Instantáneas de la Ciudad: Pequeñas magnitudes





Abrahám García Ibarra/


Dia de publicación: 2020-03-24


La gobernadora Claudia Sheinbaum anuncia medidas contingentes para prevenir contagios por coronavirus. Se retrata untándose gel en las manos, pero no usa cubrebocas.

En marzo, el gobierno de la ciudad no cancela conciertos de la banda sueca Ghost (Palacio de los Deportes) ni el Festival Vive Latino (Foro Sol), pero no permite un evento deportivo gratuito en el Zócalo, en el que sus promotores esperaban imponer record Guinness 2020 de una clase al aire libre de box, el deporte más popular en el Valle de México.

Se anuncia la suspensión de El viacrucis en las laderas del Cerro de la Estrella, pero la Arquidiócesis de la Ciudad de México no es conminada a restringir la asistencia a los servicios de culto en sus catedrales, basílicas, parroquias, etcétera.

En farmacias metropolitanas se escamotea la venta de gel antibacterial y cubrebocas: El precio del primer producto se dispara hasta 70 por ciento en presentaciones de 50 y 100 miligramos. La presentación de los segundos, en bolsas de 10 unidades, se vendía antes de la contingencia en lunes de promoción en 10 pesos. Hoy, cada unidad se vende en diez pesos. Diez unidades cuestan ahora 100 pesos.

Antes de la alarma colectiva, las tiendas departamentales y de conveniencia daban “gratuitamente” a su clientela bolsas de empaque de mercancía. Ahora las venden en 10 y hasta 25 pesos por unidad, según su capacidad.

En corredores de la bacteria se hacen como que la virgen les habla

Los llamados corredores de la bacteria, donde se expenden fritangas aun en colonias de solvente poder adquisitivo, no han dejado de funcionar, sin que se observen prevenciones sanitarias tanto en los dependientes como para los consumidores.

En la floreciente industria de reparto de comida a domicilio, los repartidores no son habilitados por sus empleadores con los paños y fórmulas químicas para evitar los riesgos de contacto con sus clientes.

Especialmente en el Centro Histórico de la ciudad, los transeúntes escupen el chicle –potencial trasmisor de enfermedades– en las banquetas, calles peatonales, andenes y paraderos del servicio público de transporte.

En los vagones del Metro exclusivo para las mujeres, sólo una entre veinte hace uso de cubrebocas. Los pisos están llenos de paños desechables.

Sin contención, la defecación de mascotas al aire libre

En parques y jardines citadinos, a donde acuden niños y ancianos, las mascotas siguen defecando al aire libre. Sus dueños tienen tertulias matinales y vespertinas en terrazas de cafés o cocinas gourmet, cuyas mesas son ocupadas por mimados perros.

Incluso en lujosos condominios o edificios de alquiler, los conserjes no pueden convencer a algún propietario o inquilino que deje de escupir en las paredes de los elevadores o que no suban a los mismos a sus felpudos animales, no siempre sometidos a aseo cotidiano.

Entre las medidas preventivas recomendadas por la Organización Mundial de la Salud y adoptadas por las autoridades correspondientes, se recomienda –hasta la obsesión, dijo ayer un médico local- lavarse las manos con agua y jabón cuantas veces sea necesario y posible.

El Valle de México, ¿un camino verde para mañana?

En promocional del Banco Mundial, divulgado en el área metropolitana se lee: Agua potable en el Valle de México, ¿un camino verde para mañana?

Conviene destacar la interrogación. Estudios recientes concluyen que 48 por ciento de la población mexicana (127 millones de individuos) carece de suministro diario de agua potable. Otro alto porcentaje, es sometido a tandas.

En temporadas se estiaje -estamos a las puertas de la de primavera- invariablemente la Comisión Nacional del Agua raciona el abasto en el Valle de México. Aun en época de lluvias, el servicio es restringido.

En los Estados Unidos, el suministro de agua potable alcanza hasta mil 300 litros per cápita diarios. Su desperdicio es penalizado. En el Valle de México, la tendencia histórica promedia entre 250 y 300 litros. (Una iniciativa de ley a debate, pretende reducirlo a 130 por persona para consumo humano en la Ciudad de México.)

Iztapalapa y Gustavo A. Madero, en perpetua crisis

En la megalópolis, el manejo del líquido incluye el reciclaje de aguas residuales. Aun así, los pobladores de dos de las nuevas alcaldías de la Ciudad de México –Iztapalapa y Gustavo A. Madero– y dos municipios del Estado de México -Nezahualcóyotl y Ecatepec- viven perpetuamente la tragedia de la escasez y la carestía. Los traficantes de agua embotellada no sufren la primera y medran con la segunda.

Todos los datos anteriores están distantes de la leyenda urbana. Son una realidad monda y lironda. En esas circunstancias críticas, si el habitante de la Ciudad de México carece de agua potable hasta para cocinar sus alimentos, ¿cómo exigirle, así sea un imperativo, que se lave las manos con agua y jabón cuentas veces sea necesario y posible? Ni Pilatos podría cumplir la prescripción. Es cuanto.


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