El sospechoso, que viajó en tren desde Los Ángeles a Washington, actuó movido por el “odio a los cristianos”, según el presidente estadounidense
Iker Seisdedos
Fiel a su tendencia de adelantarse a las noticias, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, compartió este domingo detalles de la investigación del ataque frustrado de Cole Allen en el hotel Hilton de Washington, en el que estaba celebrando la primera cena de corresponsales de la Casa Blanca, sin esperar a que sus funcionarios los revelaran con las debidas cautelas. Lo hizo en una entrevista telefónica con Fox News, en la que aseguró su autor actuó movido por un “odio profundo” hacia los cristianos. Lo dijo, aclaró, basándose en un “manifiesto” que las autoridades habían hallado en un ordenador del sospechoso.
El presidente describió a Cole Allen, californiano de 31 años detenido tras un tiroteo en el Hilton en el que fue reducido por los agentes de seguridad, como un “tipo muy problemático” cuyas motivaciones, según el mandatario, tenían un trasfondo religioso radical. “Al leer su manifiesto, te das cuenta de que odia a los cristianos. Eso es seguro. Es un odio fuerte, anticristiano”, insistió.
The New York Post informó, por su parte, de que ese manifiesto, “muy crítico con Trump”, se lo mandó a su familia antes de abrir fuego el sábado por la noche en un hotel en el que, según las primeras investigaciones, se registró el día anterior al ataque.
En el texto, siempre según el Post, Allen escribe: “Poner la otra mejilla es algo que se hace cuando es uno mismo quien sufre la opresión”. A continuación, el supuesto manifiesto enumera ejemplos recientes de las consecuencias de las decisiones de la Administración de Trump. “Yo no soy la persona violada en un centro de detención. No soy el pescador ejecutado sin juicio previo. No soy el escolar que muere en una explosión, ni el niño que muere de hambre, ni la adolescente abusada por los numerosos criminales que integran este Gobierno. Poner la otra mejilla cuando es otro quien sufre la opresión no es un comportamiento cristiano; es complicidad en los crímenes del opresor”.
“Ya no estoy dispuesto a permitir que un pedófilo, violador y traidor ensucie mis manos con sus crímenes”, escribió Cole, aparentemente en referencia al presidente, en ese texto publicado por el diario neoyorquino, cuya autenticidad no ha sido de momento verificada por las autoridades.
Antes de esas revelaciones, el fiscal general interino de Estados Unidos, Todd Blanche, se había erigido en el elegido para compartir los primeros datos sobre la investigación. Blanche dio entrevistas a los programas televisivos dominicales de las principales cadenas de noticias, en las que dijo que los investigadores sospechan que el objetivo del sospechoso no era solo Trump. “Se propuso atacar a las personas que trabajan en la Administración, probablemente también al presidente”, dijo sobre Allen, que este lunes está citado ante el juez.
Blanche también pidió paciencia para poder ofrecer conclusiones más sólidas, lo que no quitó para que la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, presente en la gala, escribiera en su cuenta de X que el sospechoso, al que definió como un “loco depravado”, buscaba “asesinar al presidente y al mayor número posible de altos funcionarios de la Administración”.
Además del presidente y de la primera dama, Melania Trump, acudieron a la cita anual de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca los secretarios de Estado, Marco Rubio, y de Defensa, Pete Hegseth, entre otros miembros del Gabinete, además del vicepresidente, J. D. Vance. Todos fueron evacuados por el Servicio Secreto inmediatamente cuando se oyeron los disparos. Blanche y el propio Trump elogiaron la actuación de esos agentes, aunque las preguntas sobre cómo un hombre armado pudo llegar tan cerca del presidente surgieron en las horas siguientes al incidente.
El portavoz Blanche
El fiscal general interino, que hasta nuevo aviso hace el trabajo de su jefa, Pam Bondi, despedida por Trump hace tres semanas, contó que los investigadores estaban estudiando el contenido de los ordenadores de Allen, informático de profesión que vivía en Torrance, una localidad de unos 150.000 habitantes cercana a Los Ángeles.
A partir de esas pesquisas y de las entrevistas realizadas a los testigos, las autoridades esperan sacar conclusiones sobre lo que pretendía hacer con la escopeta, la pistola y los varios cuchillos que llevaba encima cuando fue reducido por la seguridad del evento y, sobre todo, qué lo motivó a cruzar el país para lanzar un ataque que ha resucitado los peores fantasmas de la violencia política en Estados Unidos en un lugar, el Hilton, en el que Ronald Reagan sobrevivió a un atentado en 1981.
El autor de aquel magnicidio, John Hinckley Jr., también era californiano. Para llegar a Washington, Allen empleó un medio de transporte un tanto insólito en este país: el tren. Tomó primero uno de Los Ángeles a Chicago y después, otro desde esa ciudad a la capital estadounidense.






