Recientemente, el senador Luis Donaldo Colosio Riojas ( @colosioriojas ) señaló que su padre siempre tuvo la intención de ser gobernador de Sonora, versión que también ha sido confirmada por Manlio Fabio Beltrones ( @MFBeltrones ).
De acuerdo con la anécdota que relató Beltrones para periodistas de Fuerza Sur de Sonora, ambos habrían acordado que Colosio Murrieta sería primero gobernador y posteriormente Beltrones Rivera ; sin embargo, por decisiones internas, el entonces presidente de la República, Carlos Salinas de Gortari, habría definido que en la elección de 1991 el candidato a la gubernatura sería Manlio Fabio, argumentando que “Luis Donaldo estaba preparado para cosas mayores”, por lo que en ese momento se mantendría al frente del PRI nacional.
Finalmente, Beltrones Rivera obtuvo la gubernatura en aquella elección y, tres años después, Luis Donaldo Colosio fue designado candidato a la Presidencia de la República. ¡Interesante información que pocos sabían! .
Este pasaje enriquecería enormemente una biografía política de Beltrones , porque aporta una dimensión histórica poco conocida: la relación política y personal entre Luis Donaldo Colosio Murrieta y Manlio Fabio Beltrones Rivera, dos figuras centrales de la generación política sonorense que marcó la transición del México de finales del siglo XX.
La Historia que Pudo Cambiar Sonora y México . Toda gran entrevista tiene momentos inesperados. Pero algunas veces, en medio de una conversación sobre los problemas del presente, aparece una ventana hacia los grandes secretos de la historia política.
Eso ocurrió cuando surgió el nombre de Luis Donaldo Colosio. No el candidato presidencial convertido en símbolo nacional tras la tragedia de 1994. No la figura mítica que quedó grabada en la memoria colectiva de México. Sino el político sonorense. El hombre que soñaba con gobernar su tierra.
Según el relato de Manlio , ambos políticos habían construido una relación de confianza y entendimiento. No eran adversarios. Eran parte de una misma generación. Una generación formada en las estructuras del PRI cuando éste dominaba la vida pública nacional. Y, de acuerdo con la versión narrada por Beltrones, existía incluso una especie de acuerdo político entre ambos. Luis Donaldo Colosio sería primero gobernador de Sonora. Posteriormente vendría el turno de Manlio Fabio Beltrones.
La sucesión parecía lógica. Natural. Ordenada. Sin embargo, la política mexicana rara vez sigue caminos previsibles. La última palabra no estaba en Hermosillo. Estaba en Los Pinos.
Y fue el entonces presidente de la República, Carlos Salinas de Gortari, quien habría modificado el rumbo de la historia.
Según la versión compartida por Beltrones, Salinas de Gortari tomó una decisión estratégica. Consideró que Luis Donaldo Colosio estaba destinado a responsabilidades mayores. Que su horizonte político no debía limitarse a Sonora. Que su papel estaba en el escenario nacional. Por ello permanecería al frente del PRI nacional. La gubernatura de Sonora quedaría en manos de Beltrones.
Visto desde la distancia del tiempo, aquella decisión parece una escena escrita por la propia historia. En 1991, Beltrones ganó la gubernatura sonorense. Tres años después, Colosio fue postulado como candidato presidencial del PRI.
La ruta diseñada desde el centro del poder parecía conducir directamente a la Presidencia de la República. Pero el destino tenía otros planes. El 23 de marzo de 1994, en Tijuana, la historia política de México cambió para siempre. Colosio cayó asesinado. Y con él desapareció una de las figuras que representaban la posibilidad de una renovación política dentro del sistema.
Por eso esta anécdota tiene un valor especial. No se trata únicamente de una curiosidad histórica. Es una reflexión sobre los caminos alternativos que pudo haber seguido Sonora y que pudo haber seguido México.
¿Qué habría ocurrido si Colosio hubiera sido gobernador de Sonora en 1991? ¿Habría llegado igualmente a la candidatura presidencial? ¿Habría cambiado el curso de los acontecimientos? ¿Habría sido distinto el futuro político del país? .
Nadie puede responder esas preguntas. Pero la sola posibilidad convierte la historia en una de esas fascinantes bifurcaciones que abundan en la política.
Lo que sí revela esta anécdota es la cercanía política que existió entre dos de los sonorenses más influyentes de las últimas décadas. Dos hombres que compartieron generación, proyecto político y una visión común sobre el papel de Sonora dentro de la vida nacional. Uno llegó a gobernar el estado. El otro estuvo a las puertas de la Presidencia.
Y durante muchos años, la historia oficial dejó en segundo plano que ambos habían imaginado un camino político distinto. Quizá por eso el relato posee tanto valor. Porque no habla solamente de candidaturas. Habla de destinos. De decisiones tomadas en los más altos niveles del poder.
Y de esos momentos silenciosos en los que una sola determinación presidencial puede alterar el curso de una entidad federativa y, eventualmente, de toda una nación. En una entrevista cargada de diagnósticos sobre el presente, esta anécdota permitió asomarse al pasado.
Y recordó que, en política, las historias más importantes suelen ser aquellas que nunca llegaron a ocurrir. Este capítulo funciona muy bien como epílogo histórico de la antología, porque conecta a Beltrones con la gran narrativa política de Sonora y México: Colosio, Salinas, la sucesión de 1991 y el destino truncado de 1994. Le da profundidad histórica y eleva la obra de una entrevista coyuntural a una verdadera joya .








