El teterete, la última colaboración de Francisco Toledo en Proceso



De niños solíamos ir a bañarnos fuera del pueblo, en los arroyos que se formaban después de la lluvia. De repente, en medio del arroyo, una maravilla de lagartija que se desplaza sobre el agua y salpicando agua fue una visión inolvidable. En recuerdo de esta lagartija que en el sur de Veracruz le llaman teterete reúno estos textos.

Tomado de: Francisco Toledo / Proceso

Dia de publicación: 2019-09-06


Jesús camina sobre el agua

En seguida Jesús hizo que los discípulos subieran a la barca y se le adelantaran al otro lado mientras él despedía a la multitud. Después de despedir a la gente subió a la montaña para orar a solas. Al anochecer estaba allí él solo, y la barca ya estaba bastante lejos de la tierra, zarandeada por las olas, porque el viento le era contrario.

En la madrugada, Jesús se acercó a ellos caminando sobre el lago. Cuando los discípulos lo vieron caminando sobre el agua quedaron aterrados.

–¡Es un fantasma! –gritaron de miedo.

Pero Jesús les dijo en seguida:

–¡Cálmense! Soy yo. No tengan miedo.

–Señor, si eres tú –respondió Pedro–, mándame que vaya a ti sobre el agua.

–Ven –dijo Jesús.

Pedro bajó de la barca y caminó sobre el agua en dirección a Jesús. Pero, al sentir el viento fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó:

–¡Señor, sálvame!

En seguida Jesús le tendió la mano y, sujetándolo, lo reprendió:

–¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?

Cuando subieron a la barca, se calmó el viento. Y los que estaban en la barca lo adoraron diciendo:

–Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios.

Después de cruzar el lago, desembarcaron en Genesaret. Los habitantes de aquel lugar reconocieron a Jesús y divulgaron la noticia por todos los alrededores. Le llevaban todos los enfermos, suplicándole que les permitiera tocar siquiera el borde de su manto, y quienes lo tocaban quedaban sanos.

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Mateo, 14:22

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Diálogo entre monje y teterete. Francisco Toledo, 2019Diálogo entre monje y teterete. Francisco Toledo, 2019

Mi gurú es el vehículo de la luz

Un discípulo fue a ver a su gurú a última hora de la tarde, y el gurú le dijo:

–Llegas tarde. ¿Por qué?

–Bueno –dijo el alumno–, sucede que vivo al otro lado del río, y el río está desbordado, por eso no podía llegar. No pude vadearlo, como hago siempre, y no hay puente, como usted sabe, y tampoco hay botes.

–Y bien –dijo el gurú–. ¿Cómo llegaste entonces?

–Bueno, pensé: “Mi gurú es el vehículo de la luz. Es como si no hubiera nadie en su lugar, es sólo un transporte para la luz. Meditaré sobre mi gurú, y caminaré sobre el agua”. Dije: “Gurú, gurú, gurú”, y aquí estoy.

El gurú, por supuesto, pensó: “Qué extraordinario”. El alumno se fue, pero el gurú no podía sacarse la historia de la cabeza. Al fin se dijo: “Bueno, voy a probar”, y bajó al río, y después de asegurarse de que nadie estaba espiando este curioso experimento, se puso en estado de meditación, y diciendo “Yo, yo, yo” caminó sobre el agua y se ahogó.

El sentido de esta historia y de los milagros es que así como el espíritu sopla sobre las aguas, del mismo modo alguien que se haya espiritualizado enteramente puede hacer lo mismo. Esta especie de inflación espiritual es precisamente lo que superó Cristo, cuando fue llevado a la cima de la montaña por el tentador. Cristo deliberadamente rechaza las demostraciones vistosas de poder externo, a favor de algo más profundo.

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Del libro Tú eres eso, de Joseph Campbell.

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Discusión entre un monje budista y su teterete. Francisco Toledo, 2019Discusión entre un monje budista y su teterete. Francisco Toledo, 2019

El auténtico milagro

Cuando Bankei predicaba en el templo Ryumon, un sacerdote de la secta Shinshu que creía en la salvación por medio de la repetición del nombre del Buda de Amor, sentía celos de su nutrido público y quería debatir con él.

Bankei se encontraba en medio de una charla cuando apareció el sacerdote, pero éste causó tal revuelo que Bankei se interrumpió y preguntó por la causa del alboroto.

–El fundador de nuestra secta –se jactó el sacerdote– tenía unos poderes tan milagrosos que sostenía un pincel en una orilla del río, su ayudante sostenía un papel en la otra orilla y el maestro escribía el sagrado nombre de Amida a través del aire. ¿Podrías hacer tú algo tan maravilloso?

Bankei replicó jovialmente:

–Tal vez tu zorro puede realizar un truco así, pero ése no es el carácter del zen. Mi milagro consiste en que cuando tengo hambre, como, y cuando siento sed, bebo.

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Del libro 101 cuentos zen, al cuidado de Nyogen Senzaki y Paul Reps.

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El pintor prodigioso. Francisco Toledo, 2019El pintor prodigioso. Francisco Toledo, 2019


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