Un cubo en el desierto y una sentencia incumplida





Héctor Zamarrón/


Dia de publicación: 2022-05-12


En medio del desierto de Sonora yace una escultura que rompe el desolado paisaje, es un cubo de 70 centímetros por lado, tan pequeño que se pierde en la inmensidad del tajo abierto de la mina Soledad-Dipolos, pero que representa los 11 millones de toneladas de material pétreo que fueron extraídos de la zona en busca de oro.

Ese cubo fue construido con piedras del lugar por el artista Miguel Fernández de Castro, quien junto con la antropóloga Natalia Mendoza preparó la exposición “The Absolute Restoration of All Things” para representar la lucha de una comunidad contra una minera y los límites de la justicia ante los despojos que la minería provoca, en particular, en el desierto sonorense.

Junto al cubo, yace una placa con una inscripción que resume el caso: “Entre 2010 y 2013, la compañía Penmont Mining extrajo ilegalmente 236,709 onzas de oro, según sus propios informes. Para ello, explotaron y movieron 10.833.527 toneladas de piedra.

“La decisión del Tribunal Agrario Unitario del Distrito 28, emitida el 8 de diciembre de 2014, obliga a Penmont a devolver el oro extraído, que tomaría la forma de un cubo de 70 x 70 x 70 centímetros y tendría un valor de 436 millones de dólares. — Ejido El Bajío, Febrero 2022”.

Con su trabajo, Mendoza y Fernández retoman la sentencia (incumplida) del Tribunal que, tras 67 juicios de los ejidatarios, ordenó a la minera “restaurar completamente el ecosistema que prevalecía en este lugar, con sus cerros, montañas, aguas, aire, flora y fauna que existían antes” y a la devolución del oro o su equivalente en dinero.

Esa sentencia permanece incumplida, la comunidad de El Bajío recuperó esas tierras hace dos años, tras una protesta en Palacio Nacional y con la demanda de que se ejecuten las 67 sentencias en su favor. El resultado, puros incumplimientos y hasta la negativa a ratificar al magistrado que votó en favor suyo.

A lo largo de esta trama de intereses, a la que Fernández y Mendoza dedicaron cerca de cinco años de investigación, está dedicada esta muestra que incluye objetos de la mina, fotografías, videos, diagramas y una panorámica que permite situar la devastación causada por esa minera, en tierra que además son el hábitat del berrendo sonorense, una especie que requiere protección y cuya población ronda en los 500 ejemplares en Sonora.

La obra se exhibe en Nueva York, en la galería Storefront for Art and Architecture y ojalá pronto pueda verse en México. Mientras tanto, puede seguirse el caso a través de las cuentas en redes sociales de los ejidatarios @Ejido_ElBajio, o de la exhibición del documental Tolvanera, dirigido por Ángel M. Mendoza, estrenado el año pasado y que tiene presentaciones a lo largo del país.

Mendoza y Fernández continúan su trabajo en Altar y en el desierto sonorense, documentando la compleja situación que impone la violencia, el crimen organizado y la devastación minera. Sus cuentas en redes son @miguelfdecastro y @mendozarockwell


@hzamarron


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