El gran temblor de Bavispe



Cuando la Sierra de Sonora sacudió a México


Pese a que Sonora está ubicada entre las fallas geológicas de San Andrés trazada sobre el golfo de california, y la de Bavispe, localizada al noreste de la alta sierra, además de poseer tres zonas volcánicas inactivas, descontando la frecuencia en que suceden movimientos de las placas tectónicas en su mayoría imperceptibles para el común de la gente,  en Sonora no existen políticas públicas bien encaminadas a la protección de la vida y el patrimonio en casos de sismos de gran magnitud. Es decir, desde los gobiernos no hay programas bien estructurados de fomento a una cultura de protección de la vida y los bienes ante fenómenos naturales geológicos, pues las políticas públicas aplicadas se enfocan más que nada a la mitigación de los daños pasado un desastre natural, antes que a la prevención de los mismos, y generalmente están más ligados a los fenómenos hidrometeorológicos, climáticos o provocaos por el humano, antes que a movimientos telúricos que eventualmente pueden suceder en el estado.Además, se carece de porgamas oficiales enfocados, tan siquiera, a informar que Sonora está localizado sobre dos grandes fallas geológicas, mucho menos para concientizar a los sonorenses de que la tierra tiene memoria, o bien, para que las nuevas generaciones conozcan aquella fatídica historia en la que un día del siglo antepasado, un sismo de grandes dimensiones causó terror, muerte y desolación en los pueblos de la alta sierra, cuyas secuelas se sintieron desde San Francisco, California, Estados Unidos hasta la Ciudad de México, la capital y,  cuyo epicentro, se localizó justamente en el municipio de Bavispe.

Fernando Gutiérrez R. Dossier Politico

Dia de publicación: 2017-09-22


Fue el tres de mayo de 1887 día en que la gente de Bavispe, Bacerac y Óputo (hoy Villa Hidalgo), Huásabas, Granados, Bacadéhuachi y Nácori estaban convencidos de que el fin del mundo había llegado, pues la tierra se movió con tal violencia que derribó casas, escuelas e iglesias, causando la muerte  en pocos segundos a más de medio centenar de mujeres, hombres y niños de estos municipios y dejando heridos a cientos más y muchas familias se quedaron sin hogar.

Quizá las nuevas generaciones desconozcan que en el siglo antepasado Sonora y la región de la alta sierra fue testigo de uno de los movimientos telúricos más potentes de que se tenga registro en México. 

Pasado el medio dia  del tres de mayo la tierra se abrió en algunas partes de la región serrana, brotaron manantiales en lugares secos, se abrieron cañadas en zonas de llanuras y el cauce de los ríos Bavispe y Sonora cambio bruscamente y la fisiografía de la región ya no volvió a ser igual, particularmente en la región del municipio de Bacadéhuachi y la formación de un dique que desvió el Rio y que daría origen al accidente geográfico o gran cañada llamada La Cruz del Diablo. 




























Los ruidos ensordecedores provenientes del seno de la tierra y las réplicas del gran sismo de Bavispe se sucedieron por meses desde Bavispe hasta Moctezuma, sobre lo que mucha gente pensaba que se trataba del fin del mundo. Como pudieron, muchas familias enteras abandonaron la sierra y los que se quedaron ya no volvieron a vivir igual.  

El investigador Carlos Lucero Aja comenta en su blog que Sonora forma parte de una zona volcánica inactiva llamada  “cinturón de fuego” del planeta, manifestado en los muchos cerros “colorados” y “prietos”, las áreas pedregosas basálticas llamadas “malpais”, como la de Tepache, donde está un cráter de 300 metros de diámetro, o la que dejó el volcánOchitahueca, entre San Carlos, Nuevo Guaymas y la calle 4. La mayor muestra de vulcanismo lo constituye la región de El Pinacate, situada entre los municipios de Plutarco Elías Calles (Sonoyta) y Puerto Peñasco con cráteres de un kilómetro de diámetro que hace ya tiempo vomitaron su lava hirviendo.

Y señala:

“Es probable que los antiguos indígenas de Sonora hayan sentido uno que otro temblor y lo dejaran consignado en alguna pintura o grabado rupestre. 
El periódico oficial  “La Constitución”, impreso en Hermosillo, publicó el 6 de mayo de 1887 que se tenía noticia de temblores sentidos en Sonora en los años 1826, 1830, 1866, 1875 y 1876, los tres últimos en Guaymas, aunque ligeros.

 Los periódicos “El Monitor Republicano” y “El Siglo Diez y Nueve” de la ciudad de México, dieron noticias de otros temblores leves ocurridos en Sonora el 9 de septiembre de 1880, el 22 y 25 de febrero de 1881 en Álamos, en marzo en Agiabampo, causando daños a las cosechas y el 19 de agosto del mismo año en Guaymas.

Dolor y muerte en la alta sierra de Sonora

El fatídico 3 de mayo de 1887, Sonora sufrió aquí uno de los terremotos más grandes que ha registrado la historia de México, aunque poco conocido. Dicho movimiento telúrico fue causado por movimiento de placas y no  a causa de una erupción volcánica  como se creyó al principio en aquellos años.

Los poblados de Bavispe, Bacerac y Óputo (hoy Villa Hidalgo), al igual que Huásabas, Granados, Bacadéhuachi y Nácori quedaron prácticamente en ruinas, especialmente los tres primeros, pues sus casas construidas con adobe quedaron en el suelo, afortunadamente las  víctimas mortales han de considerarse como pocas en función de la baja densidad demográfica que existía en la época.

El recuento oficial habla de 42 fallecidos en Bavispe (según otros, 60), 9 en Óputo y 1 en Fronteras, y cientos de  heridos y damnificados, aunque valga decir que tratándose de poblaciones eminentemente rurales, que no contaban con infraestructura urbana, ni sofisticadas edificaciones, ni siquiera de dos plantas, los saldos fatales resultan hoy día escandalosos, al analizar la densidad poblacional, la infraestructura y la magnitud del fenómeno. 

El capitán Emilio Kosterlisky, jefe de la Gendarmería Fiscal, asentado en Bavispe, auxilió primeramente a dicho pueblo, distribuyendo las raciones alimenticias de sus subalternos entre los damnificados y ofreciendo los servicios médicos de la milicia a los heridos.

Kosterlisky hizo traer refuerzos militares de Janos, Chihuahua para atender a la población y para evitar la propagación de enfermedades instruyó a la tropa para que de inmediato apoyaran a los deudos de las víctimas mortales y se les ofreciera sepultura; Las crónicas del periódico oficial de entonces da cuenta que familias y ciudadanos de poblaciones cercanas y ciudades de Sonora, Chihuahua y Sinaloa, se organizaron para enviar ayuda monetaria en auxilio a quienes perdieron familiares, casas y cosechas.

Con 8.1 grados en la escala de Ritcher y XI en la de Mercalli (que va de I a XII), los 30 segundos que se estima duró el sismo de Bavispe, bastaron para sembrar el terror de los habitantes de la sierra sonorense por lo violento del sacudimiento, al parecer tanto trepidatorio como oscilatorio, que derribaron las torres de sus iglesias, destruyendo por completo templos de Bavispe, Óputo y Nácori. 

Periódicos editados en Sonora y Arizona en aquellos años señalan que en algunas partes de la sierra de Sonora el movimiento de la tierra tres largos  minutos. Los templos católicos de Sahuaripa, Cumpas, Bacoachí quedaron muy dañados. 

En Fronteras se derrumbó la escuela, dos edificios públicos y 17 casas. En Arizpe se cuarteó la iglesia y otros edificios; algunos se tuvieron que tirar después por el peligro que representaban. En Moctezuma solamente se registraron cuarteadoras en las casa y la torre de su iglesia sufrió daños, siendo demolida poco tiempo después. 

Según  el periódico oficial “La Constitución” fechado el 17 de junio, el total de casas destruidas en su totalidad en Óputo ascendió a 130, 96 en Huásabas, 17 en Granados, 7 en Bacadéhuachi y 33 en Nácori. Dañadas 188 más, 75 en Huásabas y 64 en Granados.













































Era el fin del mundo 

Con el epicentro en Batepito, cerca de Bavispe, la tierra se abrió en profundas grietas, algunas de cien metros de largo por uno o dos metros de ancho y en Óputo ocurrieron varias grietas surgieron en medio del poblado. Una inmensa apertura de tierra se ubicó en la falda de la sierra de La Cabellera, en la región del río Bavispe, midiendo 28 kilómetros de largo y quince metros de ancho, que cambió para siempre la fisiografía de esta región. 

Además se hundieron porciones de terrenos, grandes rocas de los cerros se derrumbaron, brotó agua salitrosa por doquier, los arroyos aumentaron su nivel, algunos pozos y lagunas se secaron en un instante y se produjeron muchos incendios que acabo con cosechas, pastos y bosques, provocados estos por el choque de las rocas al rodar, generando confusión de los pobladores de la región al creer que se trataba de la erupción de algún volcán.

Los brotes de manantiales a grandes chorros, los incendios de cosechas y zonas arboladas y las réplicas constantes del temblor provocó el caos en los poblados y rancherías de la región, y más temerosos se sentían cuando los fenómenos eran acompañados de grandes ruidos y detonaciones subterráneas que se sucedieron por más de un mes, tiempo en que la gente de aquella región viviría los días más amargos de su existencia.

El movimiento de tierra se sintió también en Hermosillo “ocasionando más perjuicios que algunas cuarteadoras más o menos importantes en las casas más sólidas”, según crónicas de diarios locales y de Arizona.

Guaymas, Ures y Magdalena registraron ligeras cuarteadoras en las casas y derrumbes de piedras en los cerros aledaños, sufriendo graves deterioros la “Casa de Corrección” en Ures. El temblor también registró daños en Tombstone, Tucson y Charleston (en el condado de Cochise) y otros pueblos de Arizona, cercanos a la frontera con México. 

En estas poblaciones del vecino país el fenómeno también causó estragos pero de menor intensidad que en Sonora, según se dijo,  porque las construcciones eran a base de madera y no de materiales pétreos, adobe o ladrillo, pero aun así, muchas viviendas tuvieron que ser derruidas por los daños que presentaban. 

De San Francisco hasta la ciudad de México

Días posteriores al gran sismo de Bavispe del 3 de mayo de 1887 llegaron noticias de que el movimiento telúrico se había propagado a lugares tan lejanos de Bavispe, epicentro del fenómeno, como el puerto de Mazatlán, en Sinaloa y la  ciudad de México, en territorio nacional y del lado norteamericano llegaría hasta las ciudades de Santa Fe, Nuevo México, El Paso, Texas,  Los Ángeles y San Francisco, California, cuyos habitantes sintieron el rigor del movimiento de la tierra.

Las crónicas  de aquellos años difundidas por el periódico oficial del gobierno de Sonora, “La Constitución” secundados por medios independientes locales y de Arizona, Estados Unidos, detallan que posterior al gran sismo de aquel tres de mayo de 1887, los habitantes de toda la región serrana vivieron días de verdaderas pesadilla ya que movimientos de regular intensidad se siguieron manifestando bajo sus pies.

Unos fuertes y otros más leves, de tal suerte que para el siete de mayo se habían registrado 71 réplicas que continuaron sucediéndose hasta el 11 de septiembre de ese fatídico año de 1887 tiempo en que la zozobra de la población no cesaba, sobre todo, por los ruidos y estruendos que salían de lo más profundo de la tierra y que nadie entendía su naturaleza, pero tampoco se los explicaban las autoridades.

Pasado el sismo el tres de mayo llegó la ayuda de varias partes del estado y no tardó en aparecer el auxilio humanitario de otros estados del país y del extranjero, además de que llegaron a la región de la alta sierra varias comisiones científicas a efecto para estudiar el fenómeno.

Las crónicas ofíciales del  momento informan que una brigada de científicos enviados por el Ministerio de Fomento del Gobierno Federal, bajo el mando del Ingeniero José Guadalupe Aguilera Serrano (1857-1941)  arribó a la región serrana para investigar todo lo relativo a aquel movimiento telúrico de grandes dimensiones.

De Estados Unidos hizo acto de presencia en la alta sierra de Sonora el Dr. George Goodfellow, de Arizona y un vulcanólogo, famoso desde aquellos años, de nombre F. L Clarkque, quien se trasladaría en viaje especial  hasta Sonora desde Honolulu, Hawaii, a saber, la región volcánica más activa del mundo y que atraía a la comunidad científica ya desde esos tiempos.

Por parte del gobierno de Sonora fue nombrado enlace oficial y cronista de los fatídicos sucesos el Sr. Liborio Vázquez, quien había sido comisionado para otros fines a la región de Bavispe previo a terremoto, tocándole en suerte atestiguar los efectos del gran sismo y convirtiéndose en relator y cronista fiel de los sucesos mediante informes que hacía llegar al gobernador y, este, a las más altas autoridades de la nación.

En una de sus primeras misivas enviadas a su superior e Incapaz de describir la difícil situación de los pobladores ante la desgracia sufrida, Liborio Vázquez así planteaba la situación:

-“¡Pobre frontera! no sé qué fatalidad la persigue de 60 años a esta parte, en cuyo largo período sólo desgracias se registran”.

Por su parte, el ingeniero Aguilera, en su informe publicado un año después del gran sismo de Bavispe denominado “Anales del Ministerio de Fomento”, asienta en el capítulo “Velocidad de Propagación”, lo siguiente: 

“De Batepito a Guaymas hay una distancia de 384 kilómetros, se tardó la onda en llegar 3’ (minutos), lo cual da una velocidad de 1,993 metros; A Nogales, hay 174 kilómetros: tiempo empleado, 1’; velocidad, 2,900m.… Hermosillo, 240 kilómetros; tiempo, 2’; velocidad, 2,000m.…”.

Pasados los años, la tierra sigue moviéndose

Dos años después del gran sismo de Bavispe, el 8 de mayo de 1889, el Prefecto de Moctezuma contaba al Secretario de Gobierno en un carta que el día 31 de abril, a la una y media de la tarde se había sentido en Bavispe “un fuerte temblor de tierra, pero que viviendo aún en jacales no ocasionó otro mal”, que también “se derrumbaron algunos cerros y se incendió el campo en algunas partes pero se logró cortar el fuego con oportunidad”.

Los periódicos registran leves movimientos en Guaymas el 5 de noviembre de ese año y en agosto de 1891 también humo movimientos de tierra. En el Catálogo de Temblores del Instituto Geológico de México aparecen los siguientes fenómenos telúricos en Sonora registrados en el siglo pasado y considerados de baja intensidad:

El 16 de diciembre de 1905, en Huatabampo; 26 de marzo de 1907, en Arizpe, Agua Prieta y Fronteras; 16 de octubre de 1907, en Guaymas, Hermosillo, Ortiz y Ures; 7 de abril de 1908, en Fronteras, Moctezuma, Banámichi y Arizpe; el 7 de junio de 1910 y 25 de noviembre de 1911 en Guaymas.

El 17 de mayo de 1913, a las dos de la tarde, se sintió un temblor considerado “fuerte” en el pueblo de Huásabas, por fortuna, sin víctimas que lamentar. La Casa Municipal (conteniendo escuela y cárcel) “fue de las que en más peor estado quedó”, como escribió el presidente municipal, Eduardo Leyva, al solicitar ayuda al gobierno estatal, notificando además que las personas que habían perdido sus hogares se encontraban “expuestos a la intemperie sin hogar ni alimento, siendo estos como una tercera parte de la población”. 

Al igual que en 1887 se organizaron en todo el estado diferentes actividades para recabar fondos para auxiliar a las víctimas, como corridas de toros, funciones teatrales, rifas y colectas de asociaciones filantrópicas.

Diez años después, el 18 de diciembre de 1923 a las cinco de la madrugada, otra vez el presidente municipal de Huásabas, Francisco D. Ríos, comunicaba por carta al gobernador Alejo Bay que “un gran movimiento sísmico ha destruido la mayor parte de la población, digo destruido por razón de que los edificios que permanecen de pie, quedan inhabitables; pues los muros, siendo de adobe, se observan hechos pedazos en su totalidad”. Granados y Óputo lo sintieron en menor intensidad; produciéndose otro sismo al día siguiente. A través del diputado Jesús E. Rivera, el gobierno mandó lo colectado (incluyendo fuerte suma de la colonia china), consistente principalmente en alimentos, carpas de lona y frazadas por ser temporada invernal.

En enero de 1924 se producen otros movimientos telúricos en el mismo lugar, efectuándose el día 17 cuatro, “entre estos uno de consideración que puso en alarma a los vecinos”. El 10 de febrero, a las diez de la noche, otro “que fue de tomarse en cuenta porque se sintió moverse fuerte los techos de las casas y con fecha 12, como a las ocho horas, se sintió otro muy lento”. El señor Ríos notificó también después, que el 7 de marzo a las 13:00 y a las 18:00 se habían sentido otros y que el 22 de abril, “de las nueve horas de ayer a las seis de hoy, ha habido 18 temblores” pero que no habían causado tampoco ninguna víctima. Igual noticia daba el alcalde de Granados, Felipe J. Durazo, de que se habían verificado “25 oscilaciones, cosa que ha sembrado el pánico general de la población por la demolición que han hecho en las casas”.

Al parecer esos fueron los últimos movimientos terrestres fuertes en Sonora y la gente olvidó esos sucesos, creyendo muchos en la actualidad que aquí no tiembla. América Molina del Villar, del CIESAS Tlalpan, en ponencia presentada en el XV Simposio de Historia y Antropología de Sonora, en 1990, escribe que los sismos por movimientos de placas “se generan cada mil o dos mil años, por lo que este sismo estudiado [el de 1887] constituyó un verdadero acontecimiento”. Esperemos que así sea.

En tiempos más modernos se han sentido leves y algunos casi imperceptibles sismos con epicentro en las profundidades del mar de Cortés o golfo de California, frente al puerto de Guaymas, donde científicos franceses descubrieron hace ya algunos años que está saliendo lava, pero que se solidifica prontamente por la presión y frío del agua. 

Algunos de estos se han sentido el 20 de noviembre de 1977, 10 de febrero de 1984, 5 de septiembre de 1986, 2, 3 y 11 de octubre de 1992. El 7 y 8 de octubre de 1993 se sintieron movimientos terrestres en los municipios de Granados y Huásabas que pusieron en alerta a la población. Entre junio y julio del 2001 se registraron algunos sismos en Granados, descartándose que hayan sido causados por la falla de Bavispe.

A la fecha de hoy ha habido unos tres o cuatro movimientos que la gente ha sentido y cientos más sólo perceptibles por los pocos aparatos sismógrafos que existen en la entidad. Uno de los últimos el lunes 3 de agosto del 2009 con cuatro sismos, el primero a las 10:55 de la mañana, con una magnitud de 5.8 grados en escala de Richter, a una profundidad de 10.3 kilómetros y con epicentro a 104 kilómetros al Oeste-Noroeste de Bahía de Kino; el segundo a las 10:59, que fue el más fuerte, con 6.9 grados, alarmando a los habitantes del poblado Miguel Alemán, Bahía de Kino, a los indígenas seris de Punta Chueca y El Desemboque, y a los de Puerto Libertad, sintiéndose menos en Puerto Peñasco; el tercero a las 11:33 horas con 5 grados; y el último a las 11:40 con 5.9 grados.

Así lo resume Carlos Lucero Aja:

“Desafortunadamente en Sonora no hay, creo yo, ninguna ley que reglamente la construcción de casas y edificios que prevengan resultados desastrosos si volviera a ocurrir un terremoto de la magnitud de aquel de 1887, en poblaciones que cuentan actualmente con cientos o miles de habitantes más”.

 En noviembre del año 2000, la Asociación de Pequeños y Medianos Mineros del Distrito de Sahuaripa, A.C., a través del Lic. Manuel de Jesús Gracia Apodaca, demandaron “infructuosamente” al gobierno del estado y a la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales  (SEMARNAT) informar detalladamente a la población “referente al alarmante fallamiento (sic) sísmico en dicha zona, de cuya presencia existen inobjetables evidencias… Con el único fin de contribuir para que la población serrana en lo particular, y la estatal, en lo general, con toda la objetividad posible, adquieran mayor consciencia sobre este tipo de fenómenos naturales que, por ser impredecibles, ningún ser humano en el mundo globalizado está exento de afrontarlos cuando se presentan”.

Relación de sismos importantes ocurridos en Sonora el siglo antepasado

1886 Costa de Sonora
1830 Costa de Sonora
1875, mayo, Guaymas
1880, 9 de Septiembre, Agiabampo
1881, 22 de febrero, Álamos.
1881, 25 de febrero, Álamos
1881, marzo, Agiabampo
1881, 19 de agosto, Guaymas
1886, Guaymas
1887, 3 de mayo, Bavispe
1887, agosto, Bavispe
1889, 5 de noviembre, Guaymas
1891, agosto
1905, 16 de diciembre, Huatabampo
1907, 26 de mayo, Arizpe, Agua prieta y Fronteras
1907, 16 de octubre, Hermosillo, Guaymas, Ures y Ortiz.
1910, 7 de junio, Guaymas, Sonora
1911, 25 de noviembre, Guaymas



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Comentarios



Ramón Noriega

Realmente es información que para mí era totalmente desconocida. Felicidades a quien rescató de la oscuridad esta importante información.

2017-09-29

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