La selección de Koeman, empatada en el minuto 89, deja escapar dos ventajas tras superar el tedio del primer tiempo (2-2)
Lorenzo Calonge
Donde mejor se estaba en Dallas era dentro del estadio, el de los Dallas Cowboys (NFL), otro espectacular recinto cubierto donde protegerse de un calor que consume las reservas de agua del ser humano. Allí dentro se pasó del sopor a la expansión, un viaje que acabó con Holanda todavía peor que como empezó. No aprovechó las dos ventajas que tuvo ni media hora de juego decente.
Países Bajos

2
Japón
2

Goles
1-0 min. 50: Virgil Van Dijk. 1-1 min. 57: Keito Nakamura. 2-1 min. 63: Crysencio Summerville. 2-2 min. 88: Daichi Kamada.
Árbitro
Ismail Elfath
Tarjetas amarillas Crysencio Summerville (min. 60), Depay (min. 83) y Mickey van de Ven (min. 90)
Aterrizó en el Mundial atrapada por una centrifugadora pesimista que se respiraba en el ambiente, y salió de la primera cita frustrada y empatada en el último golpe de riñón de una Japón que, a la espera de que pueda superar su techo de los octavos mundialistas, siempre se las arregla para competir contra nombres superiores al suyo. Ya le ganó a Alemania y España en el Mundial de Qatar, y empezó amargando a la Oranje.
“Yo no soy negativo”, reaccionó Ronald Koeman. “Vi mejoras en el equipo respecto a los últimos amistosos y tuvimos momentos positivos. Obviamente, soy consciente de que debemos crecer, pero siempre he valorado las capacidades de Japón”, se defendió el técnico holandés ante el clima derrotista de la prensa de su país.
Los jugadores holandeses salieron con plomo en las piernas. El balón debía pesar también un quintal porque la circulación era tan lenta que aquello resultaba una invitación a la siesta tejana. Sin nadie que se moviera al espacio, cada uno esperaba el balón al pie, confiando, quizá, que eso se transformara de forma mágica en una ocasión. Así que Japón se abanicaba, forrado si era necesario con cinco defensas a la espera de la clásica contra, que las encontró. “Estaban muy bajos”, lamentó Koeman.
Todo lo que generó Países Bajos hasta el descanso se redujo a un duelo entre Malen y Suzuki. Se revolvió bien en dos ocasiones el delantero y le respondió mejor el portero nipón. La primera ocurrió nada más empezar, cuando el ariete se dio la vuelta y soltó un derechazo violento que despejó el meta. Aquello pareció el anuncio de un encuentro entretenido, pero nada que ver de momento. La letanía con la que animaban los asiáticos tampoco ayudaba a sacar el partido del tedio. Hubo que esperar otra media hora para la siguiente ocasión, un cabezazo de Malen entre dos defensores que rechazó Suzuki. Pura molicie que solo se alivió con un par de amenazas japonesas justo antes del final del segundo cuarto. Primero un intento de Nakamura al palo corto y luego un tiro violento de Ueda agudizaron la sensación oranje de que la tarde era farragosa.

A Países Bajos solo le podía sacar del triple nudo una acción episódica. Y eso ocurrió. Le cayó un balón aéreo a Van Dijk, la defensa no ajustó y el central aplicó un testarazo fulminante a la esquina. Ese fue el primer tanto que marcaba un futbolista neerlandés en una acción de jugada en los últimos cuatros partidos, un dato que ayuda a entender el atasco previo. Una diana caída del cielo que se marchó al instante por el desagüe. Nakamura, que ya había avisado, se hizo el sitio justo en la frontal para que su tiro pasara por un enjambre de piernas y dejara a Verbruggen pasmado bajo palos.
Por suerte, después de 50 minutos de tedio, la sesión vespertina había virado hacia la expansión y los goles. Replicó Summersville, el atacante que ha entrado en el once titular mientras Memphis Depay afina su físico. El jugador del West Ham se apuntó un disparo afilado sensacional al palo largo que significó el 2-1. Tuvo también un par Gakpo antes de que Koeman entendiera que, llegados a ese punto, el de los diez minutos finales, había que defender el fuerte con cinco zagueros. Quitó a un medio (Gravenberch) y metió un central (Aké). “No, no me arrepiento de los cambios”, replicó en sala de prensa, cuestionado por sus decisiones.
La acumulación, sin embargo, no le evitó el golpe final. Se había quedado Koki Ogawa a un pie de rematar un centro y, a los dos minutos, enganchó un cabezazo en un córner que dio casi de rebote en Kamada y acabó dentro en el minuto 89. La confirmación de que Holanda camina por una travesía de curvas. “Ustedes tienen muchas más críticas al equipo que yo”, lanzó Koeman a los periodistas antes de subirse al autobús.









