Aunque la mayoría de los movimientos telúricos son de magnitud moderada y representan un riesgo limitado, especialistas mantienen vigilancia ante los cambios detectados en la actividad sísmica del Golfo de California.
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Sonora, México. – El monitoreo permanente y las aplicaciones para teléfonos móviles que informan en tiempo real sobre la ocurrencia de sismos han permitido detectar una mayor cantidad de movimientos telúricos que anteriormente pasaban desapercibidos para gran parte de la población.
Ante este panorama, Dagoberto López López, profesor e investigador del Instituto Tecnológico de Sonora (ITSON), señaló que, con base en el análisis de la actividad sísmica registrada en el Golfo de California, se ha observado una tendencia a la ocurrencia de eventos de mayor magnitud y con periodos de recurrencia más cortos, una hipótesis que, dijo, continúa bajo estudio.
Sonora registra un promedio de alrededor de 200 sismos al año, la mayoría de baja a moderada magnitud. De acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), desde 1970 se han registrado miles de eventos sísmicos en el Golfo de California.
“En el Golfo tenemos alrededor de 200 sismos por año; la mayoría son de 4 o 5 grados o menores y, ocasionalmente, se presenta uno de magnitud 6 o 7. Dependiendo del evento, el periodo de recurrencia puede ser de entre 15 y 25 años. Sin embargo, al analizar estadísticamente esos datos hemos observado una tendencia hacia eventos de mayor magnitud”, explicó.
El investigador indicó que la mayor parte de la actividad sísmica en la región corresponde a eventos de baja magnitud, que generalmente producen movimientos con menor potencial destructivo. Añadió que los daños provocados por un sismo dependen de diversos factores, entre ellos la magnitud, la profundidad, la distancia al epicentro, las condiciones del suelo y las características de las construcciones.
Precisó que la actividad tectónica en el Golfo de California se origina, en muchos casos, a unos 10 kilómetros de profundidad y a más de 120 kilómetros de las principales ciudades de Sonora. Agregó que, de acuerdo con sus análisis, el intervalo entre algunos sismos de mayor magnitud parece haberse reducido en años recientes, aunque aclaró que ese comportamiento continúa siendo objeto de estudio.
Históricamente, el sismo con epicentro en territorio sonorense más devastador ocurrió el 3 de mayo de 1887 en el municipio de Bavispe. El evento alcanzó una magnitud estimada de entre 7.4 y 8.1 grados y destruyó gran parte de la población, incluido el templo de adobe, además de provocar decenas de fallecimientos.
El terremoto también generó una extensa ruptura superficial a lo largo del sistema de fallas de la región y fue percibido hasta la Ciudad de México y el suroeste de Estados Unidos.
Actualmente, los reglamentos de construcción incorporan criterios de ingeniería sísmica más estrictos que los aplicados hace varias décadas, sustentados en normas nacionales e internacionales, como las de la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles (ASCE). Sin embargo, persisten importantes desafíos, entre ellos la existencia de edificaciones antiguas construidas sin criterios antisísmicos y la necesidad de fortalecer la cultura de la prevención entre la población.











