Toño Astiazarán enfrenta enorme dilema 





Feliciano J. Espriella/


Dia de publicación: 2021-10-11


El alcalde hermosillense Antonio Astiazarán Gutiérrez, a mi parecer, tiene ante sí la urgente necesidad de responder a la pregunta ¿Qué hacer con el pavimento de Hermosillo?, y de la respuesta que dé, dependerá no sólo su futuro político, sino también su lugar en la historia de la capital sonorense.

En múltiples ocasiones y desde hace varios años, he manifestado en mis diferentes espacios de comunicación, que el problema que representa la estructura vial de Hermosillo requiere de un megaproyecto que por sus características, tendría que desarrollarse a largo plazo, tal vez 20, 30 o más años. Seguir rellenando baches, aunque sea con concreto hidráulico como al parecer lo pretende realizar la actual administración municipal, es sólo paliar el problema.

Dilema: optar entre lo urgente y lo importante

La disyuntiva que le plantea el problema de las vialidades al alcalde es, como muchos de los aspectos más relevantes de la vida, elegir entre lo urgente y lo importante. 

En este caso, lo urgente es tapar ‘de inmediato’ todos o cuando menos el mayor número posible de baches. Lo importante sería iniciar de una vez y por todas, una solución definitiva al pésimo pavimentado de prácticamente todas las vialidades de la ciudad aunque ello exceda el tiempo de un período de gobierno o hasta dos, en caso de reelección.

Pero en virtud de que cualquiera de las dos soluciones requiere de fuertes erogaciones monetarias, se plantea un nuevo dilema: ¿de dónde saldrán los recursos para ello? La respuesta implica también decidir entre lo urgente, cuya única solución a la vista es el endeudamiento en una entidad gubernamental que ha abusado del recurso y que limitará más la capacidad de operación a las siguientes administraciones, o lo importante, buscar aunque lleve algún tiempo la obtención de recursos adicionales conque realizar las obras, sin que incidan en el futuro financiero de la ciudad.

De hecho, en este último aspecto, el pasado viernes el amigo y colega Armando Vázquez Alegría, en su leída columna “Archivo Confidencial”, hace el planteamiento de 10 posibles estrategias para que la comuna incremente sus ingresos y pueda hacer frente al problema de las vialidades sin hipotecar el futuro de las próximas generaciones de hermosillenses. 

Sin embargo, según los trascendidos, el alcalde capitalino anda a la búsqueda de un crédito de 550 millones de pesos para invertirlos en el mantenimiento vial de Hermosillo, lo cuál, en virtud del alto nivel de endeudamiento que ya tiene nuestra ciudad capital, que rasca los 2 mil millones de pesos y cuyo servicio asfixia ya el gasto público, aumentarla en casi el 30%, es casi suicida.

¿Cuál futuro privilegiará el alcalde? ¿El suyo, o el de Hermosillo?

Antonio Astiazarán es de sobra conocido tiene un proyecto político muy bien definido, quiere se Gobernador del Estado y está en todo su derecho. Ha hecho una buena carrera política, y aunque en el 2018 tuvo un fuerte tropiezo, está de nuevo en el carril de los competidores para el 2027, por lo cuál, es crucial para su carrera su desempeño al frente de la comuna capitalina, pues de salir con buena aceptación, en tres años podría buscar la reelección o un escaño en el Congreso de la Unión, para tres años después, ir por la gubernatura.

En este contexto, es obvio que si obtiene el recurso millonario de referencia vía crédito, en el corto plazo sus bonos políticos se elevarán sustancialmente y en un año seguramente la población de Hermosillo estará ponderando lo bien que está la ciudad, a diferencia del ´desastre’, dirán, que dejó Célida.

Sin embargo, esos 550 millones a la ciudad le acarrearán un alivio efímero, pues aunque se cubrieran de concreto como dicen que lo harán, el pésimo estado del resto de la pavimentación seguirá produciendo nuevos y nuevos baches con el tiempo y con las lluvias. Pero además, si San Pedro, Tláloc, la naturaleza o quien quiera que cause las precipitaciones pluviales, en el 2024 nos vuelven a castigar con torrentes de agua de la magnitud de los que nos envió este año, la ciudad seguramente estará si no peor, cuando menos igual que como está ahora, y los 550 millones se habrán ido al basurero de la historia, así como las aspiraciones a la gubernatura.

El futuro de la ciudad de Hermosillo requiere urgentemente que se inicie con un plan definitivo y total de la repavimentación de prácticamente toda la red vial. Seguir con paliativos sólo significa ‘patear’ el bote hacia adelante. 

Toño Astiazarán ya está inscrito en el libro de la historia de Hermosillo. El que se le recuerde como uno más, o quién realizó un importante avance fisonómico y funcional de la ciudad, dependerá de la respuesta que le dé a dilemas como el actual de las vialidades.

Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.

Twitter: @fjespriella


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