Merck hizo de Keytruda algo más que un medicamento contra el cáncer: lo convirtió en un negocio blindado por patentes, precios desorbitados y una defensa feroz de su monopolio. En esa lógica, el acceso quedó restringido, los pacientes fueron empujados a buscar alternativas fuera del mercado formal y el fármaco terminó circulando también en cadenas irregulares, con consecuencias que ya no son sólo comerciales, sino humanas
Aldo Canedo, Violeta Santiago (Quinto Elemento Lab), Isabella Cota (ICIJ), Carlos Carabaña (El País), Gerardo Reyes (Univision) y Angie Sandoval (Univision) / El Sol de México
En diciembre del 2022, Francisco Chávez Valle notó que empezó a encogerse. Pasó de 110 kilos a 54 muy rápido. Había trabajado como manager tour de famosos como Juan Gabriel, J Balvin, Ricky Martin o Gloria Trevi. No era el ritmo de vida acelerado. Le encontraron un tumor renal canceroso. Se lo extirparon, pero para entonces el cáncer ya había avanzado hasta los pulmones. Era nivel cuatro.
Un médico le habló de una alternativa menos agresiva que la quimioterapia tradicional: pembrolizumab. Keytruda.
Chávez lo cuenta así: era una nueva opción, una que no golpeaba igual al cuerpo. Y, en efecto, al principio funcionó. Dice que los siete nódulos desaparecieron. Que podía hablar bien de su recuperación. Que el medicamento estaba haciendo su trabajo.
Hasta que apareció otro problema, uno que no estaba en el guion clínico, sino en la cadena de suministro: el fármaco que le administraron en el hospital público del ISSSTE Elvia Carrillo Puerto, en Mérida, pertenecía a un lote que ya estaba generando efectos adversos en otros pacientes. Los médicos de oncología se lo dijeron. Aun así, se lo pusieron.
Después vinieron los temblores, la parálisis total del cuerpo, los dolores en piernas, pecho y espalda.
Un dolor, dijo, “como si me estuvieran atravesando algo”, pero no punzante: permanente.
Chávez hizo lo que a veces hace un paciente cuando el sistema ya no alcanza: empezó a revisar por su cuenta. Fotografió dos cajas de Keytruda. Comparó la que le provocó los efectos adversos con otra. La diferencia no estaba en el nombre, sino en los detalles: una se veía profesional; la otra, golpeada, maltratada, con una tipografía casi igual, pero no del todo. Al revisar con más cuidado, detectó que dos de los frascos que le administraron pertenecían a lotes ya fichados por Cofepris: X003479 y Y011745.
Ese hallazgo individual abre una historia mayor: el gobierno mexicano compró medicamentos oncológicos falsificados utilizados para tratar a pacientes con cáncer en hospitales públicos del país. En algunos casos causaron efectos adversos. En al menos uno, hubo un fallecimiento confirmado, según MSD.
El fármaco que le administraron a Francisco Chávez Valle en el hospital público del ISSSTE Elvia Carrillo Puerto, en Mérida, pertenecía a un lote que ya estaba generando efectos adversos en otros pacientes. / Foto: ICIJ
Este trabajo —que contempló la elaboración de cientos de solicitudes de información, entrevistas, revisión de expedientes judiciales, contratos públicos y comprobantes de compras— forma parte de la investigación global La medicina del millón (The Cancer Calculus), coordinada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés) en el que participaron 124 periodistas de 48 medios distintos (incluido ICIJ) desde 37 países diferentes.
Dicha investigación aborda cómo la farmacéutica MSD (Merck en Estados Unidos y Canadá) convirtió Keytruda, un fármaco innovador de inmunoterapia —que ha salvado o prolongado la vida de millones de pacientes con cáncer avanzado— en uno de los productos más rentables de la historia, a costa de precios extremadamente altos y estrategias agresivas para proteger sus ganancias.
No se trata de cualquier medicina. Keytruda es el nombre comercial del pembrolizumab, un fármaco de inmunoterapia que, de acuerdo con la investigación global coordinada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, ha salvado o prolongado la vida de millones de pacientes con cáncer avanzado y al mismo tiempo se ha convertido en uno de los productos más rentables de la historia farmacéutica.
Para 2025 cerró con ventas por 31 mil 700 millones de dólares, casi la mitad de los ingresos de Merck, su fabricante. Desde 2014, Merck ha generado alrededor de 163 mil millones de dólares en ventas de Keytruda. Merck ocupa hoy el lugar 65 de la lista Fortune 500 y su negocio con Keytruda genera más ingresos que McDonald´s.
Keytruda está aprobado en Estados Unidos para tratar 19 tipos de tumor, entre ellos piel, pulmón, mama y colon. Cambió el tratamiento oncológico porque no ataca directamente el tumor: fortalece al sistema inmunológico para que lo combata. En algunos pacientes, eso significó transformar enfermedades terminales en padecimientos manejables. En otros, ganar meses o años. Merck sostiene que el precio refleja ese valor. Su vicepresidenta senior, Johanna Herrmann, defendió que la empresa tiene una larga trayectoria de fijar responsablemente el precio de sus medicamentos para reflejar su valor para pacientes, pagadores y sociedad.
Pero ese valor tiene una traducción brutal en el mercado. En México, el precio promedio por frasco ronda los 97 mil pesos y un tratamiento completo puede requerir entre 30 y 70 frascos, según portales médicos especializados y la propia página de Keytruda. En el mundo, la investigación de ICIJ encontró diferencias extremas entre países: unos 80 mil dólares al año en Alemania, 208 mil en Estados Unidos, 93 mil en Líbano, alrededor de 130 mil en Colombia, 65 mil en Sudáfrica y 116 mil en Croacia. En Sudáfrica, una sola dosis cuesta alrededor de 10 veces el ingreso mensual típico por hogar. En Guatemala, el suministro anual supera los 180 mil dólares. En India, un mes de Keytruda puede equivaler a más de 12 meses de salario.
Ese precio alto genera dos mercados paralelos. Uno es el mercado formal, donde gobiernos y aseguradoras cargan con presupuestos cada vez más tensos. El otro es el mercado negro, donde pacientes desesperados buscan versiones más baratas sin saber si están comprando el medicamento real o una falsificación. La investigación lo documenta de forma explícita: algunos pacientes, al encontrar inalcanzables los precios, terminan acudiendo al mercado negro.
México aparece en esa historia no sólo como un país con precios altos en relación con su nivel económico, sino como el único de los 30 países participantes en la investigación donde se evidenciaron múltiples casos de falsificación de Keytruda. Y no solamente en clínicas marginales o en un circuito periférico, sino en registros de instituciones públicas como ISSSTE e IMSS-Bienestar, entre 2022 y marzo de 2026.
A partir de registros de compra y almacén, la investigación identificó que 10 instituciones de salud pública adquirieron frascos que pertenecían a ocho lotes que más tarde fueron fichados y reportados con alerta de falsificación por Cofepris: T009249, T021792, U011628, U029451, DB50571, X015587, X003479 y Y011745. El dato central es duro por sí mismo: el gobierno compró frascos que posteriormente fueron reportados como falsos.
La falsificación de medicamentos de alta especialidad, según Anthony Zook, vicepresidente asociado de seguridad global de MSD (como se le conoce a Merck fuera de Estados Unidos y Canadá), se ha vuelto un nuevo campo de negocio criminal. En un correo electrónico dijo a ICIJ que “los grupos criminales ahora están atacando más comúnmente medicamentos que salvan vidas” y que México es “un país que nos preocupa especialmente debido a la gravedad de la situación del tráfico ilícito que afecta a los pacientes”.
El laboratorio ha presentado 20 denuncias penales relacionadas con la falsificación de Keytruda ante la Fiscalía General de la República. Pero fuentes ministeriales confirmaron que la FGR conoce en total 30 casos por reportes de falsificación del medicamento en los últimos cinco años. Los expedientes atraviesan el mapa nacional: Mérida, Colima, Puebla, Nuevo León, Guadalajara, Coahuila, Ciudad de México, Baja California Sur, Chihuahua y Aguascalientes. Se han detectado casos en hospitales públicos como el Siglo XXI del IMSS, en centros de salud de las fuerzas armadas —el Centro Médico Naval de la Secretaría de Marina y el Hospital de la Defensa Nacional— y también en clínicas particulares.
Las consecuencias pueden ir de los efectos adversos al desenlace final. Anthony Zook confirmó que MSD tiene constancia de un paciente fallecido en México al que se le administró Keytruda falsificado. No dio detalles. Respondió, simplemente, que la empresa no disponía de más información al respecto.
Lo que sí está claro es la falta de resultados judiciales. Según la información a la que se accedió, no hay sentencias por falsificar el fármaco —delito contra la salud— ni por la falsificación de la marca —delito federal por piratería—. Cinco años después del primer caso denunciado, no existen avances suficientes ni posibles responsables señalados. Merck, de hecho, buscó la protección del Poder Judicial de la Federación y promovió al menos cinco amparos ante la inacción de la FGR, a la que acusa de archivar o resolver el “no ejercicio de la acción penal” en los casos denunciados.
En varios expedientes, la Fiscalía ni siquiera reconoce a MSD como víctima directa del delito, pese a ser la fabricante del medicamento.
La única acción pública relevante en años ocurrió en agosto de 2024. La Secretaría de Marina colaboró con MSD y con la agencia de seguridad privada estadounidense AIT Enforcement para realizar un operativo en Guadalajara, después de que llegaron reportes de efectos adversos en pacientes que recibían Keytruda. En el barrio de El Santuario —conocido por el acceso fácil a medicamentos controlados a menor precio y sin control sanitario— detectaron una red de farmacias ilícitas del crimen organizado.
Hay 30 casos conocidos por la FGR y ninguna sentencia. Hay operativos que encuentran armas, drogas, empaques y registros de inventario de medicamentos falsos, pero no logran atacar el delito principal. / Foto: FGR
Un recorrido en esa zona encontró que un vendedor ofrecía Keytruda en 30 mil pesos: tres veces menos que el costo promedio oficial en México. En el operativo también participó la Fiscalía Especializada en Materia de Delincuencia Organizada. Se detuvo a un hombre apodado El Tacho. En el cateo aparecieron armas, drogas, medicamentos falsos, empaques impresos y hasta una lista de inventario donde figuraba Keytruda junto con otros fármacos, su precio de venta y la expectativa de ganancia. Pero El Tacho sólo fue procesado por posesión de armas de fuego. La Fiscalía no consiguió vincularlo a proceso por el delito contra la salud ligado a la falsificación de medicamentos.
La otra parte incómoda del caso está en los contratos públicos. Cofepris ha emitido seis alertas para hospitales y consumidores por lotes falsificados de Keytruda. La primera se remonta a 2022, cuando personal del Centro Médico Naval de Ciudad de México identificó un vial sospechoso en una entrega de la empresa Top Pharma SA de CV. Cofepris envió los frascos a MSD e inspeccionó la sede de la distribuidora.
Top Pharma fue sancionada con más de 240 mil pesos tras el incidente. Aun así, siguió recibiendo contratos del gobierno: 91 contratos por un valor aproximado de 42.8 millones de pesos entre 2021 y 2025.
No fue la única. Medikament de México, también en la mira de Cofepris, obtuvo en 2021 y 2022 más de 70 contratos por casi 19 millones de pesos para el IMSS, ISSSTE y el gobierno de Veracruz.
En ese punto, la historia mexicana y la historia global se tocan. Porque el mercado del medicamento es tan valioso que cualquier grieta se vuelve negocio. La investigación de ICIJ describe cómo Merck construyó una fortaleza alrededor de Keytruda para mantener su dominio: al menos mil 212 solicitudes de patente en 53 países, regiones y territorios; 211 patentes concedidas que protegen el dominio del producto al menos hasta 2042, es decir, 14 años después del vencimiento de las patentes originales en 2028; y al menos 337 patentes pendientes que podrían alargar todavía más esa exclusividad. El 84 por ciento de esas solicitudes se presentó después de la aprobación del medicamento en 2014.
ICIJ también documentó otras prácticas: una estrategia agresiva de cabildeo, aprovechamiento de atajos regulatorios y una red de pagos a médicos y grupos de pacientes. En Estados Unidos, Keytruda recibió al menos 19 aprobaciones aceleradas. Entre 2018 y 2024, la empresa gastó casi 52 millones de dólares en honorarios relacionados con Keytruda para profesionales de la salud en Estados Unidos. Cinco médicos recibieron más de un millón de dólares cada uno. La compañía ha dicho que esos pagos ayudan a informar a la comunidad médica y mejorar la atención, y que cualquier colaboración con organizaciones de pacientes es independiente de la evaluación de medicamentos.
La discusión no es si Keytruda funciona. La propia investigación parte de reconocer que es un medicamento innovador, un salvavidas para millones.
La discusión es qué ocurre cuando un fármaco que salva vidas entra a una lógica de maximización total: más patentes, más precio, más protección, más mercado.
Los reporteros de ICIJ encontraron que Merck ha distribuido casi 75 mil millones de dólares en dividendos a accionistas y 43 mil millones en recompras de acciones, mientras el precio del medicamento sigue expulsando pacientes del tratamiento o empujándolos a circuitos inseguros.
Incluso la dosis está en disputa. Algunos investigadores de cáncer y expertos citados en la investigación sostienen que Merck promueve una dosis más alta de la necesaria. Investigadores de la Organización Mundial de la Salud estimaron que el mundo podría ahorrar 5 mil millones de dólares si los pacientes con cáncer de pulmón recibieran Keytruda de acuerdo con su peso, y no con dosis fijas. Merck respondió que sus fórmulas se basan en la evidencia clínica aprobada por la FDA. Pero otro oncólogo citado en la investigación, Bishal Gyawali, fue directo: no hay razón científica, médica o biológica para hacerlo así; la razón sería comercial, porque así venden más medicamento.
En países como India, médicos de hospitales públicos ya prueban dosis bajas. En Guatemala, un oncólogo del hospital regional de Quetzaltenango dijo que sólo podía dar Keytruda a dos o tres pacientes y que el resto quedaba fuera. “¿Qué me queda hacer? ¿Jugar a ser Dios?”, preguntó. En Brasil, miles litigan para obtener cobertura. En Sudáfrica, una dosis equivale a casi 10 veces el ingreso mensual típico del hogar. En Reino Unido, investigaciones citadas por ICIJ muestran que el sistema público ha pagado de más por el medicamento. En México, además de los precios altos en relación con la economía local, apareció otro escalón: la falsificación dentro y fuera del sistema de salud.
Eso vuelve especialmente relevante la frase de Peter Maybarduk, director del grupo de acceso a medicamentos de Public Citizen, citada en la investigación: existe toda una arquitectura que sostiene a Keytruda y a cada medicamento patentado, con gobiernos ricos defendiendo a la industria y sus reglas. Y esa arquitectura, en la práctica, se traduce en una historia conocida: poner las ganancias por encima de los pacientes. Para quienes tienen y quienes no tienen, agregó, también puede ser una historia sobre quién vive y quién muere.
Merck rechaza cualquier insinuación de falta de integridad. Johanna Herrmann, vicepresidenta senior de Merck, afirmó que nada es más importante para la empresa que la salud de los pacientes que usan sus medicamentos. También defendió que la empresa trabaja para que la atención médica sea asequible, eficiente, equitativa y sostenible a escala global.
Pero el problema mexicano no se resuelve con la defensa corporativa ni con el reconocimiento de que la industria en su conjunto opera de manera similar. Aquí hay compras públicas de lotes que terminaron bajo alerta de falsificación. Hay hospitales públicos administrando frascos sospechosos. Hay 30 casos conocidos por la FGR y ninguna sentencia. Hay operativos que encuentran armas, drogas, empaques y registros de inventario de medicamentos falsos, pero no logran atacar el delito principal. Hay distribuidoras sancionadas que siguen ganando contratos. Y hay pacientes que llegaron al hospital a buscar un tratamiento de alta especialidad y acabaron expuestos a una cadena donde conviven la burocracia, el crimen y la impunidad.
La alerta más reciente de Cofepris sobre Keytruda se emitió en marzo de 2026. / Foto: ICIJ
Francisco Chávez sobrevivió para contarlo. Otros no. Entre ambos extremos se abre una zona gris que el expediente mexicano todavía no consigue iluminar del todo: quién fabricó los frascos falsos, quién los introdujo a la red formal, quién los compró, quién los dejó pasar, quién los administró sabiendo ya que había reportes de efectos adversos, quién falló cuando el medicamento debía ser una posibilidad de vida y terminó convertido en evidencia.
Mientras tanto, la falsificación sigue ocurriendo. La alerta más reciente de Cofepris sobre Keytruda se emitió en marzo de 2026. Según fuentes involucradas en las investigaciones, AIT y la Marina alistan nuevos operativos. Todavía no hay mayores resultados. Y el caso ya no sólo pesa en la salud pública. La investigación advierte que podría repercutir en las negociaciones entre México y Estados Unidos para la renovación del T-MEC, pues el Reporte Especial 301 de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos recoge preocupaciones de farmacéuticas sobre las fallas constantes en la protección de la propiedad intelectual en el sector farmacéutico, una de las razones por las que México fue colocado en la lista negra de cumplimiento en materia antipiratería.
Enlace: https://oem.com.mx/elsoldemexico/mexico/compran-medicamento-falsificado-para-tratar-cancer-29462201











