Cartas a Célida... ¿A dónde va Hermosillo?





José Terán/


Dia de publicación: 2018-09-11


Señora presidenta municipal electa de Hermosillo:

Hace algunos años, cuando usted aún no pensaba aparecer en la escena de la capital de Sonora, las familias más representativas –digamos también las de los negocios y el dinero— solían tener uno o más regidores en cada ayuntamiento, y no fueron pocos los alcaldes surgidos de las nóminas de empleados de confianza de aquellas empresas más emblemáticas del Pitíc.


A veces, muy de vez en cuando, algún sobrino o pariente lejano de los jefes de esas familias llegaba a ocupar un puesto de regidor, pero la práctica dictaba que ese trabajo lo hiciera, generalmente, un empleado. Y, bueno, usted como algunos hermosillenses curiosos se preguntará ¿cuál es el trabajo de un regidor? Desde luego no es surtir de medicamentos a los indigentes que diariamente acuden a palacio municipal por una limosna; tampoco proveer de vales para despensas o comidas a quienes llegan a la ciudad buscando entrevistarse con un funcionario; tampoco conseguir para los ciudadanos –vía la tesorería o como ahora se estila, un juez calificador—descuentos en las infracciones de tránsito; mucho menos “representar” a los inrepresentables que sobreviven en las márgenes de la ciudad o en las olvidadas comunidades rurales del municipio: están ahí para cuidar y proteger los intereses económicos de las familias más poderosas de la localidad y, si alcanza, hacer política partidista lo cual, al final, resulta junto con pegado.


Como en todos los campos y desde hace pocos años a la fecha, algunos regidores llegan ahí como dicen los rucos sin saber qué onda, pero rápidamente se les instruye para que caminen por la vereda que se les tiene destinada para la cabecera municipal, en este caso la gran ciudad. Y como los ejemplos los tenemos a la mano, desde 1960 a la fecha, salvo el crecimiento desmedido e incontrolable de la población y el aumento de empresas y negocios dedicados a los servicios, principalmente, la ciudad de Hermosillo no ha crecido en satisfactores que hagan más llevadera la vida cotidiana de los habitantes, llámense amas de casa, estudiantes o trabajadores.


Vamos explicándonos más claro: de 1960 a la fecha (para no ir más lejos) las familias económicamente más poderosas han propiciado que la calidad de vida de los habitantes de la capital de Sonora se haya deteriorado alarmantemente, simple y sencillamente porque les dejó de importar cómo vivían o sobrevivían sus empleados: mientras los gobiernos municipales aprobaran las inversiones en la ciudad para el rumbo que más les convenía, para ellos todo marchaba bien. 


Quienes hemos vivido en otros lugares no nos explicamos cómo es posible que tengamos mejores ciudadanos, mejores trabajadores y mejores estudiantes si seguimos teniendo el mismo sistema de transporte de 1970, cuando los camiones y peseros chatarra dejaban de circular a las 8 de la noche.

 Ha sido tan malo el servicio de transporte que los propios inversores prefieren crear empresas camioneras alternas para asegurarse a tiempo con el personal; tampoco podemos aspirar a tener una mejor salud en una ciudad sitiada por la contaminación, donde la basura rebalsa por doquier y el derrame de substancias tóxicas está presente sobre los pavimentos de las calles, en los arroyos que atraviesan la ciudad, en los basureros clandestinos y hasta en los tambos de la basura de los propios vecinos a quienes lo mismo da aventar una batería de auto que cubetas de oxidantes entre los remanentes que se dejan al garete después de una construcción, sin contar con que pase o no el carro de la basura; en lo que respecta a seguridad mejor ni hablamos.

Hay grupos que consultan diariamente el plano geográfico y topográfico de la ciudad de Hermosillo y están pendientes de cada obra que se hace o deja de hacer en esa intrincada cuadrícula, en donde se tasa por millones de pesos cada cruce, cada desviación, cada esquina y cada extensión de terreno sobre el que se puede edificar, porque no se trata sólo del valor catastral que la administración municipal en turno le asigna a cada metro cuadrado de suelo urbano, sino la infraestructura que lo acompaña. Y mientras ellos ven, analizan y proyectan sobre los planos, en constante y fluida comunicación con el presidente o presidenta municipal o cabildean con los secretarios del ayuntamiento, tienen allá, en cubículos, a sus peones, es decir a sus regidores que siempre caminarán pa´lante. 


Hace algunas décadas un desarrollador privado con visión de largo plazo puso sus esfuerzos en el norte de la ciudad y la conexión del Blvd. Morelos con la carretera internacional. Todo fue bien durante algún tiempo y para ese rumbo crecía y se edificaba una ciudad en la que día a día se sumaban más y más empresas de servicios como bancos, supermercados y hasta un hermoso campo de golf. Luego, de un gobierno a otro todo cambió. De pronto nos dijeron a todos los hermosillenses que el desarrollo y el crecimiento de la ciudad sería para el oeste. Nunca supimos qué pasó porque nadie escribe de eso, mucho menos los cronistas, si lo llegan a saber.


Señora Célida: lo que nos interesa es saber si el desarrollo de la ciudad tomará con usted el rumbo que los cientos de miles de ciudadanos que le dieron su voto demandan, antes de que usted se enfrasque en las disputas por el desarrollo de tales y cuales polígonos que se muestran en el plano de Hermosillo, en obras cuyo objetivo beneficiarán a los mismos que se han beneficiado en el pasado.


¿Y cuál sería ese rumbo? Ese que apunta hacia las clases más empobrecidas y abandonadas: un buen sistema de transporte en donde con comodidad y a tiempo puedan transportarse de un lugar a otro de la ciudad estudiantes y trabajadores; un sistema de transporte que permita a los ciudadanos acudir a espectáculos nocturnos y poder volver a casa en el transporte urbano; un sistema de limpia y recolección de basura como alguna vez lo hubo en el pasado y por lo que se reconocía a Hermosillo como una de las ciudades más limpias del noroeste; un gobierno municipal que transplante y combata las fuentes de contaminación que tiene la ciudad; un sistema de agua potable con tarifas justas, sin discriminaciones y sin privilegios; un sistema de seguridad pública y de tránsito vehicular que no extorsione al ciudadano, que no lo vigile esperando que salga de un restaurante o de un antro.

 Y por favor no salga con que el transporte es asunto del Estado y que la seguridad viene desde lo federal y bla, bla y bla, porque todo, digo y repito todo, lo que sucede en territorio de un municipio le compete a la autoridad local y a su cabildo. ¿Es mucho pedir?


Pues fíjese, señora Célida, que no.


Si miles, cientos de miles, de hermosillenses votaron por usted y la hicieron ganar, es por algo y para algo. Si miles de ciudadanos se decidieron a pasar sobre un candidato con todos los recursos y la fuerza del Estado, además del apoyo de casi todos los comunicadores y periodistas con más “likes” locales, significa que usted no tiene opciones respecto al compromiso contraído.


Y aunque usted no lo crea –no es lugar común ni frase de programa antañón de tv— un gran número de ciudadanos hermosillenses que esperan todo de usted nos daremos cuenta si es capaz de resistir los obuses que le enviarán los más aristocráticos arsenales del municipio o, si al contrario, sucumbe.
Usted se está jugando su futuro político, nosotros los próximos tres años.


Este contenido ha sido publicado originalmente por Dossierpolitico.com en la siguiente dirección: http://www.dossierpolitico.com/vernoticias.php?artid=209068 Si está; pensando en usarlo, debe considerar que está protegido por la Ley. Si lo cita, diga la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. Dossier Politico

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