El triunfo de la reacción, es moralmente imposible





Abrahám García Ibarra/


Dia de publicación: 2018-06-12


Por razones de diseño de página, le damos el mismo valor a otro título: Los cuervos están de luto.)

Corre película con el segundo tema: Rubén Rubín fue un intelectual mazatleco. Escribió una serie de cuentos bajo el rubro El hombre que ponía huevos. En esa selección está “Los Cuervos…”.

El dramaturgo mexicano Hugo Argüelles puso en escena el  libreto adaptado. En 1965 se rodó la película con el mismo título. La trama gira sobre el velorio de un personaje, sobre cuyo cadáver revolotean sus codiciosos herederos.

Para que haya cuervos, preciso es que hayan nacido. De lo que sigue que alguien los cría. Los ingratos pajarracos terminan por sacarle los ojos.

Apogeo y crisis de la derecha en México

Vamos sobre la “cabeza” principal de esta entrega: El triunfo de la reacción, es moralmente imposible. Es una sentencia decimonónica de la etapa liberal mexicana.

La recuperamos por nuestra parte en 1985, en un reportaje largo bajo el título de Apogeo y crisis de la derecha en México. (El Día Libros.)

Uno de los protagonistas de esa narrativa, es John Anthony Golenor, nacido en California de ascendencia mexicana; posiblemente de sangre yaqui.

Golenor fue activo de la Armada de los Estados Unidos durante la Guerra de Corea. Hizo estudios de Economía en la Universidad de Stanford. Por este plantel pasaron el mexicano Guillermo Ortiz Martínez y el franco-español Joshep Marie Còrdoba Montoya. Éste blasonaba desde los ochenta de un doctorado todavía no acreditado.

En sus tiempos de marine no pasó la prueba como actor. Porfió en Hollywood, ya con el nombre de John Gavin. Otro actor bastante malito, Ronald Reagan, dirigente del sindicato de actores, sin embargo, con vínculos con la mafia, llegó a la Casa Blanca.

Reagan designó en 1981 a Gavin como su embajador en México. Para 1986, el gobierno de Miguel de la Madrid consideró incómoda su presencia en el país. Se regresó a Washington ese mismo año.

De la Madrid fue electo Presidente en 1982. Para abril de 1983, Gavin tomaba de la mano al presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Manuel de Jesús Clouthier del Rincón y lo presentaba ante sus pares estadunidenses en Salt Lake, Utah.

En la sede mormona, el robusto magnate sinaloense denunció que las elecciones presidenciales de 1982, le fueron robadas al PAN.

En Sonora abortó la “Triple Alianza”

En 1983, el PAN tuvo un primer destello de ascenso electoral en Ciudad Juárez, Chihuahua, donde Francisco Barrio Terrazas se alzó con la presidencia municipal; una década después, llegaría a la gubernatura del estado. En 2000 fue incrustado en el gabinete presidencial.

Para 1984, a instancias de Gavin, en la Convención del Partido Republicano para lanzar a un segundo mandato a del Reagan (Dallas, Texas), por primera vez fue acreditada una delegación oficiosa del PAN.

Entre 1984 y 1986, abortó en Sonora la nueva Triple Alianza: Embajada USA- empresarios-clero político en torno al PAN, que ya estaba en la lista de receptores de subsidios de la Fundación para la Democracia, instituida por la Casa Blanca.

En 1985 se realizarían las elecciones federales intermedias. El PAN estaba embalado en el norte de la República; sus registros electorales eran motivo de júbilo azul.

En el reportaje largo (1985) al que hicimos alusión párrafos antes, sostuvimos que, con independencia de la objetiva estadística electoral, “el triunfo de la reacción, es moralmente imposible”.

Ambiciosos y prominentes becarios del Estado mexicana

Vuelta de página para volver al título segundo de esta entrega: Los cuervos están de luto.

La descriptiva metáfora aplica -según nuestro leal saber y entender- a la tecnocracia mexicana.

La tecnocracia nativa empezó a formarse  académica e ideológicamente en las más prestigiadas universidades de los Estados Unidos: Harvard, Yale, Chicago, Columbia y la ya citada Stanford, entre otras, hacia la segunda mitad de la década de los cuarenta y al correr la segunda mitad del siglo XX.

El proceso se dio de esta manera: Brillantes estudiantes mexicanos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Politécnico Nacional (IPN), entre otros planteles públicos, aspiraron posgrados de más peluche.

Esos brillantes jóvenes, para ese efecto, fueron seleccionados y becados por el Estado mexicano, todavía reputado de nacional, popular y revolucionario.

A fin de obtener el mismo gratuito beneficio, alumnos de instituciones privadas buscaron revalidación de sus estudios en la Universidad Pública y con nuevos pergaminos lograron  su fíat subsidiado a las universidades extranjeras.

Así se incubó la “Generación del cambio”

Con José López Portillo los nuevos maestros y doctores empezaron a  enquistarse en la administración pública. La nómina creció en el sexenio de Miguel de la Madrid (Harvard) y con Carlos Salinas de Gortari (Harvard también), ya se presentaron como la Generación del cambio.

El cambio consistió en renegar del viejo Estado benefactor que los becó: Lo rebautizaron como Estado neoliberal.

A partir del sexenio de Salinas de Gortari, en 1993 tres productos de universidades mexicanas y estadunidenses pugnaron por la sucesión: Pedro Aspe Armella (Instituto Tecnológico Autónomo de México-Massachusetts), Luis Donaldo Colosio (Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey-Pennsylvania) y Manuel Camacho Solís (UNAM-Harvard).

Los mortales hechos en campaña de marzo de 1994, abrieron la oportunidad a Ernesto Zedillo Ponce de León (IPN-Yale).

En 2000, Zedillo cedió la banda presidencial a Vicente Fox, destripado en la Universidad Iberoamericana, pero con constancia de inscripción posterior en algún curso en Harvard y título a toro pasado por la Ibero.

Felipe Calderón se tituló en la Escuela Libre de Derecho. También blasona de algún diploma en Harvard. Enrique Peña Nieto es abogado por la Universidad Panamericana (Opus Dei).

A estas alturas de casi medio siglo de Estado neoliberal, se puede dictaminar: Por sus obras los conoceréis. Aquí refrendamos la sentencia ya repetida: El triunfo de la reacción, es moralmente imposible.

El candidato presidencial del PRI “que no levanta”

En la sucesión presidencial de 2018, pululan en los directorios de coordinación de campaña de los candidatos presidenciales cuadros egresados de los planteles universitarios privados ya nombrados: ITAM, Iberoamericana, Panamericana, Tecnológico de Monterrey, Libre de Derecho; tangencialmente de la Anáhuac, etcétera.

Por auditorios de algunas de esas instituciones, ya se han placeado ante el estudiantado algunos de esos beligerantes por la presidencia de la República.

Del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) tiene título profesional el candidato presidencial del PRI, José Antonio Meade Kuribreña (con posgrado por Yale).

El conocido como Chico de los dieces, con escalafón como titular en cuatro secretarías del gabinete presidencial, es colocado por las encuestas en tercer sitio en la intención del voto para el 1 de julio. Su partido, por abajo del sexto sitio.

Después del tercer debate entre presidenciables, los encuestadores y analistas políticos ven muy cuesta arriba cualquier posibilidad de que el ex secretario de Hacienda pueda remontar la diferencia que lo aleja de la punta.

De ese agreste y agresivo escenario electoral deriva nuestra sospecha de que los cuervos -que le sacaron los ojos y las entrañas al viejo Estado mexicano- están de luto. 


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