“No saben ni de qué chingados se trata”



Y el caso de Óscar Ortiz, un obrero al Congreso



Arturo Soto Munguía/


Dia de publicación: 2024-06-07


No sé si usted, aspiracionista lector, whitexican lectora se enteraron que ayer el gobernador Alfonso Durazo dispersó poco más de 78 millones de pesos a casi 14 mil estudiantes universitarios.

Acudí a un CUM abarrotado a cubrir el evento y ‘colgué’ en mi cuenta de tuiter un video que mostraba el graderío llenísimo. De inmediato, fluyeron los comentarios, varios de ellos en contra en los que se leían adjetivos como “ignorantes”, “arrastrados”, “huevones”, “imbéciles” “pobres”. Con esas palabras, literalmente, y otros con pretendido aire doctoral pontificando sobre el tema, pero con subtextos que invariablemente iban por el mismo camino del denuesto.

Me quedé pensando en lo encantados que deben estar el presidente y los morenistas con la prevalencia de esa narrativa que ya va para seis años y que no ha tenido más efectos que reafirmar el discurso presidencial que a su vez habla de “clasismo y racismo”.

Acabamos de pasar un proceso electoral en el que 36 millones de mexicanos hicieron de su voto un ejercicio plebiscitario sobre el gobierno de López Obrador y decidieron validarlo en las urnas. Para los furiosos críticos del obradorismo, los 30 millones de “huevones y pendejos” que votaron por López Obrador en 2018, han crecido en seis millones más y no vacilan en repetírselos.

Para esos 36 millones que votaron por Morena y sus aliados, en cambio, esos insultos son una muy aceptable invitación a no votar por quienes los pendejean como una estrategia de marketing electoral evidentemente fallida pero sobre la que vuelven en un loop que ya va para seis años, con resultados letales para sus causas.

Perdida en el graderío del CUM, se encontraba una sobrina. Ella es una estudiante de excelencia en la Universidad de Sonora y beneficiaria de una de las becas. Ya tiene credencial para votar. Su madre es una profesionista que terminó la preparatoria y la universidad, becada gracias a sus excelentes promedios; hoy tiene un trabajo estable en el que le chinga diez horas diarias toda la semana laboral para darle a sus dos hijas una vida si no de lujos, tampoco de carencias. Ella maneja una camioneta del año y su hija mayor un auto de modelo reciente. Jamás han trabajado en el gobierno ni participado en política y mucho menos militado en partido alguno.

Ayer estuvieron a comer en mi casa y le enseñé a la madre los comentarios despectivos en mi post de tuiter. Hizo un gesto de desaprobación y solo expresó: “Ni saben de qué chingados se trata”.

Ignoro, francamente el sentido de los votos de ambas pero intuyo, por conversaciones previas, que pudieron haberlo diferenciado.

Lo que sí sé es que en las redes sociales pululan los activistas del teclado que en un alarde de creatividad y un desplante filosófico recomiendan con suficiencia que a los pobres no hay que darles pescado, sino enseñarlos a pescar. ¡Booooom!, retiembla en sus centros la tierra cada vez que aparece una variación de esta frase hecha, que entre los beneficiarios de los programas sociales suele provocar una risita irónica sobre todo cuando recuerdan que antes no solo no los enseñaban a pescar, sino que les vendían las cañas y los anzuelos y les robaban los pescados.

Como agregado: no hubo candidato o candidata alguna que en esta campaña no se comprometiera a mantener y a ampliar los montos y universos de beneficiarios de esos programas, pero tampoco en ello reparan quienes los critican, incluso como parte de los procesos de legitimación, que por cierto otros gobiernos también lo hicieron. La única razón por la que ya no lo hacen es que no están en ejercicio del poder.

Tendrían que registrar también el dato de que, junto a millones de pobres en el país, otros millones de la clase media, media alta y alta también votaron por el proyecto obradorista. Y tampoco a ellos les gusta que los tilden de huevones y pendejos, pero bueno, para Morena está muy bien que lo sigan haciendo. Van bien.

II

Cuando el dirigente municipal de la CTM, Óscar Ortiz Arvayo anunció su decisión de participar como candidato del PT al distrito local IX en Hermosillo, varios priistas coincidieron en que sería vapuleado en las urnas. Hace mucho que en el PRI, los candidatos cetemistas no ganan elecciones, aducían.

Ortiz Arvayo, obrero de la Planta Ford que escaló en el sindicalismo durante ya un par de décadas es un tipo más común que corriente. No se le conocen fortunas, no ha estado involucrado en actos de corrupción y tiene muy buena presencia en el sindicalismo local.

La CTM Sonora, con Javier Villarreal al frente, no tuvo una buena relación con el pasado gobierno estatal que encabezó Claudia Pavlovich. Comenzó un proceso de distanciamiento que terminó por escindir a esa organización del corporativismo priista. En este proceso, se desdoblaron a la izquierda acusando al tricolor de haberse aburguesado, cerrando sus espacios al sector obrero y abriéndolos a esa ya no tan nueva clase política de perfil whitexican.

Pues Óscar Ortiz fue candidato y ayer presumió su constancia de mayoría, respaldada en más de 30 mil votos obtenidos en un distrito predominantemente popular en el sur de Hermosillo. Fue una de las votaciones más abrumadoras, pues su más cercano competidor, Luis Miguel Vargas, del PRI-PAN-PRD que alcanzó 7 mil 897 votos.

La ventaja casi fue de cuatro a uno. Y eso que Vargas Delgado fue un buen candidato, precedido de activismo social y que gastó suela en territorio, pero se quedó muy atrás.

Conversando con un veterano priista al respecto, coincidía en que si los cetemistas no ganaban elecciones bajo esas siglas, pero un obrero como Óscar Arvayo barrió en las urnas a sus contrincantes, entonces el problema no son los candidatos, sino el mismo PRI.

Son muchas señales ya las que las urnas le están enviando al tricolor, y más vale que hagan una lectura correcta de ellas con miras a próximas contiendas. La otra opción es más fácil aunque evidentemente menos redituable en lo electoral: seguir pendejeando a quienes no voten por ellos, al mismo tiempo que les piden votar por ellos.

Por cierto, en el PAN no cantan mal las rancheras en este tema, pero sobre eso volveremos en próximas entregas.

III

Pues el gobernador Alfonso Durazo anda recuperando el tiempo en que la veda electoral lo mantuvo en la cautela propia de quien no quiso dar motivos para denuncias sobre probables delitos electorales.

Ayer no solo encabezó el reparto de becas a estudiantes universitarios; por la mañana estuvo presente de manera virtual en la conferencia mañanera del presidente AMLO donde anunció el arranque del programa ‘La clínica es nuestra’ que beneficiará a los habitantes de los 72 municipios de Sonora.

En este programa se invertirán 108 mdp con la entrega de 220 tarjetas del Banco del Bienestar, a los Comités de Salud y Bienestar de las clínicas de primer nivel de atención del IMSS-Bienestar.

Este recurso será destinado a 12 unidades médicas en Hermosillo en las zonas alejadas de la capital y en las comunidades de pueblos indígenas, y estará destinado a mejorar su infraestructura, equipo y mobiliario.

Y hoy viernes el gobernador estará de gira por el sur del estado: en Navojoa comenzará la entrega de las tarjetas antes citadas y de una ambulancia, esto como parte del Plan de Justicia Yoreme-Mayo. En Cajeme entregará el equipo para transporte de bagazo de cebada que la empresa Constellation Brands ofreció a ganaderos para alimentar sus hatos. Posteriormente acompañará a los rancheros en una subasta de ganado.

IV

Se puso tenso por momentos el conteo de votos para la elección de la alcaldía de Hermosillo. Militantes de Morena y aliados se manifestaron en la sede del Comité Municipal Electoral al grito de ‘voto por voto/casilla por casilla’, exigiendo el recuento en la totalidad de las mismas.

A término del conteo, Antonio Astiazarán se alzó con 155 mil 452 votos, convirtiéndose por cierto en el candidato más votado en la capital y superando a su contrincante morenista, María Dolores del Río por más de 21 mil votos.

Esto desde luego no dejó conforme a la candidata que podría acudir a otras instancias para litigar el proceso.

La que definitivamente aceptó la derrota fue la panista Alejandra López Noriega, que en el conteo de boletas fue superada apretadamente por Norberto Barraza Almazán.

Esta es quizás la ventaja más apretada que tuvo un candidato de Morena, pues se definió por solo mil 100 votos, lo que también debe estar siendo revisado con lupa en Palacio, ya que Barraza se autopromocionó como el fenómeno político del momento y al final apenas pasó ‘de panzazo’.

 
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