Carta al Presidente



Sin duda que la corrupción desgastó la incipiente democracia, pero el México anterior no lo era menos. Discrecionalidad y opacidad favorecen el enriquecimiento ilícito de los funcionarios con impunidad.



Fernando Belauzarán/


Dia de publicación: 2019-09-10


10 de Septiembre de 2019

Señor presidente Andrés Manuel López Obrador:
Le escribo desde la diferencia, con la convicción de que pensar distinto no sólo es legítimo, sino también enriquecedor. Superar los problemas del país nos convoca a todos y la forma correcta de sumar voluntades es a través del diálogo. Por desgracia, lo veo poco propenso a construir acuerdos, como si los grandes cambios que anuncia debieran verse como una proeza personal y no como el resultado de la labor colectiva a favor de un proyecto de nación compartido.Reconozco el amplio respaldo ciudadano que obtuvo en las urnas, pero no es un cheque en blanco. Su actuación debe sujetarse a lo establecido en la Constitución y las leyes, además de respetar los derechos de cada persona, con independencia de su filiación política y así sean ejercidos para oponerse a decisiones de su gobierno.Vale la pena recordarlo porque ningún presidente en este siglo había concentrado tanto poder como el que detenta e incluso se han desempolvado facultades metaconstitucionales de aquella Presidencia Imperial que pensábamos superada. No deja de ser paradójico, pues cuando usted se pasó a la oposición, en septiembre de 1988, decidió enfrentar a ese régimen que ahora pretende restaurar.Costó mucho caminar por la ruta de la Transición a la Democracia, acotar el poder presidencial, establecer contrapesos, dar certeza a elecciones libres y equitativas, crear órganos autónomos, generar datos y evaluaciones independientes, hacer efectiva la división de poderes, favorecer la libertad de expresión; conquistas de la sociedad que hoy están en peligro de menguarse o desaparecer.Es verdad que en esos logros ha habido contradicciones, que no han faltado presiones indebidas ni han sido inmunes a la corrupción; pero los avances respecto al hiperpresidencialismo autoritario del que nos desprendimos son valiosos e innegables. Lo extraño es que los tengamos que defender de su gobierno. Estando al frente del PRD, usted suscribió los acuerdos de 1996 que dieron autonomía al IFE, crearon el Trife y permitieron a los capitalinos elegir a sus gobernantes. Gracias a ello, hoy vive y despacha en Palacio Nacional.Regresar al poder desmedido del Presidente no es transformación, es retroceso. Sin duda que la corrupción desgastó la incipiente democracia, pero el México anterior no lo era menos. Discrecionalidad y opacidad favorecen el enriquecimiento ilícito de los funcionarios con completa impunidad. Eso fue tan evidente que Miguel de la Madrid metió a la cárcel a un miembro de la administración anterior y convocó a la “renovación moral” de la sociedad. ¿Le suena?No basta el ejemplo para acabar con la corrupción, tampoco las palabras. Ocho de cada diez contratos de su gobierno se entregan sin licitación, creció la negativa a proporcionar información pública, se simula en el programa de Jóvenes construyendo el futuro y la titular de la Secretaría de la Función Pública (SFP) se niega a investigar propiedades del entorno cercano y familiar de Manuel Bartlett pese al escándalo. Sin contrapesos es inevitable que se politice la justicia.Compartimos el compromiso de combatir la pobreza y reducir la desigualdad. Pero desaparecer lo que funcionaba, como Prospera y el Seguro Popular, para implementar programas sociales clientelares no es política sustentada en evidencia, como tampoco cancelar el nuevo aeropuerto en Texcoco o castigar Estancias Infantiles. No hay mejor inversión que el conocimiento y, sin embargo, asfixian presupuestalmente a centros de investigación y abandonan a becarios en el extranjero.Si el regreso a la presidencia todopoderosa es indeseable, también volver a la partidocracia pervertida por la corrupción, pero no confundamos a ésta con la pluralidad. Discrepar es derecho que no debe ser inmoralizado desde el poder. Como usted lo ha constatado, perder la elección es sólo una derrota política que puede revertirse en la siguiente. Tengamos presente que, como escribió Amos Oz, “la semilla del fanatismo siempre brota al adoptar una actitud de superioridad moral que impide llegar a un acuerdo”.Me despido con el ánimo de contribuir en la construcción de un México más libre, justo y democrático.


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