
1956. Filósofa. Abrió una brecha en la división del mundo entre ellos y ellas; alumbró la teoría queer. La pensadora de origen judío ha estudiado la violencia, el dolor, la respuesta al autoritarismo… Pero es El género en disputa (1990) el causante de que sus conferencias se llenen de fans. Su influencia en el pensamiento y en nuestra identidad es mayúscula. Por Carmen Pérez-Lanzac

36. Ronald Reagan
1911-2004. Político. Supuso un hito de optimismo y esperanza con su revolución conservadora: más mercado, menos impuestos y una mínima intervención del Estado. Sus medidas triplicaron la deuda, incrementaron el déficit y la desigualdad. Su aportación a la Guerra Fría fue negociar con Gorbachov el mayor desarme nuclear de nuestros tiempos. Por Lluís Bassets

37. Ferran Adrià
1962. Cocinero. Cambió las reglas del juego de la gastronomía mundial. No estudió en la universidad, pero es doctor honoris causa de cinco (en España, Canadá, Escocia y Argentina) y creó el curso Ciencia y Cocina en la Universidad de Harvard. Su restaurante elBulli, ubicado en un remoto lugar de la Costa Brava, fue reconocido cinco veces como el mejor del mundo según la lista The World’s 50 Best Restaurants antes de que cerrara en 2011. Su historia protagonizó la portada de El País Semanal en 1999 y la del magazine de The New York Times en 2003, señalándole como el máximo representante de un nuevo movimiento de la cocina de vanguardia mundial. Al año siguiente apareció en la portada de Time, como una de las 100 personas más influyentes del planeta. Por los fogones de elBulli pasaron los líderes actuales de la gastronomía mundial y es culpable de que en cualquier restaurante haya un plato con una esferificación. Desde que cerró elBulli, Adrià vuelca su obsesión en la difusión del conocimiento, desde la creación del método Sapiens a su Bullipedia. Por Almudena Ávalos

38. Michael Jordan
1963. Baloncestista. En el debate sobre el mejor deportista de todos los tiempos, Michael Jordan se codea con cualquiera. No solo por lo que ganó, seis anillos de campeón de la NBA como el líder de una dinastía en los Chicago Bulls, sino por su papel transformador en el baloncesto, el espectáculo e incluso en la relación de las estrellas con las firmas deportivas. Por Juan Morenilla

39. Jeff Bezos
1964. Empresario. El impacto de un hombre de negocios tiene que ver con la capacidad de transformar una industria e incluso la forma de consumir. Es el caso de Bezos, creador de Amazon, el mayor gigante del comercio electrónico, dueño de The Washington Post y fundador de Blue Origin. Gracias a él, cambiamos para siempre nuestra forma de comprar: en un clic y sin salir de casa. Por Amanda Mars

40. Giorgio Armani
1934-2025. Diseñador de moda. Falleció a los 90 años, días antes de la celebración del 50º aniversario de su firma. Construyó un imperio a partir de una forma de hacer sastrería que cambió el curso de la moda: las mujeres quisieron vestir aquellos trajes de masculinidad fluida. La libertad de sus siluetas reflejaba la lucidez de quien las vestía. Esto redefinió la relación entre ropa e identidad. Por Sofía Ruiz de Velasco

41. Meryl Streep
1949. Actriz La actriz de los cambios de acento y de peinado, la mujer que ha interpretado y ganado todo. Meryl Streep lleva medio siglo en lo más alto de su profesión, y a sus 76 años es la gran matriarca del arte de la emoción y el gesto gracias a su inimitable mezcla de mujer común y diosa. Por Elsa Fernández-Santos

42. Miquel Barceló
1957. Artista. Pintor, dibujante, escultor, ceramista y performer, ha consolidado una carrera fulgurante “hacia atrás”, como define él mismo. Su legado es uno en el que se encuentran lo arcaico con lo moderno. En su obra no hay una constante referencia a la actualidad, pero sus materiales, como él, siempre han sido porosos a la realidad que le rodea, ya sea en Europa o en África. Por Ana Marcos

43. Jürgen Habermas
1929-2026. Filósofo. Discípulo de Adorno, miembro de la Escuela de Fráncfort y premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2003, firmó obras capitales del pensamiento político del siglo XX como Teoría de la acción comunicativa. Este texto, y su concepto de democracia deliberativa, siguen marcando nuestro tiempo político y social desde un prisma humanista y progresista. Por Borja Hermoso

44. Shakira
1977. Música. Mucho antes de que Bad Bunny alcanzara la cima, lo hizo Shakira. Entre finales de los años noventa y el principio del nuevo siglo, la colombiana apareció no solo como una estrella del pop latino, sino como una arquitecta de cruces culturales. Con su voz —a la vez nítida y rugosa—, cautivó al mundo. Lo logró cantando primero en español con Pies descalzos (1995) y Dónde están los ladrones (1998), y luego con su estratégico cruce al inglés, Laundry Service (2001), con el que se consagró como fenómeno. El pop, el rock y los ritmos latinos se mezclaron en una fórmula que no pedía permiso, sino espacio. Gracias a ella, el público y la industria en EE UU comenzaron a mirar hacia el sur con otros ojos y entendieron que lo latino no era un género aislado, sino un movimiento. Su éxito abrió una rendija por la que después entrarían nuevas generaciones de artistas latinos y los grandes sellos se lanzaron a invertir más en talentos bilingües. Lo que se percibía como excepción se volvió estrategia. Y, luego, norma. Por Paola Nagovitch

45. Carlos Slim
1940. Empresario Ingeniero de formación, es una de las grandes figuras de la historia reciente de México y América Latina. Hizo de las crisis su terreno de juego y de la paciencia una estrategia. Levantó un imperio desde las telecomunicaciones a partir de la mexicana Telmex y lo extendió a decenas de países y sectores. Su poder no se exhibe, se ejerce de forma constructiva. Por Javier Lafuente

46. Adolfo Suárez
1932-2014. Político. Fue elegido para llevar España a la democracia. Tendió la mano a la oposición, sedujo a los suyos —formaba parte de las élites de la dictadura— y, con la presión de una sociedad que quería transformarse, lo consiguió. El líder y fundador de UCD convocó elecciones, legalizó el Partido Comunista e impulsó una nueva Constitución. Por José Andrés Rojo

47. Rupert Murdoch
1931. Empresario. Sus 95 años dibujan el retrato del poder entre sombras. Su batalla sucesoria se ha zanjado con el triunfo de Lachlan, favorito del fundador de News Corporation, imperio mediático conservador (Fox News, The Sun) que catapultó a Donald Trump. Ambos magnates se enfrentan hoy en los tribunales, pero la semilla del caos quedó plantada para el siglo XXI. Por Quino Petit

48. Yasir Arafat
1929-2004. Político. Simbolizó durante décadas el nacionalismo palestino, dándole un rostro y una iconografía. Su dibujo, con kufiya y uniforme color olivo, aún luce desvaído en campamentos de refugiados. Pese a su personalismo y cambiante discurso sobre la violencia, es el líder digno, carismático y unificador que muchos palestinos añoran hoy. Por Antonio Pita

49. Matt Groening
1954. Dibujante. Los Simpson deben su ternura al cineasta James L. Brooks y su sarcasmo al jefe de guionistas Sam Simon. Pero, antes, su principal creador, Matt Groening, les había dado (literalmente) forma y cierto aire underground. El éxito resultante lo conocemos todos. Pero si los años han erosionado el sarcasmo y la ternura, los dibujos siguen igual, 37 años después, icónicos e ineludibles. Por Tom C. Avendaño

50. Ana Wintour
1949. Editora. Acaba de protagonizar la portada de su revista, el Vogue americano, junto a su alter ego en la ficción, Meryl Streep, para escenificar que no es como ella: déspota, caprichosa, frívola. Sí es la mujer más poderosa de la moda desde hace 40 años, tiempo en el que la industria ha cambiado hasta resultar irreconocible. Pero la moda pasa y Wintour permanece.





