Por la Redacción
Hermosillo, Sonora.
Para el doctor Alfred A. Tomatis, médico e investigador francés pionero en la neurofisiología auditiva, la música no es solo una manifestación artística o un entretenimiento cultural: es una necesidad primaria del sistema nervioso humano.
A través de sus investigaciones sobre la relación entre el oído, el cerebro y el lenguaje, Tomatis planteó que los estímulos sonoros —especialmente las frecuencias presentes en composiciones como las de Wolfgang Amadeus Mozart— actúan como una fuente directa de energía neurofisiológica, indispensable para el desarrollo del pensamiento abstracto y la articulación verbal.
Energía para el cerebro y molde del lenguaje
Según el pensamiento de Tomatis, la música cumple una función estructural en la maduración del sistema nervioso. Al impactar en el córtex cerebral, el estímulo musical induce una descarga de energía que activa áreas vinculadas con la concentración, la memoria y la expresión corporal.
“La música preexiste al lenguaje, por lo menos es mi convicción”, afirmaba Tomatis, al sostener que los ritmos, la cadencia y las entonaciones de la habla humana tienen su raíz directa en la experiencia auditiva previa.
Bajo esta perspectiva, la música toma el cuerpo en su totalidad para “modelarlo en una arquitectura verbalizante”, preparando los mecanismos neurobiológicos sobre los que más tarde se asentará el habla y la voz cantada.
El cuerpo humano: único instrumento receptor y productor
Uno de los pilares del análisis neurofisiológico de la música reside en la integración corporal. Toda obra musical, independientemente de los instrumentos empleados o la técnica de ejecución, encuentra su punto de llegada en el cuerpo humano, al que Tomatis define como el único instrumento receptor y productor.
Las leyes de la armonía no se procesan de forma puramente abstracta; se inscriben en la fisiología. Para que la música sea verdaderamente integrada, se requiere una “puesta en correspondencia” del aparato corporal. Es en la corporalidad donde residen las potencialidades tanto para la apreciación sonora como para la apropiación del lenguaje, dependiendo del uso y la estimulación que se haga de estas capacidades biológicas.
En suma, la neurofisiología aplicada a la música confirma que el arte de los sonidos no solo deleita al espíritu, sino que constituye un alimento indispensable para el motor biológico y cognitivo del ser humano.











