México, sin evaluaciones y aislado del mundo





Pascal Beltrán del Río/


Dia de publicación: 2021-05-03


Primero acabaron con la posibilidad de tener un magisterio profesional, condición básica de un sistema educativo de calidad, particularmente para estudiantes de escasos recursos.

Después, restauraron el sistema clientelar y corporativo en el magisterio, herencia de los tiempos del autoritarismo, cuando el SNTE fue manejado sucesivamente, a lo largo de 64 años, por los charros sindicales Jesús Robles Martínez, Carlos Jonguitud Barrios y Elba Esther Gordillo.

Luego, borraron de un plumazo las escuelas de tiempo completo y la educación infantil temprana, dejaron caer la cobertura de la educación media superior, acomodaron los libros de texto gratuitos a sus visiones ideológicas y abandonaron a su suerte la infraestructura de las escuelas.

Posteriormente, la salida del secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma, terminó con cualquier viso de un plan de estudios integral, pues la llamada Nueva Escuela Mexicana —la propuesta que éste impulsó— simplemente ya no forma parte del vocabulario de la actual titular de la SEP.

Ahora nos enteramos que México se ha convertido en el primer país en abandonar el Programa Internacional para la Evaluación de los Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés), que mide trianualmente el rendimiento académico de estudiantes de 15 años de edad en matemáticas, ciencia y lectura, mediante exámenes estandarizados, con el fin de poder comparar sus habilidades.

Tue Halgreen, analista senior del programa —citado por la organización Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI)—, informó que nuestro país dejó de aplicar las pruebas de campo necesarias para la aplicación de la prueba el año entrante. Ésta sería una señal de que el país se ha desligado de PISA. México forma parte del programa —puesto en práctica por la OCDE— desde 2000. Originalmente, la prueba PISA sólo se aplicaba entre los países miembros de la organización, pero la participación se ha ido ampliando hasta alcanzar 87 países. La siguiente estaba contemplada para 2021, pero, a causa de la pandemia, se pospuso para 2022.

Éste es un momento terrible para abandonar el programa. La pandemia por covid trajo consigo el cierre de las escuelas en casi todo el mundo, por lo que se puede esperar que el conocimiento de los alumnos en materias básicas haya disminuido. Para remediar el problema se requiere de un diagnóstico y eso es precisamente lo que la prueba aporta.

Pero éste es un gobierno peleado con las evaluaciones y resuelto a aislar a México del escenario internacional.

Ante la falta de crecimiento económico que se ha dado a lo largo de los últimos ocho trimestres, el presidente Andrés Manuel López Obrador propuso deshacernos del PIB —una medición adoptada mundialmente en 1944— y sustituirlo por una especie de indicador de felicidad. Hace casi un año que lanzó esa idea, pero no ha visto la luz.

También se ha quejado de las evaluaciones que hacen las agencias calificadoras sobre la calidad de la deuda mexicana. En marzo pasado, Pemex canceló su contrato con Fitch Ratings, luego de que, mes y medio antes, ésta había advertido que la situación financiera de la empresa era un riesgo para el país completo. 

En materia educativa, el gobierno ya había suspendido la aplicación de las pruebas nacionales Excale y Planea. Por eso, difícilmente la falta de seguimiento al proceso de PISA es un atorón burocrático. Es probable que el país hubiese salido más bajo en la prueba en comparación con 2018, al igual que muchos otros países. Pero los problemas hay que conocerlos para poder superarlos. Además, PISA no sólo permite medirnos contra otros países similares en desarrollo, sino también hacer comparaciones regionales.  

Veremos qué dice esta mañana el Presidente al respecto. Ojalá que no sea la respuesta de siempre: que la prueba es manejada por la OCDE y que ésta y MCCI son organizaciones conservadoras.

Quizá nos diga que los adolescentes mexicanos son felices y que eso es más importante a que tengan conocimientos. Eso será en el mundo de la 4T, porque, en el mundo real, estos jóvenes estarán buscando empleo en siete años o menos y su gobierno no los habrá prevenido, cuando pudo, sobre las limitaciones que tenían cuando estaban en secundaria ni habrá hecho nada para compensarlas.


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