¿Existen 5 millones de unidades económicas productivas?





Abrahám García Ibarra/


Dia de publicación: 2019-11-28


Por lo visto, sólo un guarismo más en los censos nacionales.

Para observar en situ el crepúsculo de un Presidente, hacia 1999 solicitamos por primera vez a nuestros editores la fuente de Los Pinos en el último tramo de Ernesto Zedillo Ponce de León.

La agenda pinolera de primavera de 2000, a unas semanas de la elección presidencial, fue cooptada por las asambleas y convenciones anuales de cámaras, asociaciones y consejos del poder económico organizado.

Desde entonces, hemos sido testigos de los compromisos de inversión asumidos por los hombres de negocios con la Presidencia de la República: Siempre, un titipuchal de miles de millones de pesos. En noviembre de 2019, seguimos viendo la misma película, cuando el Inegi dictamina que la economía mexicana está en recesión técnica, obviamente, por la falta de inversión productiva.

Sin girarla de expertos, lo evidente parece ser que el fenómeno de las antaño tipificadas como expectativas decrecientes se profundizó cuando los agentes económicos dieron el vuelco de la economía productiva a la economía especulativa.

Lo que nos dejó el maquinado error de diciembre de 1994

En ese proceso compiten tanto los jugadores nacionales y extranjeros, que destinan preferentemente sus capitales a inversión en portafolios, a disposición en la Bolsa Mexicana de Valores.

La raíz de esa tendencia regresiva se localiza en la entrega del sistema de banca y crédito mexicano a firmas privadas a partir de 1990. Su primera explosión fue el error de diciembre de 1994, maquinado desde Nueva York por los acreedores internacionales de México desde los primeros meses de ese año.

El espejo de esa crisis fue, tres años después, el rescate por el Estado de los deudores cuyos papeles, convertidos en deuda pública en manos del Instituto de Protección al Ahorro Bancario (IPAB), acumulan un débito de casi un billón de pesos, que se sigue disparando a pesar de que, en cada ejercicio fiscal anual, se le etiqueta una carretada de miles de millones de pesos en el Presupuesto de Egresos de la Federación.

Los clientes favoritos de la banca desnacionalizada

Cambio de página: ¿Cómo podrían los empresarios cumplir su compromiso de inversión, si no los financia el Estado?

La acotación obligada nos remite a un dato comprensible aun para los no iniciados: Los bancos, desde su origen, son instituciones intermediarias que gestionan bienes de terceros, siempre a un valor muy por encima de sus activos de capital propios. Su contraprestación es brindar créditos para fondear también a terceros.

La industria bancaria mexicana privatizada devino institución desnacionalizada. Las franquicias extranjeras sostienen los balances de sus matrices en las metrópolis con las ganancias en sus sucursales periféricas, resultado del neocolonialismo financiero.

¿Cómo podrían capitalizarse y lograr excedentes los emprendedores mexicanos, si no es con base en el financiamiento de sus proveedores, u otras fuentes, no pocas veces a intereses de usura?

Es que la tendencia histórica de los bancos en México, profundizada en las últimas tres décadas, es operar sobre dos prioridades: 1) Tener al gobierno como el cliente más seguro, y 2) El crédito al consumo.

10 billones de deuda pública; cartera vencida en plásticos

Por el primer carril, la deuda pública rebasa ya los 10 billones de pesos y contando. A ese renglón, el Presupuesto de Egresos de 2020 reserva 538 mil millones de pesos. (Apoyo a bribones deudores de la banca, 43 mil 374 millones de pesos.)

Por el segundo carril, no hay balance anual en que no se reporten las estadísticas de cartera vencida, tanto de personas físicas como de personas morales. Teniendo la banca comercial aquellos dos nichos tan rentables, el resultado natural ha sido que el crédito bancario al sector privado permanezca bajo signos de precariedad.

Entre 2016 y 2017 el hoyo negro apareció en toda su magnitud.

El deprimente modelo de Fox: La economía de la tamalera

La gestión de Vicente Fox fue caracterizada, aun por sus propios colaboradores, como la de, la economía de la tamalera, según su preferencia por los changarros comerciales, la mayoría de los cuales devino narcotienditas en los arrabales de las zonas metropolitanas.

Nos remitimos a ese sexenio, porque en la sucesión presidencial de 2006, algunas centrales de los hombres de negocios se entrometieron en las campañas presidenciales, convocando a los electores a votar contra el cambio de modelo económico.

Sorpresas te da la vida: En 2019, desde los mismos cenáculos se exige ahora paladinamente, cambiar el modelo económico ensayado por la cuarta transformación, cuya primera etapa apenas se centra en rectificar, a veces sólo matizar, algunas líneas de operación del neoliberalismo.

Carlos Slim Helú, el indispensable en todo proyecto de Estado

Como sea, noviembre nos ha traído la noticia de que algunos agentes económicos mexicanos han firmado en Palacio Nacional el Acuerdo de Inversión en Infraestructura con el Sector Privado.

Lo que no es noticia, es que un hombre químicamente económico, Carlos Slim Helú, en ascenso continuo desde la década de los ochenta -data de la implantación del neoliberalismo- dice ¡Presente! ante Andrés Manuel López Obrador.

Loable compromiso: Pero el creador del Grupo Carso es uno de los mexicanos más ricos del mundo. El Grupo tiene su banco, agencias financieras, casas de bolsa, etcétera, y su fundador es un jugador exitoso no sólo en el mercado bursátil nacional y algunos extranjeros. Le sobra poder: Si hace apenas un mes comprometió inversiones por 100 mil millones de pesos, hace unas horas duplicó su oferta a 200 mil millones de pesos. La pregunta es, si una golondrina hace verano.

No se conoce compromiso similar de los otros 15 mexicanos listados en Forbes entre los más acaudalados del planeta.

Los convidados de piedra al exclusivo banquete

Lo que no se dice en los triunfalistas discursos públicos, es que existe un padrón nacional de más de cinco millones de unidades económicas productivas; el más alto porcentaje de pequeños industriales y comerciantes, núcleos agrarios e indigenas comunales, pequeños propietarios rurales…

Es el sector productivo que asiste como convidado de piedra al banquete, porque no es sujeto de crédito, ni de la banca comercial ni de la de desarrollo. Por ahí ambula, a la sombra de la economía informal, que algunos estadígrafos tipifican como economía negra. Es cuanto. 


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