La delgada línea entre lo legal y lo ético





Arturo Soto Munguía/


Dia de publicación: 2021-04-30


De llamar la atención el dicho del prestigiado abogado guaymense Armando Saucedo Monarque durante una mesa en la que compartimos micrófonos invitados por el periodista Pepe Ramírez, titular de Expresión Guaymas, un medio que está dando puntual y crítico seguimiento al proceso electoral en curso, particularmente en el puerto.

Uno de los temas, de los que también participó Alejandro Ramírez, mejor conocido en Twitter como ‘El Basilio’, fue la promoción que algunos candidatos de Morena hacen sobre los programas del gobierno federal, y el abogado, hombre de izquierda desde siempre, añejo amigo al que conocimos en aquellos convulsos inicios de los 90 tras la elección de Manlio Fabio Beltrones, y que en Guaymas escribió uno más de los capítulos más intensos que se recuerden, sostuvo que los candidatos no cometen un delito al hablar de dichos programas.

Los que están impedidos para hacerlo, dijo, son los funcionarios públicos. Los candidatos y candidatas sí pueden mencionarlos siempre y cuando no coaccionen, condicionen o nieguen los beneficios de esos programas al ejercicio de votar en algún sentido o en otro.

Hay que precisar que el abogado es un tipo congruente con su formación de izquierda y hoy forma filas en el morenismo, pero es suficientemente brillante para no caer en el fanatismo que suscribe todo cuanto sale de ese partido.

De llamar la atención esta postura, digo, porque montar el debate en la disyuntiva entre lo legal y lo ético se parece mucho a la opción entre la ley y la justicia que, al ser administradas ambas por el poder en turno quedan sometidas a la discrecionalidad del mismo.

Al abogado se le recordó el caso de Arturo Robles Higuera, candidato de Morena al distrito local XX con cabecera en Etchojoa, quien aparece en un video arengando a los adultos mayores a votar por ese partido y en contra ‘del PRIAN’ porque es la única manera de evitar que desaparezcan los apoyos para ese vulnerable segmento de la población.

Al margen de la mentira explícita en su discurso, ya que tales programas no desaparecerán toda vez que ya fueron elevados a rango constitucional, es claro que el candidato cometió un delito, lo que finalmente terminó siendo aceptado por Saucedo Monarque.

De hecho, el señor Robles Higuera, así como el candidato a la alcaldía (va por la reelección (Judas Tadeo Mendívil) ya fueron denunciados formalmente ante la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales a cargo de Daniel Núñez Santos y, de acreditarse el delito y aplicarse la ley tendrían que ser sancionados incluso con cárcel.

Se trata, ciertamente de un caso particular y el primero que ha sido documentado y judicializado (hasta donde se sabe), pero visto en un contexto más general, nos sirvió en la mesa para bordar sobre la falta de propuestas que en general muestran los candidatos del partido oficial, al grado de tener que ‘colgarse’ tanto de los programas gubernamentales como del propio presidente de la República al que han convertido virtualmente en su logo de campaña.

En algún lugar, Alfonso Durazo debe estar lamentando este tipo de ‘ayudas’ por parte de candidatos como los denunciados, ya que el señor Robles Higuera también pidió el voto por él a nombre de los programas gubernamentales, algo que quizás le sume unos cuantos sufragios de los adultos mayores en Etchojoa, pero le reste muchos más entre una población que ve, no sin azoro, cómo se están reproduciendo corregidos y aumentados, los viejos vicios, trampas y mapacherías que al PRI le funcionaron durante mucho tiempo, pero que también llegaron a hartar a la población hasta que los echaron del poder.

Justo lo que comentamos en el despacho anterior: la oferta con la que llegó Morena a la presidencia y a la mayoría en las cámaras fue la del cambio de régimen, la moralización de la política, la oxigenación de la vida pública, una nueva manera de hacer las cosas.

Ejemplos como el de Etchojoa -y eventualmente muchos más que no se han videograbado-, muestran que lamentablemente, estamos muy lejos de llegar a ese momento en que las contiendas electorales en México puedan llevarse a cabo como un ejercicio cívico ejemplar, limpio y alejado de las tentaciones autoritarias implícitas en todo acto de perpetuarse en el poder a toda costa. Incluso violando la ley.

II

Pues habló el buey y dijo ‘Mú’. El Instituto Estatal Electoral en voz de su consejera presidenta Guadalupe Taddei explicó (es un decir) que las fallas de transmisión durante el debate de candidatos a la gubernatura se debió a ‘interferencias’ cuyo origen aún está siendo investigado.

Grave el asunto porque exhibe la vulnerabilidad de los sistemas computacionales, el soporte tecnológico y la seguridad del software que utiliza el organismo encargado de organizar la elección, computar los votos y determinar resultados.

Se supone que la tecnología necesaria para intervenir sistemas de cómputo sólo puede ser adquirida por los gobiernos, pero se sabe que en el mercado negro ya es de lo más común (si hay recursos económicos suficientes) adquirir estos equipos.

Hay organizaciones internacionales y grupos de hackers en todo el mundo haciendo sus ‘travesuras’ y a través de la prensa nos hemos enterado en repetidas ocasiones la dimensión de éstas. Hasta el Pentágono, la CIA, la DEA; gobiernos, instituciones, bancos y empresas poderosas han sufrido la intervención de sus sistemas, ya para extraer información comprometedora, ya para robar fortunas, ya para hacer acopio de sus bases de datos con fines de extorsión o chantaje.

No veo, sin embargo a esos hackers interesados en alterar un proceso electoral local como el de Sonora, lo que reduce el círculo de sospechosos a ciertos personajes con un interés especial en dicho proceso.

Tampoco quiero caer en la paranoia conspiracionista, pero es realmente poca la gente con acceso y control de esa tecnología.

Y si ya vulneraron el sistema del IEE, qué certeza puede ofrecer ese instituto sobre la seguridad de sus bases de datos, de todo lo que tenga que ver con el desarrollo del proceso electoral, PREP incluido y ni se diga la captura y procesamiento de información el día de la jornada electoral.

Como ‘calambre’ estuvo bueno, pero en perspectiva, el hackeo arroja tantas sospechas que el IEE tiene que ofrecer, más que una disculpa y una explicación a medias, la certeza de que puede garantizar un proceso electoral confiable.

Cualquier otra cosa es enrarecer en grado sumo el ambiente político, ante una elección de suyo importante.


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