El formulario que desnuda al imperio
En el hermético mundo de las declaraciones patrimoniales presidenciales, un documento llamado OGE-278e se ha convertido en la llave que abre la caja de Pandora de la política exterior estadounidense. Mientras Donald Trump pronuncia discursos sobre la grandeza de América y erradicar la milenaria nación persa, sus activos financieros revelan una verdad incómoda: es accionista minoritario, pero cómplice mayoritario, de la maquinaria que exprime el subsuelo mexicano.
Por: Fernando Gutiérrez Rodríguez, reportero de datos de Dossier Político

Su inversión de seis cifras en Newmont Corp., dueña a través de Penmont en sociedad con Fresnillo Plc. de las minas Peñasquito en Zacatecas y La Herradura y Noche Buena, en Sonora, no es un simple dato de portafolio ni de una mina más en México, sino las dos más grandes productoras de Oro en el país que lo posicionan en el octavo lugar en producción aurífera y primer lugar en Plata, con Zacatecas como número uno en el país y, desde luego, del mundo en producción argentífera.
La inversión de Trump en Newmont Corp. Es el hilo conductor que conecta dos fenómenos que han convertido a Zacatecas en una herida abierta de la nación: la expulsión forzada de su gente hacia Estados Unidos y la depredación minera que deja pueblos fantasmas a cambio de lingotes.
Este despacho no es un ejercicio periodístico o académico neutral. Es una crónica del abuso sistémico, un intento por visibilizar cómo las decisiones de un magnate en Washington —sus políticas migratorias, sus presiones arancelarias, sus omisiones regulatorias— golpean con saña a un pueblo que ya lo ha soportado todo.
Zacatecas, el estado que siembra gente y cosecha migrantes
De acuerdo con el análisis de datos migratorios y el perfil poblacional referenciado en datos oficiales actualizados, Zacatecas es un “estado expulsor” de mano de obra hacia Estados Unidos por excelencia. Durante décadas, la falta de oportunidades laborales sostenibles —agravada por la precarización del campo y la minería— ha empujado a sus habitantes a cruzar la frontera norte.
Lo que las estadísticas frías no muestran es el drama humano: familias divididas, pueblos donde solo quedan abuelos y niños, y una cultura de la ausencia que se ha normalizado.
Según datos del INEGI, Zacatecas ocupa uno de los primeros lugares en recepción de remesas per cápita, pero esa inyección de dólares es un espejismo: no genera desarrollo, solo palía la supervivencia.
Trump ha llamado “aliens”, “criminales” y “plaga” a los mexicanos que huyen de la pobreza. Ha separado familias, ha encarcelado a padres y ha deportado a jóvenes que cruzaron la frontera de niños de tal suerte que en sus dos gestiones presidenciales suman más de 22 mil zacatecanos deportados o repatriados por las políticas segregacionistas de Washington durante la era Trump.
El mismo hombre que posee acciones en la empresa que destruye el tejido social de Zacatecas, califica a sus víctimas de “invasores” y “criminales”.
La hipocresía es brutal: el capital de Trump crece con el oro que sale de Zacatecas, pero su política migratoria castiga al zacatecano que no encuentra otra salida que huir.
Mina Peñasquito, la máquina de expulsión silenciosa
Peñasquito no es una mina cualquiera. Es la segunda productora de oro más importante de México, y está en el top 5 mundial de producción de plata. Pero para muchos zacatecanos de Mazapil, Valparaíso y Chalchihuites, es un cementerio de esperanzas.
Los conflictos sociales alrededor de Peñasquito son históricos y documentados:
El corte del suministro de agua: Comunidades enteras han visto secarse sus pozos mientras la mina consume millones de litros diarios para procesar mineral.
Las compensaciones miserables: Penmont ha pagado migajas a ejidatarios por la explotación de sus tierras, mientras envía miles de millones de dólares en ganancias a Denver, un porcentaje mínimo pero emblemático abulta la fortuna personal del presidente de Estados Unidos que no es poca, al rondar los 2 mil millones de dólares.
La contaminación silenciosa: Derrames de cianuro y metales pesados en cuerpos de agua que han matado ganado y enfermado a niños y ancianos.
¿Y quién es socio de esta operación? Donald Trump. Su inversión es minoritaria, sí, apenas el 0.0003% de Newmont quizás, pero es el poder de su investidura lo que convierte ese porcentaje en un escudo para la empresa. Mientras Trump firma órdenes ejecutivas para acelerar permisos mineros en Estados Unidos, sus representantes comerciales presionan a México para que no endurezca las regulaciones ambientales en minas como Peñasquito y las de Sonora y se expulse al capital canadiense de la actividad extractiva mexicana y su lugar lo ocupe capital estadunidense del cual es inversor el presidente.
Es el capitalismo de los vínculos: Trump no necesita una mayoría accionaria para ser dañino. Necesita solo la amenaza de que, si México toca los intereses de Newmont, habrá represalias comerciales o migratorias.

La triple vulnerabilidad zacatecana
El pueblo de Zacatecas sufre una triple agresión que Trump personifica y agrava:
La expulsión laboral: La minería de oro en México no genera el empleo como para paliar el daño ambiental y social y en el caso de Zacatecas, la oferta es insuficiente para retener a la población demandante de empleos bien remunerados y seguros. Sus operaciones son intensivas en capital, no en mano de obra. Los jóvenes zacatecanos no encuentran futuro local, por lo que migran.
La deportación arbitraria: Los zacatecanos que llegan a Estados Unidos son deportados masivamente por políticas que Trump inició y normalizó. Familias que llevan 20 años en Texas o California son arrancadas de sus hogares y enviadas a un Zacatecas que ya no conocen.
El despojo ecológico: La mina no solo se lleva la riqueza en oro y plata, sino el agua, contamina la tierra y deja un pasivo ambiental que pagarán los nietos de los actuales campesinos.
Trump, como accionista, es beneficiario directo de este despojo. No es un observador neutral; es un socio silencioso de la expoliación.
El proceder de Trump: un manual de indolencia sistémica
Lo que hace Trump no es casualidad ni desconocimiento. Es un proceder metódico:
Paso 1: Invierte en empresas extractivas globales, diversificando su portafolio en sectores poco regulados aprovechando su investidura y adecuando su discurso al mercado de capitales donde cotizan sus acciones en minería de oro y plata mexicana.
Paso 2: Utiliza su poder presidencial para debilitar regulaciones ambientales y laborales en EE. UU., creando un “piso bajo” que las empresas donde es accionista replican en el extranjero.
Paso 3: Amenaza con sanciones o aranceles a países (como México) que intenten regular a esas empresas y exige la cancelación de concesiones a nacionales y extranjeros que no sean norteamericanos.
Paso 4: Culpa a los migrantes de la pobreza que él mismo contribuye a generar.
Los zacatecanos no son “perezosos” ni “delincuentes”. Son trabajadores expulsados por un sistema que prefiere enviar el oro a Denver antes que oportunidades a Mazapil. Y ese sistema tiene un nombre y un apellido en la Casa Blanca.
Conclusión: El pueblo que lo ha soportado todo merece justicia
Este ensayo periodístico no pide objetividad en su conclusión. Pide indignación.
Los zacatecanos han soportado todo: la violencia del narco que el geo corporativismo minero propicia, la indiferencia de sus propios gobiernos, la depredación de empresas extranjeras, y ahora la humillación de ser deportados por un presidente que, en parte, vive del oro extraído de su tierra.
Donald Trump no es el único responsable de la tragedia zacatecana, pero es su símbolo más grotesco. Es el hombre que, mientras sus agentes esposan a un padre de familia en Houston, cobra dividendos de la mina que dejó sin agua a la comunidad donde ese padre nació.
Ser accionista minoritario no es una excusa; es una confesión. Cada lingote de Peñasquito que cruza el Río Bravo hacia las bóvedas de Newmont lleva consigo la sangre migrante de Zacatecas. Y Trump, desde su torre de marfil, levanta una copa brindando por la “grandeza de América”, mientras Zacatecas se desangra en silencio.
La historia no juzgará a Trump por sus tuits, sino por sus acciones. Y sus acciones muestran a un hombre que aumenta su fortuna sobre los escombros de la dignidad zacatecana.
México, Sonora y especialmente Zacatecas, no olvidarán. Porque cuando el oro pierde su brillo, solo queda el barro de la memoria y la sed de justicia de los pueblos agraviados por quien dirige un imperio en decadencia.










